Montaje con imágenes de Moriscote (Albacete) y dos de sus vecinos.

Montaje con imágenes de Moriscote (Albacete) y dos de sus vecinos.

Albacete

Más gatos que vecinos: así se vive en Moriscote, la minialdea de Albacete donde cada casa pertenece a un pueblo distinto

"Entre unos y otros se pasan la pelota y no hacen lo que deben de hacer", se queja el alcalde.

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Entre la docena de municipios que comparten la ilustre comarca de la Sierra del Segura, al sur de la provincia de Albacete, se esconde una pequeña aldea cuya historia roza la ciencia ficción: pertenece a tres ayuntamientos a la vez y los gatos superan en número a los cinco vecinos censados.

Moriscote ya aparecía como una simple "cortijada de cuatro casas" en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, de Pascual Madoz (1845-1850), aunque entonces solo dependía de Ayna.

Tras la consolidación moderna de los límites territoriales es cuando esta pedanía queda justo en la unión de los términos municipales de Ayna, Liétor y Alcadozo. Es más, la primera casa del pueblo es de Alcadozo, la segunda ya corresponde a Ayna y, más adelante, la carretera deja un lado para Liétor y otro para Ayna.

Una calle de Moriscote.

Una calle de Moriscote.

El alcalde de Moriscote, Javier Tercero, atiende a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha para contar cómo se vive en esta encrucijada administrativa que, según asegura, les ha sumergido en un abandono institucional.

"Es peculiar, pero para nosotros de mala manera", resume, antes de lanzar una crítica: "Entre unos y otros se pasan la pelota y no hacen lo que deben de hacer".

El alcalde de Moriscote, Javier Tercero.

El alcalde de Moriscote, Javier Tercero.

Un pueblo en tierra de nadie

El origen de Moriscote se vincula a una fuente: un nacimiento de agua que dio vida a la aldea, pero brotó justo en ese punto cero donde confluyen tres municipios, levantando un laberinto donde hoy se pierden la esperanza y la prosperidad de sus vecinos.

La poca ilusión que les queda permanece en esa fuente que la asociación vecinal desea restaurar y condicionar para convertirla en el primer paso de una nueva etapa.

Vecinos de Moriscote limpiando la fuente.

Vecinos de Moriscote limpiando la fuente.

Las calles se llenan de hierbas que, con suerte, solo se limpian una vez al año en vísperas de las fiestas patronales. No hay badenes que frenen los coches que atraviesan el municipio y los únicos bancos instalados son aquellos que se han retirado de otros lugares debido a su mal estado.

Ejemplos de que no hay un plan claro de quién se encarga de qué. "Una mujer me preguntó dónde podía tirar una botella y le tuve que decir que no había siquiera un contenedor de cristal para poder reciclar", cuenta Javier.

Estado de abandono de una zona de Moriscote.

Estado de abandono de una zona de Moriscote.

Los ayuntamientos de Ayna, Liétor y Alcadozo alegan falta de presupuesto y de personal para llegar a todo. Una respuesta que no convence a los vecinos de Moriscote. "Entiendo que tengan prioridad en sus pueblos, pero aquí también viven personas", argumenta el alcalde.

Más gatos que vecinos

Más allá de ser un pueblo partido en tres, Moriscote ha saltado a la fama por los gatos. Entre los corrales, las casas vacías y los tejados, los felinos han conformado una comunidad de una veintena de ejemplares, cuadriplicando el número de habitantes.

Un gato en la entrada principal de Moriscote.

Un gato en la entrada principal de Moriscote.

"Cuando vivía más gente, nos lo íbamos repartiendo y les echábamos de comer, pero la gente se fue a las ciudades por trabajo o estudios y los gatos se quedaron aquí", cuenta Ana, hermana de Javier e impulsora de la asociación 'Gatos de Moriscote'.

A raíz del sacrificio de Guitarrita, un gato que se puso muy enfermo, Ana y varios vecinos se organizaron para cuidar de estos "peluditos", siempre bajo el método CES. Así nació esta organización sin ánimo de lucro que sueña con un local vacío que pueda convertirse en un refugio animal.

Una foto personal de Ana.

Una foto personal de Ana.

"Al final somos voluntarias, no recibimos ninguna ayuda ni nada". Un contexto que les ha llevado a hacer manualidades para captar fondos. "Sacamos dinero para pienso o cualquier gasto veterinario que surja", señala.

De rebote surgió la idea de abrir una cuenta de Instagram (@gatosdemoriscote) que se ha convertido en la ventana de promoción de esta aldea. "Muchos pensaban que era un nombre inventado, ahora por lo menos sitúan el pueblo", celebra.

Pese a estar en el olvido, los vecinos no tiran la toalla. "Tenemos una casa rural y últimamente nos visita gente de toda España, incluso de Francia", resalta el alcalde.

Un gato en Moriscote.

Un gato en Moriscote.

Javier ve con buenos ojos este crecimiento turístico, pero para él de poco sirve si sigue sin materializarse en más inversión y cuidados. "Da mala imagen tener el pueblo lleno de hierbajos", insiste el alcalde.

En Moriscote hay casas en venta, huertas abandonadas y agua suficiente para todo tipo de proyectos. "Nos vendría bien si alguien quisiera montar un invernadero. Hay tierra y agua, solo faltan ideas y apoyo", incide.

Mientras las administraciones discuten competencias, Moriscote solo pide un mínimo de atención para que "venga gente con ganas de vivir" y, de paso, sus gatos puedan seguir maullando.