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Imagen de archivo para ilustrar el texto. Ángela Pulido Díaz.

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Las pioneras que cosieron la historia en la Real Fábrica de Paños de Brihuega: hilanderas, urdidoras y tejedoras

El trabajo asalariado de estas mujeres les permitió soñar con una vida que hasta el momento no estaba en el imaginario colectivo.

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Construida a mitad del siglo XVIII y con la 'única intención' de ser una empresa de tejidos de lana de alta calidad, la Real Fábrica de Paños de Brihuega, se convirtió en una de las pocas fábricas de la época que dio trabajo a las mujeres como hilanderas, urdidoras o tejedoras, a cambio de una retribución económica.

Sin esperarlo, en su interior se fue hilando un 'feminismo temprano'. Ese que consiguieron gracias a mujeres que no temían a la labor, que salieron de sus casas para ocupar unos puestos de trabajo acorde a la modestia que debían presentar y a sabiendas que su esfuerzo iba a ser compensado con un sueldo mucho más bajo que el de sus compañeros.

En agradecimiento a su papel durante la guerra de Sucesión, la Casa Real de la Flor de Lis de la mano del rey Fernando VI regaló a la entonces Villa de Brihuega un complejo industrial que sirvió para impulsar la fabricación y el comercio en España. Fue así como la casa-fábrica de Brihuega se transformó en esa sucursal de atracción de población, trabajo y economía para una villa con la que los Borbones estaban en deuda.

Imagen de archivo de una mujer trabajando en el hilado.

Imagen de archivo de una mujer trabajando en el hilado. Getty Images.

El trabajo de las mujeres en la Real Fábrica de Paños les permitió soñar con una vida que hasta el momento -y con reticencias- no estuvo en el imaginario colectivo de aquel entonces. Hace tres siglos, el oficio innato de la mujer al nacer era ocuparse de la casa, los niños y del marido que salía del hogar en busca de lo que ella no podía o no le dejaban conseguir.

La Real Fábrica fue un cofre arquitectónico en cuyo interior escondía un avance que se convirtió en su joya más preciada, más que aquellas prendas que hilaban y tejían para que después salieran al mercado en forma de uniformes militares, paños o trajes bonitos. Allí los hilos no sólo fueron tejiendo productos, en el interior de la fábrica las mujeres tejieron una red de empoderamiento femenino que ya no tendría vuelta atrás.

Las jornadas de trabajo dentro de la fábrica eran un paréntesis con la realidad social, porque allí, a pesar de la diferencia salarial con sus compañeros, ellas empezaron a ocupar un lugar que la sociedad se empeñaba en no ceder. Les permitió trabajar a cambio de un sueldo -por pequeño que fuese- y comenzar una desescalada en relación a la dependencia económica que tenían hacia el hombre de la casa.

Ellas fueron la columna vertebral. Sus funciones eran el hilado, el espunzido y el urdido de la lana. Un trabajo que era esencial para el funcionamiento de la fábrica, pues sin esos primeros pasos en la cadena de producción, el producto final sería en vano.

Imagen de archivo de la Real Fábrica de Paños.

Imagen de archivo de la Real Fábrica de Paños. Cultura Castilla-La Mancha.

Aunque no en títulos, aquellas mujeres fueron polifacéticas en la vida: madres, mujeres, hermanas, hilanderas, urdidoras o tejedoras. Un 'hito' que tuvo luces y sombras porque el trabajo en la fábrica para ellas era estacional, destajista, con fraude en ocasiones y un reflejo de la minusvaloración de su labor.

Además, el poder formar parte de la plantilla de la fábrica era muy distinto en relación con los hombres. Sus puestos de trabajo iban en consonancia con el decoro que debían mostrar, apropiadas a la fuerza que ellas tenían, que se pudiese desarrollar en talleres no mixtos, y sobre todo, debía ser un puesto de trabajo que se complementase con el trabajo doméstico.

Entre las tareas que ejercían estaban: desmotadoras y descadilladoras, se ocupaban de quitar los residuos de la lana lavada y baqueteada; encarretadoras: se encargaban de poner el hilo de urdimbre en carretes antes de pasarlo al telar. En cuanto al urdido -colocación del hilo en el telar- hombres y mujeres trabajaban en conjunto, al igual que pasaba con las despinzadoras, en la que los grupos eran mixtos.

Poco a poco la fábrica se fue haciendo con una amplia plantilla femenina procedente del sector más pobre de la sociedad. Algo que se hizo como un 'favor' hacia ellas pues así evitaban que permaneciesen en la 'ociosidad' y dejasen de ser 'una carga'.

Y aunque la fábrica destacó por su particular arquitectura de forma circular y por ser un halo de oxígeno y modernización para el comercio y posicionamiento de España en aquellos años, hoy destacamos el papel que jugó esta fábrica empezando a escribir la historia de independencia de ellas, las mujeres.