Imagen nocturna del incendio en la localidad de Hiendelaencina (Guadalajara) y de Julia del Mar Cortezón, uno de los testimonios del reportaje.

Imagen nocturna del incendio en la localidad de Hiendelaencina (Guadalajara) y de Julia del Mar Cortezón, uno de los testimonios del reportaje. EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha

Región INCENDIO

La tristeza de los evacuados por el mayor incendio de la historia de Castilla-La Mancha: "Se nos olvidó el cuadro de los abuelos"

Los vecinos de Hiendelaencina abandonan sus casas entre humo y lágrimas. "Lo que se está quemando es parque natural", recuerdan.

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Una veintena de familias ha salido en la mañana de este lunes de Hiendelaencina, otro pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara que el monstruoso incendio que consume la zona desde el pasado jueves ha obligado a evacuar.

"Por favor, vayan desalojando", ha pedido la Guardia Civil a los vecinos que aún permanecían en sus casas. Cuando amaneció, "ya había bastante humo", comenta la periodista Julia del Mar Cortezón. Ella y su padre han abandonado la localidad después de la llegada de las patrullas del instituto armado.

En ese momento, el aire había vuelto a cambiar y el peligro sobre las viviendas se tornaba real. Los equipos de extinción hacían fuegos controlados "para salvar el casco urbano" de las llamas.

Ya el viernes, segundo día del horror que se desató en La Mierla, empezó "a salir gente", recuerda Cortezón. La Guardia Civil se personó el sábado —para recomendar el confinamiento por humo— y muchos otros optaron por irse. Los pocos que quedaban han escapado este lunes.

"Esta noche ha sido de traca", comenta la comunicadora. Desde Madrid, donde reside, explica que ha sido de las primeras en abandonar el pueblo en el último turno y que ha podido hacerlo por el embalse de Alcorlo. No obstante, y a consecuencia de la humareda, "no se veía el agua del pantano". Quienes se han marchado después ya han tenido que hacerlo por otra ruta.

Además del viento, las llamas se sirven de la singular orografía de la zona, un parque natural donde se suceden montañas y barrancos. En la zona también advierten de la menor presencia de animales para el desbroce.

La sierra "está totalmente quemada", añade. "Ayer [por el domingo] por la mañana, miraba al cielo y veía hidroaviones y helicópteros: como controlaron el fuego de Zaragoza, se vinieron todos". Fue un paréntesis de esperanza que horas después parece haberse truncado.

La redactora de Marca señala a Maru, la jueza de paz, como otra de tantas protagonistas involuntarias: ha pasado las dos últimas noches sin dormir acompañada de un grupo de chavales jóvenes. Estaban alerta "por si había alguna lengua de fuego y se metía al pueblo".

La "impotencia" de los mayores

A Cortezón le ha acompañado su padre, un hombre de 96 años que "está muy bien y no se toma ni una pastilla, más allá de la insulina", pero que se encuentra "nervioso y pensativo" desde que desató el fuego. Ha dicho adiós a su casa "con lágrimas en los ojos" y temor por lo que pueda pasar.

"¿Cómo nos vamos a ir? ¿Cómo vamos a abandonar el pueblo?", le ha preguntado a su hija. A la gente mayor, el habitante promedio de la Sierra Norte, le inquieta lo que pueda pasar con sus pueblos cuando el incendio termine.

El sentimiento de "tristeza, impotencia, rabia y una desesperación bestial" inunda a los afectados. La congoja se acrecienta cuando al irse se cruzan con los camiones de bomberos o de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Entretanto, la Guardia Civil se ha desplegado en todos los pueblos próximos al incendio: sus agentes trabajan con mascarilla y sugieren a la población que las use por la mala calidad del aire.

En el pensamiento de los desplazados están sus vecinos y sus casas. También las cabezas de ganado, una actividad fundamental en la zona. Más allá de lo material, la amenaza se cierne sobre la memoria. "Se nos ha olvidado el cuadro de los abuelos", le ha dicho su padre a Cortezón. La lámina que recorre la historia familiar se adivina como otro objeto a conservar.

"Cuando te vas del pueblo, pitas", relata la periodista sobre una costumbre habitual de los vecinos. Sin embargo, esta mañana de lunes solo se han escuchado sirenas. "La gente metía las maletas en el coche y se despedía con la mano; nadie tenía ganas de pararse a hablar".

Pocos medios y "descontrol"

A las 15:00 horas del lunes, los evacuados de Hiendelaencina se mantienen al tanto de la situación de su pueblo gracias a la información que "las personas que se han podido quedar allí" les trasladan. Los tres que permanecen son el alcalde, el socialista Mariano Escribano, su hijo y una tercera persona. Lo que les cuentan es "muy preocupante", dice Belén Illana, vecina de la localidad.

El relato que traslada Illana afea la falta de medios del despliegue. Su sentir se ilustra con varios ejemplos. Se queja de que el domingo, había "un camión con solo dos tíos" en el molino de Villares de Jadraque y que en la misma fecha las avionetas "estaban un rato y lo dejaban porque se tenían que ir a otro sitio". Hasta esta mañana no ha aparecido el primer bulldozer en su pueblo.

"No hay efectivos, no hay medios, no hay coordinación y no hay control", advierte al tiempo que discrepa del discurso de la Junta de Comunidades. El dispositivo que ha llegado a la zona tampoco conoce las "carreteras", otro elemento que demora los trabajos.

Illana cree que los agentes movilizados "no pueden terminar de hacer sus labores porque les llaman para otro lado y no dan abasto". Sin embargo, las autoridades "tampoco dejan hacer nada" a los vecinos. Asegura que la posibilidad de utilizar sus tractores en favor de la extinción no les ha sido permitida.

"Se está quemando un parque natural"

Las limitaciones también recorren la prevención. "No te dejan ni coger piñas porque es un parque natural. Pero, luego, no hay mantenimiento ni cortafuegos", apunta.

"Los pinares hay que protegerlos en invierno", remarca. "¿Quién limpia los bosques? ¿Quién limpia el campo? Nadie. ¿Y qué pasa? Que es una cerilla". Apenas queda ganadería extensiva, una vía natural para el control de la vegetación.

La preocupación les inunda. "Se va a quemar todo, se va a quemar la sierra". Si la lengua de fuego "tira hacia Condemios se quema todo el hayedo [de Tejera Negra]". Si, en otra dirección, avanza hacia La Bodera y "coge todos esos pinares de Pinilla, ¿va a llegar hasta Sigüenza?", se plantea.

Los daños se ciernen sobre pinares, robledales, brezos o sabinas. "Estamos muy tristes porque no vamos a volver a ver nunca nuestra zona ni nuestro paisaje como era. Y lo que se está quemando es parque natural", enfatiza.