Interior de una vivienda de la calle Chapinería, desalojado y tapiado el pasado febrero tras meses de okupación.

Interior de una vivienda de la calle Chapinería, desalojado y tapiado el pasado febrero tras meses de okupación.

Toledo

La okupación de bloques vacíos pone a prueba la convivencia en el corazón de Toledo y aumenta la vigilancia policial

La Policía Nacional vigila dos inmuebles conflictivos en el Casco y mantiene el contacto con los residentes, mientras el colectivo vecinal pide no criminalizar el fenómeno y reclama que las casas deshabitadas vuelvan a llenarse de vecinos.

Más información: Desalojan y tapian el edificio ocupado del mítico bar La Chapi en la calle Chapinería del Casco Histórico de Toledo

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El corazón de Toledo no late al mismo ritmo para todos. El Casco Histórico vive a dos velocidades: una es la del eje turístico Zocodover-Ayuntamiento-Catedral, un escaparate impecable de actividad, vida y patrimonio histórico. La otra se refiere a las zonas con menos tránsito, donde el abandono de inmuebles dibuja un Toledo con sombras, especialmente en el área que va desde la plaza de la Bellota y la bajada del Barco hacia la Cornisa.

A pesar de los incidentes recientes, no hay una sensación de inseguridad generalizada, pero sí una vigilancia atenta. La Policía Nacional reconoce actualmente dos puntos o bloques okupados donde existe una conflictividad real. En uno de ellos, el problema principal se ha disuelto tras el ingreso en prisión del morador que generaba los altercados. En el otro, la vigilancia es permanente.

En estos puntos sensibles, el trabajo policial va más allá de la patrulla. Los agentes mantienen un contacto constante con los residentes, a quienes asesoran para que denuncien formalmente cualquier irregularidad. Este paso es fundamental, ya que es la única vía legal para que los propietarios puedan iniciar los trámites de desalojo.

Debate vecinal

Este clima ha generado un debate intenso entre los empadronados en el barrio. Mientras en los grupos de WhatsApp y redes vecinales se comparten quejas por la inseguridad, otros vecinos piden calma. Existe un sector importante que no quiere que "se manche" el nombre de Toledo y recalca que el Casco sigue siendo, en líneas generales, un entorno seguro donde se puede caminar sin miedo, a pesar de los focos localizados de conflicto.

Sin embargo, los datos y los hechos recientes obligan a no bajar la guardia. La morfología del barrio, con sus 120 hectáreas de estrecho laberinto, facilita ciertos delitos menores. Los habitantes denuncian intentos de apertura de vehículos en las zonas menos transitadas. Ya ocurrió en Navidad, cuando se registró una oleada de robos en coches en el eje entre San Justo y San Lucas, una zona que queda fuera de las rutas turísticas habituales.

Esta inseguridad se alimenta muchas veces del estado de los edificios. El bloque okupado de la calle Chapinería, por ejemplo, es una muestra de esta problemática: tras meses de conflicto, fue desalojado y tapiado finalmente en febrero para evitar nuevas entradas.

Lo mismo ocurrió en la plaza de la Bellota el pasado diciembre, cuando un incendio por una estufa en una vivienda insalubre obligó a intervenir a los bomberos, destapando las condiciones en las que malvivían sus ocupantes, entre ellos varios menores.

Este clima de tensión se agravó aún más el pasado Jueves Santo en la calle de la Plata. En el momento álgido de la Semana Santa toledana, la Policía Nacional detuvo a un hombre de 34 años en un bloque okupado tras amenazar presuntamente a su pareja con un cuchillo.

El suceso no fue una sorpresa para los vecinos, quienes denuncian que ese inmueble se ha convertido en un punto negro donde la convivencia es casi imposible. Según relatan, en el edificio se repiten episodios violentos y un constante trasiego relacionado con el consumo y la venta de sustancias, lamentan.

"Casas sin vecinos y vecinos sin casas"

Para la asociación vecinal Iniciativa Ciudadana, el fondo del problema no es solo policial, sino residencial. Según los datos del Consorcio, el Casco cuenta con 131 edificios desocupados y entre 1.200 y 1.600 viviendas vacías. Casi el 14 % del parque no tiene uso.

Gran parte de estos inmuebles pertenece a entidades bancarias que se desentienden de su mantenimiento o a herederos que, al no alcanzar un acuerdo, acaban por abandonar la propiedad."Casas sin vecinos y vecinos sin casas", resume Hilario Alarcón, portavoz de la asociación.

Desde el colectivo sostienen que la mayoría de las okupaciones nacen de la pura necesidad de un techo y no de fines delictivos; por ello, reclaman un impulso a la vivienda social como receta para evitar que el olvido de estos edificios termine degradando el barrio.

Vigilancia para mantener el barrio

El área de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento ha reforzado la presencia de la Policía Local con rondas preventivas en estos puntos críticos. El objetivo es que la delincuencia no eche raíces en los inmuebles vacíos y que el Casco no pierda su esencia.

El reto ahora es que las administraciones muevan ficha con esas casas vacías antes de que el deterioro gane más terreno. Mientras la burocracia sigue su curso, la vigilancia policial y el aviso de los vecinos mantienen el pulso en un barrio que se niega a ser solo decorado.