Los madrugadores del Valle nos damos los buenos días como personas civilizadas a las siete de la mañana, aunque no nos conozcamos de nada. Salimos a esas horas porque sabemos que el resto de la jornada agosteña transcurre entre la modorra y la moscarda.

Los cardenales mandaron levantar los cigarrales para conseguir una huerta al otro lado del río y evitar los calores soporíferos del verano. Escucharon batir alas y patitas de la cigarra y ahí comenzó la leyenda.

En Toledo, todo es leyenda, desde la Piedra del Rey Moro hasta el asedio al Alcázar. Pocas veces una ciudad está tan enraizada en la bruma como para difuminar los contornos de la realidad con el sueño. En Toledo pasa y por ello los artistas se confunden.

Esta semana ha venido a la radio Fran Contreras, uno de los periodistas mejores que tiene España en el ámbito de la magia y el misterio. Y se fue obnubilado de nuevo tras ver la magnífica exposición de Primada y las Cuevas de Hércules. En Toledo el tiempo no pasa, se queda a vivir entre la piedra y la siesta.

Los madrugadores del Valle contamos con todo ello y sabemos que quien nos da los buenos días es de carne y hueso. El otro día, una bella señorita, que sirvió de inspiración para este artículo. Jamás a un bajito y feo como yo le hubiera saludado una señora como esa en una discoteca.

Esto habla de la civilización, que decía antes. O, al menos, la cultura, donde somos tan distintos y por lo que chocamos tanto. Ese es el problema de la inmigración, no los derechos humanos que todos comprendemos. La cuestión es si ellos también los comprenden viniendo de la satrapía y la tiranía ominosa.

Pero no hay problemas. Pedro duerme a pierna suelta en La Mareta, aunque luego se olvide ponérsela para la foto. Y Milagros Tolón nos consigue la final para España en el Mundial de Marruecos. A ver cómo lidia ese toro la ministra.

El Valle es lugar de ensueño que quizá se llene este miércoles para ver el eclipse. Creo que acudiré al no llegar a Yebes para acompañar a Zoroastro. La ocultación del sol por la luna o los planetas traía interpretaciones cáusticas y catastróficas en las culturas antiguas. Aquí, lo más que ha traído son las gafas, la baturra mediática y el volver a los pueblos.

Igual aprovechan el eclipse para invadir Ceuta de nuevo, que sigue con diez mil inmigrantes por las calles. Es el temblor de agosto y la sordina del verano. Así es imposible que aquí Emiliano gane unas elecciones, con la losa de Pedro por arriba.

Como no se mueva, le va a pasar como a la peña del Rey Moro, que se quedó petrificada para la historia. Me alegra, no obstante, el eclipse si mueve dinero en los pueblos de la sierra y el monte.

Los madrugadores del Valle tenemos, en fin, otra mentalidad que se arregla por las mañanas y da el día concluso a media tarde. Nos acostamos temprano y levantamos a las cinco para ver la amanecida, lo más precioso que el cielo puso para el hombre.

La piedra vuelve a emerger de entre el Tajo como una niebla dispersa que ahoga el sonido de los patos. Es Toledo, con su majestuosidad e imponencia de siempre. La suntuosidad de sus palacios se asombra con el paso de los siglos. Eso, los franceses del Puy du Fou lo supieron ver y ya levantan hoteles.

Para quedarse a dormir. Y soñar con el infinito cielo que barre de nubes el aire que sale de la Degollada. Aquí me quiero quedar en agosto. Aunque al día se le acorten las horas por el calor. Toledo infinito y Valle de ensueño. Bendito sea.