Hemos visto esta semana los vídeos del famoso comité federal del primero de octubre donde Sánchez intentó un pucherazo a la vista de los delegados que en él participaban. Fue el famoso encuentro donde el inolvidable Fernández Vaquero alzó los brazos y quedó inmortalizado en la portada de El País al día siguiente. Era el gesto de la desesperación, el escándalo y el tongo… Una especie de cómo es posible esto y hagan algo para pararlo. Esa noche se consiguió, pero la militancia socialista compró después el discurso del Peugeot, que también se ha demostrado falso. Era un Mercedes. Nunca tan pocos hicieron tanto daño. Pero eso es lo de menos, viendo donde estamos llegando. Ha dicho Page que algún día con tiempo contará lo que allí pasó y cómo se prepararon las cosas para que ocurrieran de una determinada manera. Y, en voz alta, hizo el viernes una reflexión que ya le rondaba la cabeza sólo quince días después de aquel episodio. "Yo ese día me di cuenta de lo que le caería encima a España si prosperaban algunas tesis… Lamentablemente, de aquellos polvos, estos lodos". Page vio el fondo de ojos a Sánchez.

Lo he contado ya algunas veces, pero reitero. Ya entonces sobre la mesa estaba el pacto con Esquerra y Batasuna… O, lo que es lo mismo, la financiación singular para Cataluña y la salida de presos a la calle. Eso sí que es prioridad nacional. Acción, reacción. Explicado desde Burke tras la Revolución Francesa. Tan sencillo como esto. Hacer lo que sea para estar en Moncloa. El cinismo del poder. Realmente, a Sánchez, después de su Ley de Nietos en la que intentará perpetuarse ya como infante de España y tras la regularización pantagruélica de al fondo hay sitio, sólo le queda la Corona. Y no me extrañaría que la tocara si le hiciese falta. A cambio, hermano y esposa imputados, sus manos derecha e izquierda procesados y la compra de la amnistía a cambio de investidura. Y una carrera hecha con tesis falsas y dinero prostibulario. No te digo que me lo mejores, iguálamelo. Este fin de semana, un sanchista me dijo que todo eso era legítimo. Al núcleo duro del átomo vuelan hasta los electrones cuando se agita el peligro.

Sin embargo, no hay de qué alarmarse, porque la derecha ya está haciendo bastante para depredarse a sí misma. Si Sánchez lograse su cuarto mandato, habría que preguntarse qué estaba haciendo cada uno, aparte del indio, para evitarlo. La responsabilidad será tremenda y cruel para los hunos y los hotros de la propia derecha. El cebo de la prioridad nacional que ha introducido Vox -los covadongos, como con acierto, les llama Ignacio Camacho- tiene muchas aristas. Pero ha conseguido que la izquierda pida las sales y vuelva a su afectación teatral, que es lo que mejor sabe y conoce. ¡Racismo, racismo!... Si uno ha de asistir a su hijo o a un extraño, a quién acude primero. La colonia de los palacios escuece a los que están junto al lodo. Y ahí anda la clase obrera, que por ello compra el discurso contra el diferente. Unos pagan y otros reciben… Cuidado… Entre pucherazos y aspavientos anda el juego. El debate sería más sustancial si la derecha hiciese caso a sus mitos y usara el sentido del humor. No hace falta que vengan en masa, si al final, como decía Cánovas, es español quien no puede ser otra cosa.