Darío Martín.
Darío, el entrenador que lidera la lucha contra la violencia verbal en el fútbol modesto: "Al teatro no va nadie a insultar"
El técnico del Villarrubia, Darío Martín, ha sido pionero al denunciar públicamente la violencia verbal y pide medidas: "No puede salir gratis".
Más información: Nuevo episodio violento en el fútbol base de Castilla-La Mancha: el padre de un jugador expulsado agrede al árbitro
Darío Martín, entrenador del Villarrubia CF en Ciudad Real, lleva 24 temporadas en los banquillos. Ha visto de todo, pero ha dicho basta. Lo que comenzó como una expulsión frustrante hace unas semanas se ha convertido en un movimiento contra la violencia verbal en el deporte que nace desde el fútbol modesto de Castilla-La Mancha, en la Tercera Federación, y al que se ha unido después el técnico del CD Toledo.
La premisa es que el insulto "no va en el sueldo" y que la protección recibida por el racismo debe extenderse a cualquier tipo de vejación verbal, explica Darío en una conversación con EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha tras reposar la denuncia pública que hizo hace unos días. El preparador de Calzada de Calatrava cuenta que se "quitó la careta" tras ser expulsado por volverse hacia un grupo de espectadores que lo estuvo insultando "durante todo el encuentro".
Según el acta, se le impuso un partido de sanción por su reacción, recuerda. El agresor se quedó en la grada y él, siendo el agredido, recibió el castigo, lamenta. En el campo del Illescas la historia se repitió con un goteo de insultos y la misma sensación de indefensión, dice.
FÚTBOL | TERCERA
— Deportes CMM (@DeportesCMM) March 8, 2026
📢 DENUNCIA DE BORJA BARDERA
🛑 El entrenador del @CD_Toledo denuncia insultos hacia su persona en la grada del Martín Juanes @CDSonseca
➡️Se suma a la petición de Darío @VXVILLARRUBIACF de hace una semana
"Es un deporte asqueroso. Se permite todo"
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Para el técnico, la situación en los estadios ha llegado a un punto de normalización "inasumible" para la sociedad. No habla de un grito aislado, sino de un acoso constante. "Al final son insultos, uno por el color de piel que tenga, otro por el estado físico en el que esté... por lo que sea. A mí me llaman gordo. Te están taladrando el oído todo el partido y es muy agobiante ver cómo te insultan las mismas personas", denuncia.
"Una cosa es desde la grada, pero cuando se ponen detrás de los banquillos, a dos o tres metros, es increíble lo que hay que aguantar. Parece que incluso sienta peor que estés siempre hablando con tus jugadores o con el línea, que te muevas, porque yo me levanto mucho...", explica.
Denuncia la diferencia del fútbol con otros eventos o actividades donde sí se respeta, o incluso con otros deportes "de los que tenemos mucho que aprender". "Yo no veo a nadie que vaya al teatro a insultar al que está haciendo de actor secundario. La gente va a disfrutar; si no te gusta, no te pones a insultar como un loco", expone.
Avances en la élite
El fútbol modesto reconoce ciertos avances, sobre todo en el fútbol de élite. La repercusión de los insultos racistas a jugadores como Vinícius, que detienen partidos, contrasta con la impunidad de otras décadas. Darío recuerda que la sociedad ha evolucionado, porque ahora mismo sería impensable lo que sufrió el portero del Rayo Vallecano, Wilfred, a quien se insultaba duramente de forma pública e incluso en reportajes de televisión.
"Echo en falta que la gente de arriba busque soluciones como han hecho con el tema del racismo. No es de recibo que el padre de un jugador esté escuchando cómo ponen verde a su hijo todo el partido porque tiene el pelo largo o porque entra duro", sostiene.
El punto más personal del testimonio de Darío es la decisión de proteger a su entorno. Su hijo tiene 12 años y no conoce los campos donde su padre dirige como visitante. "No me lo llevo porque no quiero que vea cómo insultan a su padre todo el tiempo. Me gustaría que viera cómo disfruta su padre, cómo trabaja su padre y a veces, sobre todo fuera de casa, no puedo. No quiero que vea eso, porque se puede sentir mal, puede reaccionar mal y no quiero", denuncia.
El técnico del CD Toledo se unió
Esta corriente de 'tolerancia cero' no es solo suya. El entrenador del CD Toledo, Borja Bardera, también estalló recientemente tras los graves insultos recibidos en el encuentro contra el CD Sonseca. "Se permite todo", llegó a decir, calificando el fútbol como "tremendamente asqueroso" por estos comportamientos alejados de los valores del deporte.
Borja Bardera, entrenador del CD Toledo.
Darío respaldó a su compañero. "Le mandé un mensaje para decirle que estaba con él y que le apoyaba". Este medio ha intentado contactar nuevamente con el club de la capital para profundizar en estas reivindicaciones, pero desde la entidad han declinado hacer nuevas declaraciones. Consideran que su postura ya ha quedado "clara y manifestada" y han decidido centrarse ahora en lo "estrictamente deportivo".
Ni aguantar ni quedarse en casa
A pesar de las dos décadas de experiencia, Darío rechaza el argumento de que el insulto es parte del "espectáculo" o que el profesional "lo debe asumir" por el simple hecho de ocupar un banquillo. "Hay gente que empieza a decir que esto siempre ha sido así, que si no te gusta, te quedes en casa. Pero cuando yo me saco el carnet de entrenador a mí nadie me dice que me van a insultar todo el partido", se queja.
Termina con una reflexión sobre el progreso y la responsabilidad colectiva frente a la violencia verbal en los estadios. "La sociedad tiene que ir cambiando. Antes se insultaba y nadie decía nada, pero antes se tiraban las cabras desde los campanarios y ya no se tiran, y antes a los perros que no cazaban los ahorcaban y ahora no. Creo que hay más predisposición de la gente a erradicar esto", sentencia.
Actualmente, los protocolos antiviolencia y la Ley del Deporte permiten a los árbitros detener o suspender encuentros ante comportamientos intolerables. Sin embargo, en el fútbol modesto, Darío pide que ese "pequeño granito de arena" sirva para que las autoridades federativas vigilen en estos estadios la agresividad verbal. "Si tú protestas te expulsan; el insulto no puede ser gratuito".