Ocaña II. Foto: Google Maps.

Ocaña II. Foto: Google Maps.

Sucesos

Un funcionario de prisiones salva la vida a un recluso de Ocaña II atrapado en una celda ardiendo: "Decidí en segundos"

El suceso reabre las denuncias por la insuficiencia de medios, personal y formación en los centros penitenciarios ante incidentes extremos.

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"No sabes si entrar o no. Piensas que si das un paso más puedes quedarte allí dentro, pero una vida está en juego". Así describe a este medio el principal funcionario penitenciario que intervino este martes en la prisión de Ocaña II el momento en el que decidió acceder a una celda en llamas del módulo de aislamiento de la prisión de Ocaña II para rescatar a un interno atrapado entre humo, fuego y colchones ardiendo.

El incendio, originado durante la hora de patio después de que el preso prendiera fuego a ropa, mantas y sábanas dentro de la habitación, obligó a intervenir de urgencia a los funcionarios del centro y ha vuelto a poner el foco sobre las denuncias de los trabajadores penitenciarios: falta de personal, escasez de medios de protección y ausencia de formación específica para afrontar situaciones extremas dentro de las cárceles españolas.

Todo comenzó cuando sonó la alarma de incendios en la celda del módulo de aislamiento de este centro penitenciario toledano. El funcionario y otro compañero se encontraban vigilando la galería cuando recibieron el aviso del jefe de servicios. "Al principio piensas que puede ser algo pequeño, una falsa alarma o un conato controlable, pero cuando corrí por el pasillo y vi el humo salir de la celda entendí que aquello era grave", recuerda.

El funcionario regresó rápidamente a la garita para coger una mascarilla antiincendios y un extintor. "No tenemos prácticamente medios y muchos están mal ubicados. En una situación así pierdes segundos muy valiosos buscando material", lamenta.

Minutos decisivos

Mientras se dirigía hacia la celda, otro interno comenzó a gritar alertando del fuego. "Funcionario, fuego", repetía desde una habitación cercana. Al abrir la puerta, la situación empeoró en cuestión de segundos.

El oxígeno que entró en la estancia avivó las llamas hasta hacerlas alcanzar el techo. "Recuerdo perfectamente el calor y cómo el humo me golpeó de frente. Dentro apenas se veía nada", relata el trabajador de dicha cárcel.

Con la celda prácticamente envuelta en humo y fuego, el funcionario tomó una decisión instintiva. Saltó por encima de la cama ardiendo, agarró al interno del brazo y tiró de él hacia la salida mientras intentaba orientarse entre la escasa visibilidad de la galería.

"Hubo un momento en que pensé que nos quedábamos los dos allí dentro", admite. "Pegué varias bocanadas de humo y se me nubló todo, pero ya no podía parar".

Después de poner al preso a salvo en el patio de ingresos, regresó de nuevo a la celda para sofocar el incendio. Llegó a vaciar tres extintores antes de conseguir controlar las llamas. Poco después comenzaron a incorporarse más funcionarios y responsables del centro, que evacuaron al resto de internos y ventilaron el módulo.

Sin embargo, cuando la tensión terminó, llegó el golpe emocional. "En caliente reaccionas, pero cuando todo acaba te vienes abajo", reconoce el trabajador. "Me desplomé después. Ahí piensas que has puesto en peligro tu vida y que podría haber terminado en tragedia".

"Hacemos de bomberos sin formación"

El incidente ha vuelto a poner sobre la mesa las denuncias de los sindicatos penitenciarios sobre la falta de medios y personal en las cárceles españolas. "Nosotros no tenemos formación específica para esto", denuncia este funcionario que pertenece al sindicato Tu abandono me puede matar (TAMPM).

"Cuando entré a este puesto de trabajo hace cuatro años me dieron una formación básica sobre incendios, pero no hemos vuelto a recibir un reciclaje sobre ciertas situaciones. Ni simulacros, ni cursos, ni nada".

Según explica, muchos funcionarios desconocían incluso dónde estaban las mascarillas de gas cuando comenzó el incendio. "Las mascarillas están contadas. Llegaron compañeros y no sabíamos dónde estaban algunas. Si un funcionario intenta ayudar y no tiene medios, al final cae él también".

La situación, aseguran desde los sindicatos, es especialmente preocupante en centros antiguos como Ocaña II. El delegado de CSIF en Ocaña II, Raúl Lirio, explica a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha coincide con el sindicato TAMPM en que las instalaciones no están preparadas para albergar internos especialmente conflictivos.

"Es una cárcel antigua, con una estructura muy diferente a las prisiones modernas. El módulo de aislamiento es muy pequeño y no reúne las condiciones de seguridad adecuadas para internos violentos o con incidentes regimentales graves", sostiene el representante sindical.

CSIF reclama una clasificación más eficaz de los presos y traslados más ágiles para evitar que internos conflictivos permanezcan en centros que no cuentan con recursos suficientes para gestionarlos. "Cuando ocurre una pelea o una agresión, todos los trabajadores de módulos cercanos tienen que abandonar sus puestos para acudir a ayudar, dejando desprotegidas otras zonas".

Ambos sindicatos aseguran que el envejecimiento de las plantillas y la falta de reposición agravan todavía más el problema. A ello se suma la denominada "segunda actividad", un sistema que permite a funcionarios veteranos abandonar puestos de primera línea para ocupar funciones administrativas o menos expuestas.

"Eso libera a trabajadores de módulos conflictivos, pero no se cubren esas plazas. Cada vez somos menos para más internos", denuncia Lirio. Actualmente, según las cifras manejadas por los propios trabajadores, Ocaña II alberga entre 400 y 500 presos.

Agresiones "gratis"

El debate sobre la seguridad de los funcionarios de prisiones también ha vuelto al foco tras otro incidente ocurrido recientemente en Ocaña I, donde varios trabajadores tuvieron que intervenir con un interno alterado en el módulo de enfermería. Los funcionarios sostienen que afrontan situaciones violentas sin medios coercitivos suficientes y sin protección legal comparable a otros empleados públicos.

"No somos agentes de la autoridad", recuerdan desde CSIF. "Si alguien agrede a un sanitario o a un docente puede enfrentarse a un delito de atentado contra la autoridad. Pero si agreden a un funcionario de prisiones, muchas veces se queda en una multa o una sanción interna".

Según explican ambas fuentes, esta situación provoca que muchos internos perciban que agredir a un trabajador penitenciario apenas tiene consecuencias. "Ellos saben que les sale gratis", lamenta el funcionario que intervino en el incendio. "La sanción suele ser aislamiento, pero siguen comiendo, durmiendo y haciendo vida normal. No tienen nada que perder".

Asegura además que los funcionarios se enfrentan a situaciones extremas "con su propio cuerpo" y sin apenas herramientas defensivas. "No tenemos medios. Vas a separar una pelea tú solo. Si un interno quiere hacer daño, lo hace".

La organización sindical de CSIF y TAMPM lleva reclamando el reconocimiento de los funcionarios de prisiones como agentes de la autoridad, además de más medios materiales, formación continua y refuerzo de plantillas. Aunque el Congreso ha aprobado reconocer como agentes de la autoridad a los funcionarios de prisiones, desde el sindicato aún están esperando porque no confían mucho en la decisión.

Entre las reivindicaciones también figura la recuperación de determinados dispositivos de seguridad y más formación en reducción de internos violentos o actuación ante incendios y emergencias.

Desgaste psicológico invisible

Más allá de las lesiones físicas, los trabajadores penitenciarios alertan del desgaste psicológico que supone trabajar diariamente bajo tensión. "Normalizamos situaciones que no lo son", reconoce el funcionario implicado. "Que te saquen un pincho, que tengas que reducir a alguien muy agresivo o que entres en una celda en llamas no debería formar parte de la rutina de nadie".

Muchos trabajadores optan por no contar en casa lo que viven dentro de prisión para evitar preocupar a sus familias. "Yo no puedo llamar a mis padres y decirles que me he metido en una celda ardiendo", explica. "Te lo llevas a casa aunque no quieras y esto cambia tu carácter".

Desde CSIF aseguran que algunos funcionarios terminan abandonando puestos de vigilancia interior por estrés o ansiedad acumulada. "Hay compañeros que van con miedo al trabajo", afirma Lirio. "No saber qué te puede pasar ese día genera muchísimo desgaste".

"No somos los malos"

Pese al clima de tensión y las reivindicaciones, el funcionario que salvó al interno del incendio insiste en lanzar un mensaje claro sobre la imagen pública de los trabajadores penitenciarios. "Muchas veces parece que los funcionarios de prisiones somos los malos", lamenta. "Pero ayer le salvamos la vida a una persona".

Horas después del incendio, todavía afectado por lo ocurrido, volvió a incorporarse a su puesto. "Mañana tocará otra vez", dice resignado. "Nosotros hacemos de tripas corazón y seguimos. Solo esperamos que el siguiente día sea un poco más tranquilo que el anterior".