Charo, Lali, Gaby y Rocío representan cuatro de los testimonios de trabajadoras de servicios básicos en Castilla-La Mancha que ilustran este reportaje sobre la precariedad este 8M.

Charo, Lali, Gaby y Rocío representan cuatro de los testimonios de trabajadoras de servicios básicos en Castilla-La Mancha que ilustran este reportaje sobre la precariedad este 8M.

Región 8-M

El 8M de las mujeres que sostienen Castilla-La Mancha: "El liderazgo es de otra galaxia si no tienes para pagar el alquiler"

EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha habla con 7 trabajadoras de la región que se encargan de servicios básicos a cambio de sueldos precarios, contratos parciales, pluriempleo y una salud laboral comprometida.

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El 8 de marzo recuerda la huelga textil de 1911 en Nueva York. Allí, el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist mató a 146 personas, la mayoría mujeres migrantes. Los dueños bloqueaban las salidas para evitar descansos de los empleados.

Aquellas trabajadoras exigían el derecho a sindicarse, el fin del trabajo infantil y jornadas de menos de diez horas. En 1975, la ONU oficializó la fecha como el Día de la Mujer Trabajadora.

Hoy, lejos de los 'techos de cristal', muchas mujeres denuncian el 'suelo pegajoso' con empleos precarios, sueldos bajos, jornadas parciales y dificultades extremas para conciliar. EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha habla con 7 trabajadoras de servicios básicos de la región sobre su día a día.

1. Charo, ayuda a domicilio: "Medicadas vamos todas"

Rosario 'Charo' Zapata tiene 64 años. Trabaja en la Ayuda a Domicilio de Guadalajara, en una empresa donde el 100 % de la plantilla son mujeres. Asean y mueven a personas dependientes, un esfuerzo físico sin reconocimiento como enfermedad profesional. "Todas tenemos la espalda hecha polvo", asegura.

Charo.

Charo. Cedida

La carga mental es constante. "Los usuarios no están bien; entras con penas y sales peor", explica Charo. Hay situaciones que desbordan el turno. "A veces pones un pañal a las 12 de la mañana y llegas al día siguiente a las 10 y todavía lo tienen puesto". Ese desgaste no se compensa en la nómina. "Lo primero, somos humanas".

Aunque el salario mínimo subió en enero de 2026 a 1.221 euros brutos, en este sector se cobra menos por la parcialidad. "El 95 % tiene contratos de jornada parcial", lo que deja los sueldos en unos 800 euros. Sin pareja, la única salida es el pluriempleo; Charo estima que el 30 % de sus compañeras lo sufre.

El ocio y el autocuidado son lujos lejanos. "Yo como mucho me puedo ir una vez de vacaciones al año a lo más barato; normalmente a un albergue". A eso se suman hasta dos horas diarias de desplazamientos no remunerados entre casas.

"Medicadas vamos todas", confiesa. Se pasan analgésicos para aguantar el turno. Tras 30 años, su jubilación apenas llegará a los 1.000 euros. "Se nos queda la pensión mínima. Es la gran asignatura pendiente de todos los que vengan", concluye.

2. Laura, comedor escolar: "Las jóvenes nos vamos en cuanto podemos"

Laura tiene 35 años. Trabajó años en el comedor escolar de un centro de Toledo. "Son muy pocas horas y cobras poco; el trabajo es parcial y precario", explica. El puesto exige "atención total porque estás con menores", pero la obligaba a buscar complementos en la hostelería los fines de semana. "Tienes un horario que te parte la jornada y necesitas complementos".

Cree que la falta de conciencia y la pura necesidad frenan las reivindicaciones. "Es difícil exponerte cuando necesitas trabajar". Por eso, el relevo es imposible: "En cuanto podemos, las chicas jóvenes nos vamos".

3. Lali, limpieza de cole: "Las horas complementarias son un arma"

Lali limpia edificios del Ayuntamiento de Toledo, en concreto colegios. Denuncia que se contrata a nuevas compañeras por solo 20 horas cuando hay carga para jornadas completas. El objetivo, dice, es usar la ley de horas complementarias para no consolidar la jornada.

Lali.

Lali. Cedida

"Te llaman en cualquier momento, ya sea para cambiar de turno o para trabajar un sábado que no te corresponde". Es una presión directa porque si lo rechazas, "te castigan al mes siguiente". "A ver cómo vives con un contrato de 20 horas. Es una situación penosa".

Sufren afecciones respiratorias y dolencias crónicas de espalda o muñecas que no se reconocen como profesionales. Lali apunta al recorte de costes en contratos públicos. "Lo paga el trabajador; de ahí vienen las reducciones de jornada".

También señala la brecha de género en su sector dado que si una mujer sustituye a un hombre, con categoría de peón especialista, en la limpieza de patios, ella sigue cobrando como "limpiadora". "A pesar de hacer lo mismo, cobran un salario diferente".

4. Rocío, tienda: "He renunciado a ser madre"

Rocío trabaja en una tienda de ropa en Toledo. Tiene jornada completa y 15 años de antigüedad, pero el alquiler la expulsó de la ciudad. "Mi casero lo subió a 700 euros y con mi salario era inviable; me he tenido que marchar a un pueblo a media hora". Ahora gasta más en gasolina sin plus de transporte.

Rocío.

Rocío. Cedida

La conciliación es inexistente: "Estamos condenadas a trabajar fines de semana hasta las diez de la noche y festivos". Critica que las reducciones de jornada solo se logran "pasando por un juez".

Con 1.200 euros de sueldo, la maternidad se ha vuelto imposible para ella. "No me lo he podido plantear porque es imposible sostener la economía con una reducción de jornada", explica.

Los debates sobre liderazgo le suenan lejanos y "de otra galaxia" cuando la pelea es "pagar el alquiler" o "tener que conformarte con un Happy Meal del McDonald's si salgo a cenar el fin de semana".

5. Gaby, kelly: "Somos las esclavas de los hoteles"

Gaby nació en Rumanía y lleva 19 años limpiando habitaciones de hotel en Toledo. Reciben 2,50 euros por cuarto. "Los jóvenes no aceptan jornadas interminables y una exigencia imposible", afirma. Su cuerpo se resiente con bursitis, codo de tenista y túnel carpiano sin el reconocimiento de la enfermedad profesional. "Hay que pelear con la mutua porque siempre quieren mandarte por la Seguridad Social".

Gaby.

Gaby. Cedida

Le denegaron un ascenso porque "saben que no voy a machacar a mis compañeras". Pide la jubilación anticipada a los 58 años para este colectivo como principal mejora si existiera una 'varita mágica'. "No somos máquinas; limpiar 17 habitaciones diarias con todos sus detalles no es humano".

Cree que las inspecciones de trabajo no funcionan porque el hotel suele estar avisado. Su lucha es para que su hija y otras jóvenes "tengan mejores condiciones que nosotras".

6. Ana, educadora infantil: "Terminamos agotadas y frustradas"

Ana lleva dos décadas en centros infantiles privados en Toledo. "Es el trabajo más bonito del mundo y el peor tratado", dice. Lamenta que se sigan llamando "guarderías" a centros educativos clave. La carga es asfixiante y siente poco reconocimiento al colectivo. "Una sola persona se hace cargo de hasta 20 niños de 2 a 3 años".

Al final del día, la sensación es de frustración "por no poder dedicar a cada niño el tiempo que necesita". Reivindican sueldos dignos, porque muchas no alcanzan el SMI, y una bajada de ratios urgente.

7. Pilar, fábrica: "Cuesta salir adelante con un solo sueldo"

Pilar es oficial de segunda en una fábrica de dulces en Ciudad Real. Son 127 trabajadores y la mayoría son mujeres, pero la conciliación solo llega a cinco. "Hay que destacar que las personas que tenemos la conciliación somos mujeres". Ella tiene custodia compartida, la única manera de poder ejercer como madre. "Si no, a mi hijo no lo vería".

Es uno de los convenios más bajos. Con sueldos de entre 1.200 y 1.400 euros y sin carrera profesional, el salario depende de pluses fijados individualmente.

Pilar.

Pilar. Cedida

"Cuesta salir adelante cuando en un hogar solo entra un sueldo". Además, viven sin calendario fijo. "Nos dicen el jueves tarde lo que iríamos el lunes. Es complicado organizar un dentista o un cumpleaños". Pide, al menos, un cuadrante quincenal. "Nos vendría genial".

Estas historias en Castilla-La Mancha demuestran que el 8 de marzo no puede olvidar a los salarios más bajos. Lo que cuentan Rosario, Lali, Gaby o Rocío no es falta de ambición, es un sistema de contratos parciales, turnos partidos y sueldos que no cubren gastos básicos y, menos, el ocio.

El 'suelo pegajoso' son mujeres que toman medicación para aguantar la jornada y renuncias personales por pura economía. En 2026, quienes sostienen los servicios básicos siguen reclamando lo elemental: horarios para vivir, sueldos para vivir y no dejarse la salud física y emocional en el puesto de trabajo.