Ana Rosa (izq) y Maribel (dcha) en en salón de su piso compartido.

Ana Rosa (izq) y Maribel (dcha) en en salón de su piso compartido. Cedida

Sociedad

Maribel y Ana Rosa, obligadas a compartir piso a los 70 años: "Es imposible encontrar algo que mi pensión me permita pagar"

Gracias al proyecto 'Hogares con Vida' de INCISO han conseguido acceder a una vivienda en pleno centro de Ciudad Real.

Más información: Alfredo y José, los jubilados que comparten piso porque no pueden pagar el alquiler: "Me quedaba lo justo para comer"

Publicada

A sus 70 y 79 años, estas dos mujeres jamás imaginaron que terminarían compartiendo techo. Sin embargo, el no poder permitirse un alquiler en solitario les ha abocado a una convivencia que se ha convertido en su mejor antídoto contra la soledad no deseada.

Desde hace dos meses, Maribel y Ana Rosa residen en un piso en pleno centro de Ciudad Real capital junto a dos compañeras más gracias a 'Hogares con Vida'. Este proyecto de la Asociación INCISO Integración, pionero en Castilla-La Mancha, garantiza un hogar digno y estable a jubilados que no pueden acceder a una vivienda en solitario con su pensión.

Su caso no es una excepción: los últimos datos de Fotocasa Research reflejan que el 12% de las personas que comparten piso en España tiene entre 55 y 75 años. Una cifra que se ha cuadruplicado en cuatro años cuando tan solo representaba el 3%.

Ana Rosa y Maribel en la vivienda que comparten en Ciudad Real.

Ana Rosa y Maribel en la vivienda que comparten en Ciudad Real. Cedida

Expulsadas del mercado

Maribel, nacida en Ciudad Real, se jubiló de forma anticipada a los 63 años tras haber cotizado desde que era adolescente. "Por circunstancias, estoy sola, no tengo familia. Entonces vivía en un piso de alquiler, pero me tuve que marchar porque el dueño necesitaba la casa para un hijo suyo", relata a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.

Maribel en la cocina del piso compartido en Ciudad Real.

Maribel en la cocina del piso compartido en Ciudad Real. Cedida

Durante tres años vivió pegada al móvil esperando una opción asequible en portales inmobiliarios como Idealista o Fotocasa. "Me vi en el pozo. Es imposible encontrar algo que mi pensión me permita pagar. Los pisos están de 500 euros para arriba y los anuncios vuelan", relata.

La situación de Ana Rosa era muy similar. Esta hispano-cubana de 79 años se mudó a Ciudad Real hace cinco años y sus ingresos, también muy ajustados, la impedían soñar con un hogar individual. Después de varias consultas con los servicios sociales, un desconocido le facilitó el teléfono y la dirección de INCISO.

Ana Rosa se mudó a Ciudad Real con 74 años.

Ana Rosa se mudó a Ciudad Real con 74 años. Cedida

"Fue un ángel para mí. Les expliqué mi situación y rellené un formulario y tuve varias reuniones. A la semana, me llamó Sara (trabajadora social de INCISO) y me dijo: «Estás lista para mudarte». Cuando llegué aquí, me arrodillé y me eché a llorar", confiesa Ana Rosa.

Es paradójico cómo pese a vivir en la provincia con el alquiler más bajo de Castilla-La Mancha y una de las más baratas de España, el coste de la vivienda libre en solitario engulla gran parte de su pensión, dejando un margen financiero casi nulo para la cesta de la compra, suministros y el ocio.

José Miguel Pérez Taboada (director técnico Área social Inciso Integración) y Sara M Zamorano García (Trabajadora social en Hogares con Vida) junto a Ana Rosa y Maribel.

José Miguel Pérez Taboada (director técnico Área social Inciso Integración) y Sara M Zamorano García (Trabajadora social en Hogares con Vida) junto a Ana Rosa y Maribel. Cedida

Modelo housing-led

¿Cómo funciona Hogares con Vida? Alberto Molina, educador social y técnico de INCISO Integración, explica para este diario que la iniciativa aplica un modelo housing-led en co-living y que cuenta con la financiación de la Fundación La Caixa y el apoyo de la Junta de Comunidades.

"Los usuarios ponen entre un 20 y un 30% de sus pensiones para el alquiler, el resto parte de los fondos del proyecto", apunta. Esta fórmula supone un desahogo económico vital para ellas: "Podemos comprar nuestra comida; si no, me dejaba todo el dinero en el alquiler", recalca Maribel.

Ana Rosa junto a Sara M Zamorano García (Trabajadora social en Hogares con Vida).

Ana Rosa junto a Sara M Zamorano García (Trabajadora social en Hogares con Vida). Cedida

"Empezamos con una vivienda para hombres y este año se ha ampliado el dispositivo con dos más: una masculina y otra femenina", destaca Alberto. Junto a Sara María Zamorano, trabajadora social, acompañan a Maribel y Ana Rosa en su día a día, las acompañan a talleres y procuran que hagan vida social en el barrio.

Vivir como universitarios

Maribel, Ana Rosa y las otras dos compañeras organizan su convivencia como si de un piso de estudiantes se tratase. "Ponemos un fondo cuando cobramos y con eso compramos lo que necesitamos en común: detergente, suavizantes y demás", detallan.

Cada una se encarga de la limpieza de su dormitorio, mientras que las zonas comunitarias se acondicionan por turnos rotativos. "Esta semana nos toca a las dos y la semana que viene a las otras compañeras".

Las diferentes directrices médicas personales separan su comida. "Es verdad que a veces nos juntamos las cuatro porque alguna dice: «Hoy voy a hacer una paella»", confiesan. Las actividades sociales también forman parte de su rutina: "Anoche fuimos las cuatro juntas a misa y después dimos un paseo".

La soledad no deseada

Maribel junto a Alfredo (otro jubilado que comparte piso), José Miguel Pérez Taboada (Director técnico Área social Inciso Integración) y Alberto Molina Ortega (Educador Hogares con Vida).

Maribel junto a Alfredo (otro jubilado que comparte piso), José Miguel Pérez Taboada (Director técnico Área social Inciso Integración) y Alberto Molina Ortega (Educador Hogares con Vida). Cedida

Sin darse cuenta, compartir piso a sus 70 y 79 años no solo les ha dado un respiro económico, les ha regalado la tranquilidad de no volver a sentirse solas.

"La soledad a veces es muy dañina. Aquí convivimos como una familia. Si quieres compañía, la tienes; si no, te vas a tu habitación. Sabes que siempre hay alguien que te llama a la puerta y dice: «Maribel, hace mucho rato que no sales, ¿te encuentras bien?» Esto de verdad es impagable", concluye una de ellas.