Composición fotográfica compuesta por dos personas abrazándose y por la psicóloga Ana M. Ángel Esteban.

Composición fotográfica compuesta por dos personas abrazándose y por la psicóloga Ana M. Ángel Esteban.

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Ana M. Ángel Esteban, psicóloga: "El cerebro sabe que un abrazo, un beso o una caricia te pueden cambiar el día"

La experta explica lo que ocurre cuando generamos contacto físico. No es romanticismo. Es bioquímica.

Más información: Las claves de la psicóloga Ana M. Ángel Esteban para distinguir la necesidad de sentirse querido de la seguridad real

Julia Toledano
Publicada

Un abrazo puede detener el caos mental. Una caricia puede disminuir la ansiedad. Un beso puede aportar calma en medio del ruido emocional.

En esta nueva entrega de su consultorio en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, la psicóloga y sexóloga toledana Ana M. Ángel Esteban analiza por qué estos gestos cotidianos no son solo muestras de afecto, sino auténticos reguladores emocionales con un potente efecto en nuestro cerebro.

La experta explica qué ocurre en nuestro cerebro cuando alguien nos abraza, nos acaricia o nos besa. No es romanticismo. Es bioquímica.

¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando nos damos un abrazo?

Cuando alguien nos abraza de forma sincera, el cerebro lo interpreta como una señal de seguridad.

Se libera oxitocina, conocida como la hormona del vínculo, que favorece la confianza y la sensación de conexión. Al mismo tiempo, disminuye la activación de la amígdala, estructura relacionada con el miedo y la alerta, y por tanto con la desconfianza y la ansiedad.

Por eso un abrazo auténtico puede reducir la ansiedad casi de inmediato. Eso sí, conviene que dure al menos 20 segundos. Desciende la frecuencia cardíaca, disminuye el cortisol (la hormona del estrés) y se activan circuitos de bienestar real.

Durante unos segundos, el cuerpo entiende que está a salvo, protegido, apoyado, querido.

¿Por qué las caricias son calmantes?

La piel tiene receptores especializados que responden de forma muy selectiva al tacto lento y suave.

Estas señales no solo llegan a la corteza sensorial, sino también a áreas emocionales del cerebro como la ínsula, una estructura pequeña pero esencial para el bienestar psicológico.

En términos prácticos, no solo sentimos la caricia: sentimos el cuidado. Se activa una experiencia profunda de cercanía emocional.

Las caricias regulan el sistema nervioso y favorecen la relajación. Son un lenguaje no verbal que comunica protección, validación y presencia. Y, según la zona y el contexto, también pueden activar la excitación.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro durante un beso?

El beso, cuando es sincero y sin prisa, activa el sistema límbico, el centro emocional del cerebro.

Durante un beso sentido se liberan dopamina (relacionada con el placer), oxitocina (vinculada al apego) y endorfinas, que generan bienestar.

Estas sustancias son decisivas en los vínculos emocionales y sexuales.

El beso tiene además un valor simbólico profundo: refuerza relaciones, consolida vínculos y transmite intimidad. Combina emoción, memoria y deseo. Y esa conexión se fortalece a medida que los besos se alargan y se repiten.

¿Qué pasa cuando el contacto físico no es habitual?

La falta prolongada de contacto afectivo eleva los niveles de estrés y puede generar sentimientos de soledad.

Somos seres sociales. El cerebro está diseñado para la conexión. Necesitamos abrazos. Las caricias y los besos forman parte de un plano más íntimo, pero el contacto afectivo básico es una necesidad emocional primaria.

En consulta, observo con frecuencia cómo las carencias tempranas de afecto dejan huella en la autoestima y en la forma de relacionarnos en la edad adulta. El cuerpo también registra lo que no recibió.

La ausencia de contacto no siempre se expresa de manera verbal o conductual, pero se siente. Esa necesidad forma parte de nuestro ADN emocional y se percibe cuando falta el afecto.

¿Entonces abrazar es terapéutico?

Sí, siempre que sea un contacto seguro, sincero y consentido.

El abrazo facilita la regulación emocional: la capacidad de calmarnos a través del otro. No es dependencia. Es una realidad biológica. Ayuda a sincronizar ritmos fisiológicos y fortalece el vínculo.

No sustituye a una terapia psicológica, pero puede convertirse en un gesto profundamente reparador. A veces, abrazar a alguien es la forma más eficaz, sin palabras, de decirle que no está solo.

Ana M. Ángel Esteban recuerda que "el contacto físico, aunque no siempre seamos conscientes de ello, es esencial en nuestra vida". "Es una herramienta biológica y emocional de conexión", recuerda.

La psicóloga insiste en que "abrazar, acariciar y besar son actos sencillos que regulan, vinculan y humanizan", por lo que tienen la capacidad de "transformar el estado emocional de quien los recibe".