Emma y varias fotos de su bar dentro un molino.
Emma, la hostelera que ha convertido un molino de viento en un "Starbucks de la Mancha": té matcha, café...
Un establecimiento rompedor que se encuentra en el cerro Calderico de Consuegra (Toledo).
Más información: El proyecto de un grupo de amigos de Toledo para convertir una vieja nave en una gran discoteca: "Hay mucho curro"
Bajo las aspas de uno de los 12 molinos de viento de Consuegra (Toledo), Emma Colmenero sirve café de sabores, té matcha, chocolates calientes con nubes, tartas, quesos de oveja de la zona y tostadas creativas. Un proyecto hostelero rompedor que ha convertido el Caballero del Verde Gabán en una especie de "Starbucks de la Mancha".
Durante años, este icono de Castilla-La Mancha levantado en el cerro Calderico de la localidad toledana albergó un restaurante en su interior. La irrupción de la pandemia propició su cierre y el Ayuntamiento licitó la instalación a la espera de que algún emprendedor se atreviera a darle una segunda oportunidad.
Fue entonces cuando Emma, hostelera "desde la barriga de su madre", sintió la llamada de perseguir su sueño vital. Esta consaburense había crecido con la espinita clavada de ver cómo su padre quiso montar un restaurante en el emblemático castillo medieval de Consuegra, pero solo se quedó en una ilusión.
Molino Caballero del Verde Gabán.
"En un principio dije que no porque estaba encantada con mi otro trabajo", explica en conversaciones con EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. En ese momento, gozaba de un puesto en Toledo muy estable, de lunes a viernes y con posibilidades de ascender.
Sin embargo, la idea de convertir el molino en un espacio gastronómico diferente pesó más que la seguridad de una nómina fija. "Lo dejé todo por este proyecto", confiesa. El destino quiso que fuese ella la ganadora del concurso y tras varios meses de papeleo, el 28 de junio de 2025 abrió las puertas del Molino Verde Gabán.
Una imagen de Emma en los molinos de Consuegra.
Pasión por los fogones
La historia de Emma es la de una nómada movida por la vocación dentro de la cocina. "Me fui a estudiar cocina a Sevilla en 1996", cuenta. Después de tres años de formación, hizo las prácticas en un restaurante de la plaza de Oriente de Madrid.
A partir de ahí, su carrera se construyó entre negocios propios y proyectos de terceros. Primero formó parte de un complejo hostelero familiar en Consuegra donde gestionaba pedidos y la organización.
De Sevilla a Consuegra
Pasado un tiempo, inició otra aventura hostelera en la capital de Andalucía. Pese a su etapa en la ciudad hispalense, Emma siguió vinculada a sus raíces manchegas para atender el negocio familiar: "Bajaba los viernes a Consuegra y volvía los domingos".
Después llegó el regreso definitivo a tierras toledanas, un cambio de colegio para sus hijos y la fortuna de encontrar un trabajo estable en la capital de Castilla-La Mancha. En ese momento cómodo, Emma tomó una decisión ilógica para muchos: "Todo el mundo me decía que era un atrevimiento, menos mi pareja y mis hijos", reconoce entre risas.
Terraza del Molino Caballero del Verde Gabán.
En ese molino de viento fue donde ha encontrado la felicidad plena. "Me encanta, a mí no me importa trabajar fines de semana ni festivos". Así nació Molino Verde Gabán, un proyecto que durará al menos los próximos tres años, periodo que marca la licitación.
A sus 50 años, Emma no ha montado un bar al uso, sino una especie de "Starbucks manchego", tal y como define. Funciona como un take-away, es decir no existe el servicio en mesa.
Dentro del molino hay tres plantas: la baja, donde tiene el mostrador y una pequeña zona para calentar comida; la planta intermedia, que hace de "mini cocina" en la que elabora mermeladas, bizcochos, pistos y otras preparaciones caseras; y la planta superior, que hace de pequeño comedor y cuenta con seis mesas.
Planta superior del molino.
"Máximo entran 15 personas dentro. Desde arriba se ven los Montes de Toledo y las puestas de sol son impresionantes", subraya.
El bar de esta emprendedora no funciona por carta aunque su propuesta gastronómica incluye tostadas clásicas – jamón, salmorejo o tomate – con opciones creativas: "Tenemos tomates confitados por mí, mermelada de calabaza o de pimientos asados".
A ello se suman tartas de queso de oveja y azafrán, té matcha, café de Lotus y en verano limonadas de sabores, mojitos, cócteles como la violeta líquida.
Algunas de las elaboraciones de Emma.
Los inicios del negocio no fueron fáciles dado el estado del espacio y su limitado tamaño. "El molino tenía muchas humedades, es más, las seguimos teniendo; cuando vas a picar para colgar algo te encuentras con una piedra", reseña.
Cuando el tiempo acompaña, Emma despliega una terraza con nueve mesas que amplían su servicio. "Hay gente que sube, se sienta en las piedras, se coge una cañita y unas croquetas y es feliz".
Aunque el bar se encuentra en la zona más turística de Consuegra, Emma no vive solo del visitante de paso. "Tengo que agradecer a la gente de aquí y de los pueblos de alrededor porque la aceptación ha sido increíble", destaca.
Por eso insiste en mantener precios para todos los bolsillos. "No tengo precios para turistas", explica. Sus tapas y bebidas elaboradas con mimo sorprenden al público local y extranjero. "Les impresiona que haya cosas tan diferentes y tan ricas dentro de un molino de La Mancha", añade.
Detrás del local no hay una gran plantilla, entre semana (de miércoles a viernes) solo está ella al frente y los fines de semana (sábados y domingos) o cuando se prevé buen tiempo se incorpora su hijo "dado de alta, evidentemente", aclara. Argumenta que más de dos empleados es inviable por tema de espacio.
Entre aspas y un castillo lleno de historia, esta mujer ofrece una experiencia culinaria que, más allá de imitar a la conocida cadena de cafeterías estadounidense, ha conseguido llenar de vida y comida uno de los rincones más mágicos de la comunidad castellanomanchega.