Entre otras cosas con amor, comenzando con el amor hacia uno mismo.

La autoestima, como casi siempre, está en la base de los complejos e inseguridades , y éstos comienzan cuando empezamos a buscar referentes conductuales y en aspecto, totalmente mediatizados por opiniones de otros , subjetivas, y empezamos a compararnos. En esta comparación siempre salimos perdiendo, obviamente, y ahí empieza el verdadero problema, psicológico en principio y después con manifestaciones evitativas o comprobatorias de nuestra eficacia sexual.

Son sobre todo los hombres, son los más preocupados por su desempeño y por el tamaño de su pene y las mujeres más preocupadas con el aspecto físico y un poco también por “no saber hacer, quizás”.

Si establecemos premisas de objetividad en cuanto a lo bonito, bien hecho, proporcionado y demás, ¿quién coincidirá, por “suerte” con esas características?... uuuuff!!!! Tenemos un problema, parece!!!

Cualquier preocupación del tipo que sea que tengamos, va a interferir en sentirnos tranquilos y seguros y por supuesto en la actividad sexual. si ya la preocupación y la incapacidad la sentimos precisamente sobre nosotros practicando sexo, todo es mucho peor. La ansiedad y el miedo se producen cuando anticipamos y damos por hecho que vamos a ser juzgados y evaluados negativamente por el otro y ya en estos precisos momentos, también juzgados por nosotros mismos. Ante tales inseguridades se pueden dar dos tipos de conductas: las evitativas y las comprobatorias.

Quienes dan por hecho que no cumplirán con las expectativas social y sexualmente establecidas como normales o idóneas evitarán, en lo que puedan, exponerse a ese momento por miedo a ser criticado. La ansiedad es paralizante y en ocasiones desencadena la profecía autocumplida.

Algo muy importante es NO DAR PISTAS AL OTRO DE NUESTRA INSEGURIDAD, no expresar verbalmente lo que nos preocupa, intentar actuar como si nada y ya se verá. Pistas como por ejemplo, y esto es realísimo: “bueno ya sé que la tengo pequeña… ; mejor sin luz que estoy gorda…; no se me da muy bien besar…; duro poco, ya te lo digo…; no sé hacer casi nada…; y así, una infinidad de comentarios que lo único que consiguen es hacer pensar al otro que eso, como poco, será así. Nosotros lo usamos como mecanismo inconsciente de protección, pero no es así, a no ser que en la otra persona haya mucha empatía y amor. El amor hacia el otro da seguridad y lo relativiza todo. Además es así de real, los feos son menos feos y hasta guapos, los cuerpos que no son esculturales se convierten en casi divinos o en “nuestros peluches”... y quienes se preocupan por durar más o menos, por “tenerla más grande” o menos, por tener menos cintura y menos kilos... al final sintiéndose queridos y deseados por quienes nos importan, con esos sentimientos que todo lo pueden, esos, se relajan y disfrutan, adquiriendo con el tiempo la seguridad y la comprobación, tan importante para ellos, de que el otro disfruta estando con nosotros.

En la práctica sexual no hay cosas bien o mal hechas siempre y cuando haya comunicación en la pareja sobre preferencias. No hay que hacer sexo oral si no queremos, no hay que “durar” un tiempo establecido, no pasa nada si “se baja” porque con tranquilidad y sin miedo siempre sube, no es de peor calidad el sexo con alguien que está gordito o que no es guapo... todo se va adaptando a ese momento y a la persona con la que estás, aunque cada uno tiene ya sus costumbre. Pero nunca dar por hecho que no nos estamos ajustando a algo que debe ser de una determinada manera. No hay estándares y sí la obligación de disfrutar tú y con la otra persona, y con respeto. Nadie debe sentirse el vehículo del placer del otro ni utilizar egoístamente al otro para nuestros objetivos.

En estas circunstancias, cuando hay esquemas preconcebidos de lo que debe ocurrir, es cuando nosotros mismos podemos frustrarnos o cuando pueden producirse críticas y comentarios por parte del otro, que lo que harán es crearnos más inseguridad aún.

Y para quienes se encuentren en una situación así, lo dicho, no existe lo bien hecho y ante comentarios despectivos de la pareja hacia nuestro desempeño sexual normal o aspecto físico, no aceptar esa crítica que nos hundiría aún más. Replantearse si seguir con esa persona es más importante que cambiar cualquier aspecto sexual porque quien necesita aprender y el cambio, es el otro.

Ana M. Ángel Esteban espsicóloga clínica y sexóloga.

Consulta en Toledo y online. Teléfono615224680.

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