Usman junto a sus ovejas.

Usman junto a sus ovejas. Cedida

Sociedad

Usman dejó Pakistán y ahora vive de 500 ovejas en Cuenca: "Hemos trabajado toda la vida para otros, esto es un sueño"

"Estoy en trámites para ser español. Mi pensamiento es quedarme aquí siempre", afirma este joven pastor de 23 años.

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Cuando se vino a España con apenas 7 años, lo que no se imaginaba Usman es que iba a ser un hilo de esperanza dentro de un oficio en peligro de extinción. "Hice segundo de bachillerato y no lo terminé porque siempre he querido tener mi propio ganado", confiesa.

Con el sonido de los cencerros de fondo y haciendo malabares por no perder la poca cobertura que llega al pequeño pueblo conquense de Garaballa (60 habitantes), este joven pastor de 23 años atiende por teléfono a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. Sin verle el rostro, puedes apreciar en su voz la emoción de haber conseguido un sueño: "En enero compré 300 ovejas y hace un mes compré otras 200".

Usman es el rostro de una estadística demoledora. Un informe de UGT Castilla-La Mancha muestra que la inmigración es el flotador que evita el hundimiento del campo, ya que uno de cada tres empleos lo ocupa un extranjero. En un contexto donde quedan menos de 1.500 pastores en toda Castilla-La Mancha y los montes se cubren de matorrales, historias como esta permiten ver la luz al final del camino.

Usman sosteniendo uno de sus corderos.

Usman sosteniendo uno de sus corderos. Cedida

Para entender cómo alguien de su edad decide apostar por una profesión —primordial para el mantenimiento de los bosques, pero cuyas condiciones precarias repelen más que atraen a la mayoría— hay que analizar su árbol genealógico. "Mi padre siempre se ha dedicado a las ovejas de leche y se vino a España en el 2002. Luego vinimos el resto de la familia en 2010", explica.

Primero se asentaron en la localidad de Landete donde Usman creció y estudió la primaria y bachillerato. Tras la pandemia de la COVID-19, se mudaron definitivamente a Aliaguilla, el pueblo de 594 vecinos que hoy es su hogar. "Vivo con mis tres hermanas, mi hermano y mis padres. Yo soy el más pequeño", apunta.

Rebaño de ovejas de Usman.

Rebaño de ovejas de Usman. Cedida

Pese a su corta experiencia vital, el peso de la explotación ovina lo lleva él. Su progenitor tuvo que apartarse del oficio por motivos de salud. "Estoy yo solo. Mi hermano trabaja en otro sitio y mi padre está enfermo y se va a jubilar", detalla. Lejos de ser un obstáculo, Usman ha conseguido levantar una explotación dedicada a la venta de carne de cordero en la Cuenca profunda.

"Hemos trabajado toda la vida para otros, pero ahora tenemos nuestro rebaño. Esto es un sueño", celebra. Astucia, contactos y un gran esfuerzo financiero han sido los ingredientes de su fórmula de crecimiento. "Había un ganadero en Cañete que quería ampliar su rebaño y yo le compré las ovejas que ya no quería".

Esa adquisición inicial derivó en otra oportunidad, localizó una infraestructura en desuso en el municipio vecino de Garaballa. "La nave era de un hombre que falleció hace 10 o 12 años, y me venía bien porque me quedaba cerca de Aliaguilla". Sin embargo, el puente que conecta ambas localidades se derrumbó en la DANA de 2024 y eso le obliga a dar un rodeo de más de 30 kilómetros todos los días.

Al escuchar su rutina se entiende la situación crítica del sector. Sus jornadas recuerdan a la de aquellos antiguos pastores trashumantes que hacían de las praderas su jardín y que dieron origen a diversos platos de la gastronomía manchega como las migas o el atascaburras.

"Me despierto a las siete de la mañana y llego casi a las diez de la noche". Él no ficha a primera hora ni cuenta las horas para irse de la oficina: "A las ocho y media o nueve las encierro. Luego hago la paja de dentro, miro los corderos y veo si alguno está enfermo".

A este desgaste físico se suma el peso psicológico de la soledad, acentuada por la brecha digital. "Si tienes cobertura, estás un rato con el móvil, aunque cuando hace frío cuesta sacar las manos. Yo suelo entretenerme con los animales, los acaricio y demás", confiesa.

Las bomberas del monte

Más allá de la producción de carne, este joven pakistaní cumple una función ecológica y medioambiental indispensable, sus ovejas actúan como verdaderas "bomberas" del ecosistema. "Alrededor de un convento donde se hacen fiestas religiosas, la gente aparca coches y si no hay ganado, sube la hierba y lo tienen que sulfatar o las propias orillas del pueblo", destaca.

De hecho, el alcalde de Aliaguilla le ha transmitido su agradecimiento, reconociendo que los efectos de su rebaño suponen un gran ahorro para las escasas arcas municipales. Sin embargo, la falta de apoyo institucional efectivo termina por ahogar a los nuevos emprendedores del sector.

Usman critica que el apoyo económico no llegue cuando más se necesita. "Tienes que invertir demasiado al principio. Las ayudas y subvenciones llegan tarde, por un año y medio o dos". El joven pastor tiene claro que si esos incentivos llegaran antes, "muchos lo intentarían".

Detrás de las trabas y las inclemencias del monte, sus raíces en la España vaciada son bastante profundas. "Tengo la nacionalidad pakistaní, pero estoy en trámites para ser español. Mi pensamiento es quedarme aquí siempre", afirma.

Para Usman y su familia, cada oveja de su rebaño de 500 cabezas es el símbolo de años y años de esfuerzo; para la zona, son el farol que ilumina el futuro del pastoreo en la Serranía de Cuenca.