Confidencial

Page sale de la melancolía, recupera el tono y se anima el debate parlamentario

19 octubre, 2017 00:00

Un año más se ha cumplido con el trámite parlamentario del Debate del Estado de la Región, que en los últimos años había ido decayendo por el cansancio que supone repetir durante treinta años los mismos argumentos y los mismos comportamientos por parte de los que gobiernan y los que se les oponen. En esta legislatura los grandes debates como el de la Región o los de Presupuestos se habían desfigurado de forma alarmante por la extraña y novedosa situación política derivada de la constitución de un parlamento en el que ningún grupo político tiene mayoría absoluta y de las vicisitudes derivadas de esa circunstancia no solo para formar gobierno sino para permitir desarrollar su gestión con normalidad y eficacia. Lo cierto es que los dos últimos años se han dedicado mayormente a intentar hacer funcionar al ejecutivo sobre la base del pacto de investidura del PSOE y Podemos y con los presupuestos generales como telón de fondo. En eso se han ido muchas energías y recursos hasta que finalmente, en un giro inesperado e insólito en la historia de nuestra región, los dos partidos de izquierda se han puesto de acuerdo para gobernar juntos. Pero se han necesitado más de dos años para lograrlo y un sinfín de enfrentamientos y problemas que se proyectaron sobre el funcionamiento del parlamento regional y sobre sus debates más sonados.

De esta forma, el presidente del gobierno que vimos debatir ayer en la tribuna nada tiene que ver con el del último debate de presupuestos ni con el del Estado de la Región del año pasado. Emiliano García-Page tiene presupuestos y se nota. Ha superado la etapa de melancolía en la que le han tenido inmerso sus problemas de partido a nivel nacional y regional, su tormentosa relación con los diputados de Podemos con los que pactó, la traición presupuestaria que ha sufrido, los reveses políticos e institucionales, las contradicciones en las que ha incurrido y, lo más importante, la imposibilidad de gestionar con normalidad el destino del territorio que preside. Parece ahora tan animado que empleó tres larguísimas horas para poder dar detalle de la interminable lista de propuestas que llevaba bajo el brazo, en la línea de sus antecesores, pero a lo bestia. No es que el debate haya aportado grandes novedades ni permita albergar grandes esperanzas sobre nuestro futuro común, pero al menos se vio a un presidente más animado y más creyendo en su papel.

La portavoz del PP, Ana Guarinos, que tiene una oratoria de ametralladora, actuó con contundencia y sin contemplaciones y centró buena parte de su discurso en el asunto que más preocupa en estos momentos a los españoles, el desafío independentista, para tratar de dejar en evidencia el Gobierno Page-Podemos. Ahí llevó a Page a su terreno, que en las dos réplicas no habló prácticamente de otra cosa. Llama la atención que Page se quejara del trato recibido de Guarinos, sin asumir que el montón de críticas que la portavoz “popular” lanzó contra él son casi las mismas que él lanza habitualmente contra Cospedal sin que esté presente. Ayer sin ir más lejos. Por su parte, la portavoz de Podemos, María Díaz, además de que se le notan sus pocas tablas, tuvo el difícil cometido de ser crítica con el presidente con el que gobierna su partido. Al final solo fue crítica con el PP, mientras que la portavoz del PSOE, Blanca Fernández, representó de forma aseada su papel. En cualquier caso hay que felicitarse por el hecho de que nuestras Cortes hayan recuperado parte del tono perdido y se haya animado el debate sin necesidad de excesos ni numeritos al margen de la tribuna de oradores. Algo es algo.