Javier Bollaín Renilla, alcalde de Illán de Vacas (Toledo).
El milagro de Illán de Vacas, que cuadriplica población y deja de ser el pueblo más pequeño de España: "Aquí hay mucha vida"
Su alcalde, un antiguo bróker de 70 años, atiende a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.
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Hay luz al final del túnel. La despoblación asola a infinidad de municipios del mundo rural, sin embargo, el que hasta hace un año era el pueblo más pequeño de España, ha protagonizado todo un milagro demográfico: Illán de Vacas (Toledo) ha conseguido multiplicar por cuatro su padrón al pasar de dos a ocho habitantes.
Quien mejor para ahondar en este inusual fenómeno que su alcalde, Javier Bollaín Renilla, un antiguo bróker de 70 años que atiende a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. "No iba a permitir que desapareciese y me empecé a mover", confiesa.
En los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2024, solo contabilizaba dos habitantes, en su totalidad varones. Antes de desvelar el secreto de cómo ha conseguido atraer a tres mujeres y a tres hombres más, conozcamos la historia de esta pintoresca localidad.
Entrada principal de Illán de Vacas.
Dentro de la comarca de Torrijos y rodeado de municipios como Cebolla, Lucillos y Cerralbos, la primera referencia documental de Illán de Vacas se remonta a principios del siglo XIII. Los datos censales a mediados del siglo XIX marcaban un pico de 250 habitantes y 22 viviendas.
La apertura del tramo ferroviario entre Torrijos y Talavera de la Reina en 1876 incluyó una estación Illán de Vacas-Cebolla que convirtió a este municipio en un nudo de comunicaciones vital para la zona. "Teníamos estación de tren hace 30 años y venía mucha gente", recuerda Bollaín.
Una de las viviendas que sigue en pie en Illán de Vacas.
A principios de los años 90 la estación fue derruida por la caída del transporte de mercancías y esto dio un giro a la economía local, que pasó a basarse en la agricultura y la ganadería. En esa vista atrás, Javier mira con nostalgia su juventud: "Me acuerdo de haber jugado un partido en la era entre la selección de Cerralbos e Illán de Vacas contra Cebolla".
Muchos de esos viajeros han mantenido un cariño y un sentimiento de pertenencia hacia el lugar. En fechas marcadas como su fiesta en honor a la Virgen de la Paz (24 de enero) acogen a decenas y decenas de personas.
"Tenemos una procesión y una especie de barbacoa y vienen 200 personas", apunta el regidor. Por ello, cuando se le pregunta sobre el porqué de ese crecimiento demográfico, Javier responde con rotundidad: "No ha cambiado nada, aquí hacemos mucha vida".
Multitud de personas en Illán de Vacas.
Detrás de esta multiplicación no hay grandes campañas de repoblación europeas, sino la llamada de auxilio de su alcalde. "Empecé a decir a la gente que se hiciera de Illán", relata.
Los nuevos inscritos no son forasteros, sino personas vinculadas estrechamente a la localidad. "Es gente que muchos trabajan en Madrid y vienen aquí el fin de semana a la casa de sus padres o sus abuelos", aclara.
A pesar de no residir de lunes a viernes, el compromiso de los seis nuevos vecinos con el municipio es total. "Cuando les comenté la idea, no pusieron ningún problema porque ellos tampoco querían que desapareciera", asegura Javier.
El coche es un requisito indispensable para vivir en Illán. La farmacia más cercana está a apenas dos kilómetros — en Los Cerralbos —, y el centro de salud más próximo se encuentra en Cebolla, a unos seis minutos en coche, donde también se ubica un supermercado Dia.
Vista área de Illán de Vacas.
No es oro todo lo que reluce. Construir o rehabilitar viviendas en este tipo de lugares añade costes a los propietarios que en grandes ciudades sufragarían los ayuntamientos. "Aquí tienes que pagarte tú el tendido de luz o la canalización". Eso encarece mucho el proyecto y la gente se echa para atrás", lamenta el regidor.
Además, el Ayuntamiento de Illán no dispone de los recursos administrativos para relacionarse con el Gobierno de España ni solicitar subvenciones. "Nuestro mayor problema es que no tenemos secretario. Yo como alcalde no puedo gestionar las ayudas ni muchos otros trámites", denuncia.
Su reducido presupuesto no les permite costear un funcionario propio. "Llevo ocho años pidiendo un secretario volante y nunca nos llega", critica. La consecuencia directa es visible en sus calles: "El pueblo no está asfaltado, tiene calles, pero no tiene aceras", añade.
Una de las calles de Illán de Vacas.
En este dramático contexto, la labor de Javier se reduce a la pura supervivencia del lugar. "Es una gestión no de mejorar, sino de que no se te caiga. Mantenerlo", resume con resignación. Desde que tomó el bastón de mando en 2019, su día a día pasa por llamar a Iberdrola cuando se va la luz o coordinar la desratización de las tuberías.
Al estar a poco más de una hora de Madrid, Illán de Vacas ha estado en el radar de grandes inversores. "Han querido montar una planta de hidrógeno y plantas solares", revela Bollaín. Sin embargo, ninguno se ha llegado a concretar para fortuna del regidor. "Aparte de que eso es feísmo, se carga todo el paisaje", señala.
Cartel que anuncia el fin del pueblo.
A sus 70 años, Javier asume que le quedan "cuatro años y punto" al frente del consistorio, aunque matiza que "si no se presenta nadie, estoy yo". Sobre el futuro a corto y medio plazo de Illán de Vacas guarda esperanza.
"A raíz del Covid-19 el campo se mira de otra manera. Yo creo que la peor parte ya la hemos pasado, estamos estabilizados y el pueblo seguirá creciendo", concluye.