Eduardo Pico, instructor de parapente fallecido en Alarilla, y un vuelo de Ikaro Parapente en la zona.

Eduardo Pico, instructor de parapente fallecido en Alarilla, y un vuelo de Ikaro Parapente en la zona.

Guadalajara

La Muela, la meca del parapente convertida en la M-40 del aire: 2 muertes el finde y pilotos 'experimentados' que no lo son

La popularidad del enclave, impulsada por su cercanía a Madrid, ha convertido La Muela en un punto de referencia del vuelo libre donde la formación y el criterio previo al despegue son clave.

Más información: Trágico accidente en Guadalajara: dos hombres mueren al caer con su parapente en el paraje de La Muela

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Alarilla es posiblemente el único lugar del mundo donde los Reyes Magos llegan en parapente para participar en su tradicional cabalgata de cada 5 de enero. A menos de 80 kilómetros de Madrid, este pequeño pueblo de Guadalajara se ha convertido en uno de los principales paraísos de este deporte de aventura en el centro peninsular.

Decenas de personas se dan cita cada fin de semana en el paraje de La Muela para iniciarse en el vuelo de la mano de varias empresas de turismo activo. Con unos 280 metros de desnivel y una gran explanada superior, este cerro con forma de pieza dental se ha vertebrado como una auténtica escuela natural del parapente.

La intensa actividad, favorecida por la cercanía a la capital y por el fácil acceso hasta la zona de despegue, explica tanto su popularidad como el aumento de accidentes. El último de ellos, ocurrido el domingo 12 de abril, fue especialmente grave: fallecieron dos hombres, instructor y alumno, durante un vuelo biplaza.

Según explica a este medio el presidente de la Federación de Deportes Aéreos de Castilla‑La Mancha, José Ramón Martín, el parapente es un deporte que no tiene una alta siniestralidad. Tampoco el paraje de La Muela es una zona especialmente peligrosa, pero el gran número de vuelos convierte el incremento de incidentes en una cuestión estadística.

Un deporte con controles

Según explica a este medio el presidente de la Federación de Deportes Aéreos de Castilla‑La Mancha, José Ramón Martín, el parapente es un deporte que no tiene una alta siniestralidad. Tampoco el paraje de La Muela es una zona especialmente peligrosa, pero el gran número de vuelos convierte el incremento de incidentes en una cuestión estadística.

"Es como una carretera por la que pasan centenares de coches todos los días. Cuanto más transitada es la vía, más posibilidad hay de accidentes", sostiene. Dando por bueno este paralelismo, Alarilla sería una especie de M-40 de los deportes aéreos de vuelo libre y aventura.

El experto, sin embargo, apunta a la que considera como verdadera problemática de Alarilla: hay una gran proliferación de ofertas de vuelo que se anuncian en internet, con precios que rondan los 70 euros, y la facilidad con la que cualquier usuario puede acceder a vuelos biplaza o parapente sin conocer realmente la formación del piloto que los realiza.

"Hoy en día tú entras en un sitio web, ves una oferta de parapente, una página bonita, te dicen que son pilotos experimentados, y la gente se lo cree", explica Martín. Además, añade que ese entorno digital ha facilitado la entrada de operadores muy dispares en cuanto a nivel de preparación real, lo que dificulta al usuario distinguir entre profesionales con amplia trayectoria y actividades que no siempre cumplen los mismos estándares de seguridad.

Cuando el negocio condiciona

En su opinión, el problema aparece cuando la actividad económica condiciona la toma de decisiones. "El riesgo está en que, cuando esto se convierte en negocio, a veces se prioriza no perder el vuelo antes que cancelar por seguridad", apunta.

En este contexto de elevada actividad aérea se produjo el accidente del pasado domingo. Las dos personas fallecidas fueron un instructor de 61 años y un alumno de 22 años que, tras precipitarse su parapente al suelo, murieron prácticamente en el acto.

El instructor fallecido era Eduardo Pico, vinculado a la actividad de vuelo a través de Ikaro parapente y conocido dentro del entorno del vuelo libre por su participación habitual en concentraciones y encuentros del sector. La Asociación Paramotor España trasladó públicamente sus condolencias tras el accidente y lo recordó como un piloto muy presente en este tipo de citas, donde destacaba por su carácter tranquilo, su implicación con la actividad y su cercanía con otros practicantes.

Desde la asociación subrayan además que se trataba de una figura reconocida entre compañeros de distintas disciplinas del vuelo recreativo motorizado y sin motor, lo que refuerza la idea de que no era un perfil ocasional dentro del sector, sino alguien con recorrido y presencia continuada en este entorno.

El propio comunicado describe a Pico como un "fijo en las concentraciones", una expresión habitual dentro del colectivo para referirse a pilotos con trayectoria consolidada y participación frecuente en encuentros técnicos y sociales del ámbito aeronáutico deportivo.

Turbulencias letales

La fatídica jornada del domingo, cuando se produjo el accidente, estuvo marcada por fuertes rachas de viento en la zona centro peninsular, con intensidades cercanas a los 40 kilómetros por hora en la cima del cerro, una velocidad incompatible con la práctica segura del parapente, según explica Martín.

Como indica el experto, despegar en esas condiciones supone asumir un riesgo elevado desde el inicio del vuelo, ya que el parapente pierde capacidad de penetración frente a la corriente y puede ser arrastrado hacia zonas peligrosas de la ladera.

Ese fue, previsiblemente, el mecanismo que desencadenó el accidente. El viento habría desplazado el parapente hacia sotavento, la zona posterior del relieve donde se generan turbulencias y rotores que pueden provocar plegadas del ala sin margen de reacción suficiente para el piloto.

En ese contexto, el presidente federativo insiste en que no se trató de un cambio brusco de la meteorología durante el vuelo, sino de unas condiciones adversas ya existentes en el momento del despegue. Asimismo, los hechos ocurridos en este paraje y las circunstancias están siendo investigadas por la autoridad competente.

A estas circunstancias se suman también algunas valoraciones difundidas en redes sociales por personas que aseguran haber volado en el entorno de La Muela. En comentarios publicados en Facebook, algunos usuarios describen el despegue como exigente y mencionan la presencia de viento turbulento en determinadas direcciones.

"Yo fui a volar ahí en La Muela; me pareció muy estrecho y no me gustó el comportamiento de algunos que estaban volando allí. Hay una de las direcciones que viene el viento turbulento. Nunca volví a volar allí", señala uno de estos testimonios. Otro comentario resume esa percepción con una frase habitual entre aficionados: "Dicen que volar en Alarilla no está fácil; solo los duros de verdad vuelan ahí".

Aunque se trata de opiniones personales sin valor técnico concluyente, reflejan la reputación de exigencia que algunos practicantes atribuyen a este enclave en determinadas condiciones.

Regularización deportiva

A esta situación se suma otro elemento señalado por Martín, como es la desigual aplicación de criterios formativos dentro del sector recreativo, especialmente en los vuelos biplaza orientados al turismo.

Aunque muchas empresas operan con estándares técnicos consolidados, la ausencia de un marco uniforme facilita la coexistencia de modelos de trabajo muy distintos, lo que dificulta al usuario valorar con claridad las garantías reales de la actividad que contrata.

En este contexto, el experto insiste en que el riesgo no depende tanto del lugar como del criterio con el que se toman determinadas decisiones antes del despegue, algo que el pasajero no siempre puede evaluar por sí mismo.

"El riesgo en parapente depende más de las decisiones previas al despegue que del lugar de vuelo"

A su juicio, esta falta de conocimiento general sobre el funcionamiento del parapente contribuye también a que, tras cada accidente, la actividad quede rápidamente etiquetada como peligrosa en términos absolutos, cuando en realidad su seguridad depende en gran medida de la experiencia del piloto, la interpretación de la meteorología y el respeto de los límites operativos del vuelo.

En este sentido, el presidente de la Federación de Deportes Aéreos de Castilla-La Mancha insiste en la necesidad de avanzar hacia una mayor homogeneización de criterios formativos y de control dentro del sector recreativo, especialmente en los vuelos biplaza orientados al turismo.

A su juicio, reforzar los mecanismos de regulación permitiría mejorar la transparencia de la oferta, facilitar al usuario la identificación de operadores con garantías técnicas suficientes y reducir la dependencia de decisiones individuales en contextos meteorológicos complejos.

Flujo constante de visitantes

El alcalde de Alarilla, Alberto Yánez, confirma a EL ESPAÑOL de Castilla‑La Mancha que la presencia de pilotos es constante durante todo el año. Según explica, prácticamente todos los días hay personas de todas partes de España que acuden al municipio para practicar parapente, ala delta o aeromodelismo, lo que genera un flujo continuo de visitantes especialmente significativo para una localidad de pequeño tamaño.

Aunque el impacto económico es limitado, sí tiene efectos visibles en la ocupación de las casas rurales y en la actividad del único bar del municipio, que recibe buena parte de estos visitantes, consolidando a La Muela como uno de los principales motores de actividad turística del entorno.

Así, Alarilla mantiene su imagen de pueblo único donde los Reyes Magos aterrizan en parapente, pero también se enfrenta, ahora, al eco de un accidente mortal que ha puesto en el centro de la actualidad la necesidad de reforzar la formación, la transparencia de las ofertas y los criterios de seguridad en el corazón de su turismo de aventura.