Collage donde se observa a una pareja realizando tareas del hogar y a la psicóloga Ana. Ángel Esteban.

Collage donde se observa a una pareja realizando tareas del hogar y a la psicóloga Ana. Ángel Esteban.

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La psicóloga Ana Ángel Esteban alerta del riesgo emocional de las parejas 50/50: "El amor no funciona como un contrato"

La experta asegura que medir constantemente lo que aporta cada miembro de la pareja puede terminar dañando el vínculo emocional

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La psicóloga y sexóloga toledana Ana M. Ángel Esteban vuelve con una nueva entrega de su consultorio en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, un espacio en el que trata cuestiones relacionadas con la mente, las emociones y las relaciones de pareja. En esta ocasión, la experta aborda la creciente cultura del 50/50 en las relaciones sentimentales, un modelo basado en repartir de forma exacta gastos, tareas y responsabilidades dentro de la convivencia.

"Dividir la cuenta, acordar quién friega y quién barre o establecer turnos para las tareas domésticas se presenta como la forma más justa y moderna de relacionarse. Pero cuando la contabilidad sustituye a la generosidad, algo muy sutil empieza a romperse en la pareja", advierte.

La psicóloga considera que el problema no está en la organización práctica de la convivencia, sino en trasladar esa lógica matemática también al plano emocional.

"El amor auténtico no funciona desde la reciprocidad inmediata. Hoy da más uno y mañana da más el otro. Cuando empezamos a revisar constantemente si ‘lo que yo pongo’ equivale a ‘lo que tú pones’, aparece una desconfianza de fondo que termina afectando al vínculo", explica.

1. ¿Por qué el modelo 50/50 puede terminar afectando emocionalmente a una pareja?

Porque el problema empieza cuando dejamos de actuar desde el cuidado y empezamos a hacerlo desde la obligación o la comparación constante. Una pareja no puede funcionar como una empresa ni como una hoja de cálculo.

En las relaciones sanas existen desequilibrios temporales continuamente. Hay momentos en los que uno sostiene más emocionalmente, económicamente o incluso físicamente al otro. Y eso no se vive como una injusticia porque existe confianza en que, cuando haga falta, el otro también estará ahí.

Cuando aparece la necesidad de medir constantemente si todo está compensado, el amor pierde espontaneidad y se introduce una tensión emocional muy silenciosa.

2. ¿Dónde se nota más este desgaste emocional en el día a día?

Se nota muchísimo en la sensación de frialdad emocional que muchas parejas describen sin saber muy bien qué les pasa. Hay personas que llegan a consulta diciendo: "Todo funciona, pero siento que falta algo". Y normalmente ese "algo" tiene que ver con la espontaneidad, con sentir que el otro hace cosas porque le nace y no porque "le toca".

También se nota en la dificultad para relajarse emocionalmente dentro de la relación. Todo está tan organizado y tan pactado que desaparece parte de la vulnerabilidad natural que necesita la intimidad. Y al final la pareja empieza a parecerse más a dos compañeros de piso muy eficientes que a dos personas conectadas emocionalmente

3. ¿Entonces el problema no es repartir tareas o gastos?

No, en absoluto. De hecho, organizar la convivencia y repartir responsabilidades es algo sano y necesario, especialmente después de décadas donde muchas mujeres asumían prácticamente toda la carga doméstica y emocional. El problema aparece cuando esa lógica invade también el afecto.

Una cosa es acordar responsabilidades para que la convivencia funcione y otra muy distinta convertir el amor en una especie de intercambio permanente donde todo tiene que ser compensado inmediatamente.

Las relaciones más sanas no son las que tienen todo perfectamente dividido, sino las que funcionan desde la sensación de apoyo mutuo y cuidado genuino.

4. ¿Qué consecuencias psicológicas puede tener este modelo llevado al extremo?

Veo muchas parejas perfectamente organizadas, pero emocionalmente desconectadas. El 50/50 estricto favorece una autosuficiencia excesiva dentro de la propia relación. Y aunque socialmente se vende como algo muy positivo, la intimidad necesita precisamente lo contrario: necesitar al otro, apoyarse y sentirse sostenido en determinados momentos.

La pareja deja de sentirse como un espacio seguro donde uno puede descansar emocionalmente. Además, aparece mucho agotamiento emocional porque todo se vive desde la vigilancia constante de si uno está dando más o menos que el otro.

5. ¿Existe una forma de construir equidad sin perder romanticismo?

Sí, y la clave está en desde dónde hacemos las cosas. No es lo mismo preparar un café porque quieres cuidar al otro que hacerlo porque hoy "te toca" según el reparto.

Los pequeños gestos espontáneos son los que sostienen emocionalmente una relación: un abrazo inesperado, acompañar al otro en un mal día aunque tú también estés cansado o tener detalles que no responden a ningún acuerdo previo.

La equidad es importante, pero el amor no puede convertirse en una transacción constante. "El problema no es repartir tareas, sino empezar a medir el amor como si fuera un contrato. Las parejas que mejor funcionan no son las que llevan las cuentas perfectas, sino las que sienten que el otro está ahí aunque ese día no salgan los números", concluye la experta.

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