Dámaso Angulo, participó en Gran Hermano en el año 2010.

Dámaso Angulo, participó en Gran Hermano en el año 2010. Cedida

Sociedad

El orgullo de Dámaso Angulo 16 años después de Gran Hermano: "Tenía miedo de convertirme en el maricón del pueblo"

El joven quería ser cura, pero su paso por el reality más famoso de la televisión le impulsó a liberarse ante toda España.

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"Los que eran gays o lesbianas se tapaban. Haberlos había toda la vida, pero nadie se atrevía a decir nada". Esta frase de Dámaso Angulo, uno de los exconcursantes más singulares de Gran Hermano 12 y natural de La Puebla de Almoradiel (Toledo), resume una realidad que marcó durante décadas la vida de miles de personas homosexuales en la España rural. Él mismo rompió ese silencio en 2010, cuando aprovechó su paso por el reality de Telecinco para revelar públicamente su orientación sexual.

Coincidiendo con la celebración del Día Internacional del Orgullo, su historia permite mirar hacia atrás y entender cómo se vivía la homosexualidad en muchos pueblos españoles: con miedo, con silencio y, en demasiadas ocasiones, con la sensación de que para ser aceptado había que esconder una parte esencial de uno mismo.

En los pueblos pequeños, donde todos se conocen y donde cualquier diferencia se convierte rápidamente en tema de conversación, la presión social podía resultar asfixiante. Dámaso explica a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha que creció en un entorno tradicional, muy ligado a la religión y a una mentalidad conservadora en la que la homosexualidad se veía como algo que debía permanecer oculta. "Siempre te meten en la cabeza que es algo malo", recuerda hoy con la distancia que dan los años.

Antes de poder hablar abiertamente de su identidad, su proceso fue lento, íntimo y lleno de dudas. "Tuve mucha suerte, otras personas no la tienen, pero aparecer en televisión me permitió avanzar y poder salir públicamente del armario para así quitarme un peso de encima", explica el exconcursante que participó en 2010 en el reality Gran Hermano 12.

Una identidad en silencio

Sin embargo, antes de llegar a ese momento, su vida estuvo marcada durante años por la discreción y por el miedo a las posibles consecuencias sociales de hablar abiertamente de su orientación, hasta el punto de que incluso en su entorno más cercano todo se vivía con cautela y con medias verdades.

"Yo a mis padres les dije que era bisexual, que es como que se digiere mejor… pero yo nunca dije a nadie nada", recuerda, dejando claro que durante mucho tiempo su identidad quedó reducida a un ámbito muy íntimo, en un contexto que él mismo describe como especialmente cerrado, procedente de entornos muy conservadores donde la diferencia no siempre tenía espacio ni comprensión y donde, como él mismo resume, "siempre te meten en la cabeza como que es algo malo".

Esa sensación se intensificaba todavía más en el entorno rural, donde todo se sabe y todo se comenta, y donde cualquier diferencia puede convertirse rápidamente en etiqueta. "Te conviertes en el maricón del pueblo", recuerda al hablar de cómo se vivía la homosexualidad en comunidades pequeñas, donde según su relato la norma era el silencio y la ocultación, porque "los que eran gays o lesbianas se tapaban… nadie sabía nada".

Crecer entre etiquetas

En ese contexto, incluso el lenguaje funcionaba como una herramienta de presión social, una forma de marcar límites y comportamientos aceptables sin necesidad de normas escritas, como cuando recuerda expresiones habituales de la época del tipo "ten cuidado con eso que eres el maricón", una frase que no era solo un insulto, sino también una advertencia constante que alimentaba el miedo al rechazo, a la burla o al aislamiento.

Por eso, aunque desde joven era consciente de lo que sentía, tardó mucho tiempo en poder aceptarlo y aún más en poder compartirlo con normalidad, como ocurre con muchos jóvenes de finales de los noventa y principios de los dos mil que crecieron con la idea de que ser diferente podía implicar quedarse fuera y convivieron con el temor de convertirse en "el maricón del pueblo", lo que podía significar aislamiento social.

Con el paso del tiempo, esa realidad en los entornos rurales y pequeños pueblos ha ido cambiando de forma notable. Hoy existe una mayor visibilidad, más espacios de libertad y una aceptación social mucho más amplia que hace décadas. Sin embargo, defiende que ese avance no puede darse por garantizado ni por definitivo, ya que todavía existen actitudes, discursos y comportamientos que recuerdan que los derechos conquistados necesitan seguir defendiéndose.

El cambio en el exconcursante llegó con su marcha a Madrid, una decisión que en principio estaba vinculada a los estudios, ya que como él mismo explica, "yo me vine a estudiar", aunque la vida acabó empujándole a quedarse cuando la crisis económica de 2010 le permitió asentarse en la capital gracias a un alquiler asequible. "Como era la crisis del 2010, tuve la oportunidad de conseguir un piso muy baratito y ya me quedé aquí", relata agradecido.

Angulo durante un paseo por Madrid.

Angulo durante un paseo por Madrid. Cedida

A partir de ese momento, la capital se convirtió en un espacio completamente distinto, donde encontró algo que hasta entonces no había tenido: anonimato, libertad y la posibilidad de empezar de nuevo sin las etiquetas del pasado, hasta el punto de poder afirmar que "aquí he creado un vínculo de amistades… aquí nadie te conoce", y en ese desconocimiento también había una forma de alivio, porque "nunca he tenido ningún problema y he podido tener mucha relación con el colectivo LGTBIQ+", resume.

“La gente cree que si entras en un reality vas a vivir de eso toda la vida, pero está engañada", advierte, insistiendo en que la exposición mediática puede abrir puertas, pero también cerrarlas, "te da muchas oportunidades, y también te quita muchas", hasta el punto de que en su caso llegó a afectar incluso a su vida laboral, cuando recuerda que "me han llamado para una entrevista solamente para conocerme en persona", una experiencia que refleja cómo la imagen pública puede condicionar más allá de la televisión.

La vida después del plató

Por eso defiende la importancia de mantener una vida estable y realista, lejos de expectativas irreales sobre la fama, "tienes que buscar un trabajo normal y corriente", afirma, algo que él mismo ha hecho a lo largo de los años trabajando en el sector del telemarketing, donde ha encontrado estabilidad y rutina, "llevo 10 años en la empresa… estoy muy contento", explica con naturalidad.

A esa estabilidad se suma un episodio vital importante como fue la superación de un cáncer en los últimos años, una experiencia que le obligó a replantearse prioridades y a mirar la vida desde otra perspectiva, más consciente y más centrada en lo esencial, aunque sin convertirlo en el centro de su relato.

En lo personal, su situación tampoco ha cambiado demasiado en este tiempo, ya que "de momento estamos solteros", comenta con naturalidad, mientras que la idea su paternidad junto con una amiga, que planteó en 2024, sigue en pausa porque "de momento ha aparcado la idea". Y, en paralelo, mantiene su vínculo con la televisión a través de nuevos proyectos que aún no han sido emitidos pero que adelanta con ilusión: "me vais a ver en dos programas… uno es reality, otro es programa de concurso".

Su historia, en definitiva, no es solo la de alguien que salió del "armario gay", sino también la de una generación entera que creció en silencio, entre miradas, etiquetas y miedos aprendidos, y que con el tiempo descubrió que "ser uno mismo no siempre era fácil", pero sí posible, incluso cuando durante años pareció que no lo era.