Es obvio lo que es sentirse deseado a nivel sexual, sólo a nivel sexual, cuando no existe nada más: te veo, me gustas, se encienden todas las alarmas físicas y te lanzas con el objetivo de consumir sexo. Quienes le dan mucha importancia a su aspecto físico y se dedican en cuerpo y alma a cuidarlo como tarjeta de presentación, tienen casi como único refuerzo y pilar para su autoestima el sentirse deseado o envidiado a este nivel físico-sexual.

Si cambiamos de escenario y ya incluimos a personas que, aunque no tengan una relación de pareja, existen sentimientos, la cosa cambia. Si hablamos de las experiencias de una pareja en la que, además, hay AMOR, SENTIRSE DESEADO, y no solo a nivel sexual , multiplica la intensidad de lo que sientes en los gestos de cariño y en la actividad sexual. ¨Los abrazos son más intensos (se nota), los besos más apasionados, las miradas te suben al cielo, la complicidad en forma de silencio te dice que lo eres todo para el otro. Todo está exento de la racionalidad de un objetivo, todo es sentimiento y te dejas llevar sin planificar el momento ni el cómo... te encuentras ahí sintiendo tanto que todo tu alrededor desaparece. ¿Te has sentido alguna vez deseando así a alguien o deseado por alguien?

Y el físico importa nada, nada de nada, porque cuando te sientes deseado y deseada no existen los complejos o se relativizan, te crea una sensación de seguridad en ti mismo y de protección por parte del otro, que o se desea auténticamente o esto no se puede fingir. Y de nuevo entra en juego la maravillosa intuición, la que consiste en dudar de si lo que estás viviendo en ese momento con esa persona es un teatro para tener sexo o es sentimiento puro, porque si lo sientes sin pensar, eso es auténtico. Menos mal que la razón a veces se queda desarmada ante tantas emociones acorralándola. El deseo auténtico y cómplice, cuando llega al otro, puede con todo tipo de argumentos racionales sobre lo que se debe o no se debe hacer o sentir.

“Gracias” a la testosterona, y ya en el plano físico-químico, que también lo llevamos incorporado, quienes suelen manifestarse primero y con más frecuencia a la hora de iniciar momentos sexuales suelen ser los hombres. También el rol masculino sigue con el argumento interiorizado de que son ellos quienes tienen que manifestarse y nosotras decidir si sí o si no. A los hombres también les gusta que nosotras tomemos la iniciativa, les gusta sentir que les buscamos sexualmente, no solo que aceptamos y “nos dejamos”, sino que nos sentimos atraídas y les deseamos.

Tener una pareja con un cuerpo escultural no es garantía de desearle o desearla en el más puro sentido emocional, aunque después se traduzca en sexo. El deseo, al igual que el amor, hay que alimentarlo cada día con una sonrisa, con una caricia… Deseamos básicamente a quienes nos transmiten una chispa, a quienes nos hacen sentir las princesas y los príncipes, con quienes el tiempo vuela y a quienes necesitas en algún momento tocar o besar, solo como gesto de cariño y amor. A quien necesitas ver, a quien esperas con ilusión cada día a una hora… Eso es desear y sentirse deseado.

Y nosotras muy pocas veces manifestamos esto, porque los gestos de cariño, cuando los tenemos, suelen confundirse por parte de ellos en indirectas o directísimas para ir a la cama. Chicos, os sentís menos deseados por nosotras porque tomamos menos la iniciativa, sobre todo porque somos menos sexuales en general y reprimimos las manifestaciones de amor porque nosotras las diferenciamos perfectamente de querer tener sexo. Vosotros no. Y a veces solo queremos querer, y ya. Yo lo hago mucho en el consulta: enseñarles a diferenciar qué es una actitud de necesitar manifestar cariño ¡y yaaaa! y cuál es una de querer sexo.

Entonces, muy importante; si queréis sentiros deseados no confundáis cariñitos con que queremos tralla, porque entonces inhibimos las manifestaciones de amor y seréis vosotros SIEMPRE quienes sintáis que tenéis que tomar la iniciativa y que no os deseamos. ¡Ah! Y si no nos apetece sexo, chicas, por favor, no lo hagáis porque ellos se sienten en el subsuelo ante nuestra frialdad sexual. Deseados cero… Así que el deseo no se puede crear, ni fingir; se siente y se expresa. Y esto no lo inhibas, porque tanto manifestarlo como recibirlo te hace sentir la persona más especial del mundo.

Ana M. Ángel Esteban. Psicóloga Clínica, Sexóloga.

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