Cuatro años de crisis para los emprendedores.

Cuatro años de crisis para los emprendedores. Jussi Nukari/Lehtikuva/Reuters

Elecciones Generales ¿Estás mejor que hace cuatro años?

Los emprendedores que 'surfearon' la crisis

Se montan, se compran y se venden empresas. En los últimos cuatro años, el ecosistema de startups tecnológicas ha vivido un boom de actividad nunca visto.

12 diciembre, 2015 01:49
Jesús Martínez Rubén J. Lapetra

Noticias relacionadas

Se montan, se compran y se venden empresas. En los últimos cuatro años, el ecosistema de startups tecnológicas ha vivido un boom de actividad nunca visto. Hay inversión de capital riesgo para proyectos españoles y más inversores que nunca dispuestos a apoyarlos. La crisis financiera acabó por congelar a los pocos inversores que todavía estaban financiando a las nuevas empresas de base tecnológica. La cadena de inversores (semilla, venture, expansión…) se quedó con eslabones perdidos y sin músculo para invertir.

Proyectos empresariales ambiciosos y con el mundo como mercado potencial. Y una red inversora privada y pública potente que los respalde. Son dos de las palancas de crecimiento para un ecosistema emprendedor. La llegada en 2013 de Fondico, el fondo de capital riesgo público con 1.200 millones de euros que invierte en fondos privados, fue determinante para que la rueda del sector volviese a girar, a financiar, invertir y desinvertir. Son emprendedores renacidos en la crisis que han logrado crear compañías destacadas en mitad de la tormenta y que han podido entrar en el radar de los inversores.

De Barcelona al mundo

En este tiempo, dos proyectos han concentrado mucha atención: Wallapop y Scytl. Los dos son de Barcelona, pero tienen trayectorias muy diferentes. Uno ha nacido con la crisis económica y el otro ha utilizado este periodo precisamente para pisar el acelerador. Y ambos se acercan, tras un gran apoyo de los fondos de capital riesgo, a la posibilidad de convertirse en un "unicornio", es decir una empresa tecnológica valorada en más de 1.000 millones de dólares.

El caso de Wallapop es paradigmático. La aplicación de clasificados ha atraído en dos años a algunas de las firmas de capital riesgo más relevantes del mundo (Accel Partners, Fidelity…) con el objetivo de crecer en España, pero sobre todo de conquistar el mercado norteamericano. También porque lo ha hecho con un modelo de anuncios clasificados para compraventa de productos de segunda mano en móvil en el que no generan ingresos.

“No responde a un criterio frívolo, sino que es un tema de tiempos, de cuándo es el momento adecuado para poner el foco de la compañía en la rentabilización; ahora estamos enfocados en hacer un producto realmente útil y al crecimiento”, explica uno de sus cofundadores, Gerard Olivé.

El otro es Scytl. Hasta 2011 era una tecnológica cuyo negocio se basaba en un sólo producto: una solución para el voto por internet. En estos cuatro años ha llevado a cabo un proceso de diversificación con el que ha multiplicado su portfolio. Lo ha hecho con desarrollos propios y con siete adquisiciones (tres de ellas en Estados Unidos y dos en Europa). La inyección de algo más de 100 millones de dólares en 2014, liderada por el fondo del cofundador de Microsoft, Paul Allen, fue decisiva.

Un año después, en la recta final de esta legislatura, consiguió un hito entre las empresas tecnológicas españolas. Fue la primera empresa adjudicataria que cubrirá las elecciones generales después de casi 40 años de control de Indra.

“La crisis ha sido una oportunidad, pues ha obligado a los gobiernos a ser más eficientes en sus procesos electorales; se han visto forzados a entender la tecnología como un aliado”, explica el consejero delegado de Scytl, Pere Vallés, quien espera que a lo largo de 2017 puedan aterrizar en la bolsa norteamericana con una valoración de 1.000 millones de dólares.

Otros proyectos internacionales

Pero estos no son los únicos proyectos que han despuntado de manera significativa en estos cuatro años. Typeform arrancó en 2012. Un pequeño equipo, liderado por Robert Muñoz y David Okuniev, se lanzaba a desarrollar una herramienta para encuestas online. Tres años después, cuenta con una plantilla de más de 60 personas y entre sus clientes están medios como BBC, New York Times o Financial Times, tecnológicas como Facebook, Twitter o Airbnb u otras como Nike o Red Bull.

“Lo hemos hecho sin una estrategia de ventas concreta, han ido llegando”, recuerda Muñoz. Ahora, su objetivo es dar el salto a Estados Unidos después de haber recibido 15 millones de dólares (13,6 millones de euros al cambio) aportados, principalmente, por fondos internacionales.

Otra compañía que nació en estos cuatro años y que ahora se enfrenta a un periodo de expansión es Packlink. Nacida a principios de 2012, la empresa ha logrado el respaldo de dos de los grandes fondos de inversión americanos. La plataforma para comparar y contratar servicios de logística hoy desarrolla todas las herramientas de envíos para el gigante del comercio electrónico eBay en España, Italia y Francia.

Al ataque contra la banca

Los últimos cuatro años han estado marcados por una decisión que tuvo lugar en junio de 2012. El Gobierno de Mariano Rajoy solicitaba a la Unión Europea un rescate de hasta 100.000 millones de euros para sanear a las entidades financieras tras la explosión de la burbuja inmobiliaria y el estallido de la crisis económica.

En paralelo, en este mismo periodo, el sector financiero ha sido desafiado por multitud de proyectos emprendedores. Iniciativas que trataban de pescar en un mercado hasta ahora copado por titanes. Ha surgido un segmento hasta ahora desconocido: fintech, que vincula a tecnología con finanzas. Uno de los casos más paradigmáticos surgidos en España es Kantox, la startup que ha desarrollado una plataforma de intercambio de divisas para pequeñas empresas.

Se han aprovechado de la necesidad de alternativas entre las pequeñas y medianas empresas con las que evitar una parte de las importantes comisiones cobradas por esas mismas entidades financieras. En tres años, desde su lanzamiento, han gestionado más de 2.000 millones de euros en transferencias (la mitad en el último año). Y tras estos tres años de crecimiento, quieren más. “La economía arranca, las empresas están más saneadas y exportan más y ahora es el momento de crecer”, explica su consejero delegado, Philippe Gelis.

La Bolsa, también para emprendedores

En este tiempo, un pequeño jugador que ataca a un segmento controlado por grandes tecnológicas también ha demostrado que se puede seguir el itinerario tradicional de una startup apoyada por el capital riesgo. Gigas, dedicada a la construcción de infraestructuras en la nube para pequeñas empresas, aterrizó el pasado mes de noviembre en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB). Un mercado que, por otra parte, fue muy castigado por el escándalo de Gowex.

Su historia recorre todos los hitos de grandes tecnológicas de Silicon Valley: primero convenciendo a inversores de capital riesgo destacados como Cabiedes & Partners y Bonsai Ventures, para, posteriormente, acudir a los inversores minoristas del mercado. Su objetivo: “Estaremos enfocados en crecer, también con adquisiciones tanto en España como en Latinoamérica”.

A la sombra de este caso hay otro que sacudió los cimientos de esta "bolsa de pymes". En julio de 2014, estalló la estafa de la tecnológica Gowex. Tras conocerse que la compañía no valía casi nada y la práctica totalidad de su facturación (183 millones de euros en 2013) era falsa, cundió la desconfianza.

Generación millennials

De la mano a la crisis, en estos cuatro años, ha nacido una nueva generación de emprendedores menores de 35 años, que ha sido especialmente visible y activa desde 2011. Es la generación de los millennials, que tienen un enfoque de negocio diferente con respecto a sus ambiciones, resultados y estilo de liderazgo. Según un informe de BNP Paribas Wealth Management, ocho de cada diez de estos emprendedores vienen de familias con tradición empresarial, que han visto nacer proyectos desde casa.

El estudio señala que estos emprendedores de media lanzan 7,7 empresas, frente a las 3,5 empresas de los baby-boomers (de 50 años o más), "aunque los sectores en los que están actuando e invirtiendo no divergen mucho de los de las generaciones anteriores". Entre los motivos detrás de esta gran diferencia se encuentra la crisis del empleo y la falta de salidas laborales, lo que ha llevado a muchos jóvenes a crear sus propias empresas.

Respecto a la financiación, el capital usado para emprender proviene de los ahorros personales (43%), de préstamos bancarios (21%) y de préstamos personales de familia y amigos (17%). La crisis financiera en España pasó factura a los emprendedores españoles, que fueron los que mayor porcentaje de su patrimonio destinaron a crear sus empresas (32,2%) 

Vuelven las grandes ventas

Junto a las salidas a bolsa, este tiempo ha servido para que las millonarias ventas de tecnológicas españolas se hayan repetido tras años de sequía. El sector de los clasificados ha sido el protagonista, con las compras de empresas líderes online como la plataforma generalista Milanuncios (adquirida por la noruega Schibsted), Trovit (metabuscador inmobiliario comprado por la japonesa Next Co) y Bodas.net (absorbida por la estadounidense Wedding Wire). Tres operaciones han llegado a cifras de 100, 80 y 50 millones de euros, respectivamente.

A estas destacadas operaciones se suma otra millonaria venta: la de la plataforma para  entrega de comida a domicilio La Nevera Roja al conglomerado alemán Rocket Internet por 80 millones de euros o la compra de Idealista por el fondo de capital riesgo Apax Partners, una operación en la que coparticipa el equipo directivo y fundador de la empresa, que marca un nuevo punto de referencia para las puntocom españolas. Su importe se sitúa en "varias decenas de millones".

Más inversión (pública) que nunca

Todo esto ha sucedido en un entorno en el que la inversión en proyectos emprendedores españoles ha superado el bache de la crisis. En 2011, según Webcapitalriesgo, el volumen de inversión suscrito para startups en España alcanzó los 376 millones de euros. Este 2015, se espera que supere la barrera de los 500 millones –un particular récord para el ecosistema nacional-.

Evolución de la inversión del capital riesgo.

Evolución de la inversión del capital riesgo. El Español

En esta aceleración, el papel de los inversores extranjeros ha sido decisivo. España y sus compañías se han colocado en estos últimos cuatro años en el radar de muchos fondos foráneos que han visto en ellas una oportunidad. Las principales operaciones en compañías como la aplicación de clasificados Wallapop, el estudio de UX Userzoom, la plataforma de empleo Jobandtalent, las fiestas de Fever, los mapas de CartoDB o los pagos online de Peertransfer han tenido su respaldo.

“2014 fue el año de inflexión: tanto en volumen de inversión, fondos captados y desinversión”, explica Javier Ulecia, presidente de la Asociación de Capital Riesgo (Ascri) y fundador del fondo Bullnet. Para él, existen “mejores proyectos que nunca, porque hay más casos de éxito y hay más dinero porque hay más demanda”.

Hay otras voces más críticas. Como la de Luis Martín Cabiedes, cuyo fondo Cabiedes & Partners ha sido protagonista de algunas de las grandes ventas de compañías de internet en España. “No participo de la euforia general, ha sido un periodo de claroscuros”, dice. Para él, es bueno que se haya desarrollado el ecosistema emprendedor, con más proyectos y más inversores. Pero cree que se ha llegado a la sobreabundancia. “Nunca antes ha habido tantos proyectos malos y buenos y nunca tantos inversores, malos y buenos”, explica. Él está convencido de que habrá más corrección y sólo sobrevivirán “los buenos”.

Para cerrar el círculo en el capítulo inversor, en los dos últimos años ha tenido lugar una iniciativa pública sin precedentes. Se trata del Fondico, un fondo que invierte en otros fondos impulsado por el Instituto de Crédito Oficial (ICO). Con él se han inyectado en vehículos de inversión de capital riesgo casi 900 millones de euros. “Ha sido determinante para que la industria nacional hayan podido lograr vehículos de inversión que estaban en suspenso… Hay un antes y un después”, dice Ulecia.