Imagen de un tratamiento de manicura en proceso.
La guerra de las uñas se libra en Toledo: un franquiciado acusa a Nails Factory de estafa y la marca defiende sus productos
La empresa lamenta la "temeridad" de una actuación que compromete su reputación y se reserva, "cuando corresponda, las acciones oportunas".
Más información: Ni francesa ni estampadas: la tendencia en manicura que rejuvenece y arrasa entre las españolas más elegantes
Un franquiciado toledano de Nails Factory ha llevado a los juzgados a la mayor cadena de manicura de España. Acusa a la compañía con sede en Arganda del Rey (Madrid) de estafa o apropiación indebida, entre otros presuntos delitos, y hasta de usar productos dudosos para la salud. Mientras, la marca lo niega todo y se prepara para contraatacar.
El empresario Pablo Casanova, hasta hace solo unos días gerente de tres tiendas de Nails Factory en Toledo, ha presentado una denuncia penal en los juzgados de la capital regional contra la empresa matriz, un gigante del cuidado de las uñas con cerca de 200 establecimientos en España.
Según ha detallado a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, pide a la Justicia que investigue a la marca por estafa, administración desleal, apropiación indebida, utilización de secretos de empresa, acceso no consentido a sistemas de información y un delito contra la salud pública.
Una batalla judicial que arranca con versiones opuestas. El demandante sostiene que un juzgado de instrucción ya ha incoado diligencias previas. La empresa, en cambio, asegura que no tiene ninguna comunicación oficial.
"No nos ha llegado nada ni nos ha requerido nadie: ni ayer [por el miércoles], ni hoy [por el jueves, hasta mediodía], ni nada", ha comentado a este periódico Mariano Palacios, portavoz de la compañía.
Indignación en Nails Factory
La sociedad denunciada se declara "completamente sorprendida e indignada" por las acusaciones que, "sin ningún tipo de base ni fundamento", ha formulado Casanova. También lamenta la "trascendencia pública" y mediática que ha alcanzado el conflicto después de que Europa Press se hiciese eco días atrás de la demanda.
Nails Factory ha confirmado que "emprenderá, cuando corresponda, las acciones oportunas" contra su antiguo socio.
Según Casanova, la relación —iniciada hace aproximadamente un año— empezó a deteriorarse en el verano de 2025, cuando dejó de pagar a la central. "Entiendo que no me están dando un servicio", ha reconocido a este periódico.
La pasada semana, el franquiciado abonó casi 15.000 euros que le reclamaba la compañía. La empresa confirma ese pago.
Tras el ingreso, se rompió la relación. "Cobran el cheque y me dicen que no quieren seguir trabajando con nosotros", resume el empresario toledano. Desde la central replican que los contratos "están resueltos por incumplimiento del franquiciado".
Casanova sostiene lo contrario: "Lo han roto ellos, no yo. Ellos cobran y dicen: 'Ya no trabajas con nosotros'. Y se quedan con los 12.000 clientes de la base de datos; y lo hacen para no hacerse cargo de toda la mercancía que tengo".
"¿Dejé de pagarles en agosto? Sí. ¿Ya les he pagado todo? También", ha remarcado el propietario de las tres tiendas de manicura. "Pagué porque me chantajearon: si no lo hacía, me iban a retirar la franquicia. Pero pagué y al día siguiente me la quitaron".
Controversia por los productos
Casanova sitúa uno de los principales choques en el uso de productos que, según su versión, estaban obsoletos. Relata que la aparición de "botes [de productos cosméticos] de los años 2017, 2018, 2019 o 2020" cambió su relación con la central.
"Mandamos un burofax a la marca para que nos lo cambiaran, pero no nos cambiaron nada: tuve que asumirlo, me dijeron que eso no caduca", ha recordado.
Sin embargo, asegura que "hicimos alguna consulta y nos dijeron que todo lo que supere los dos años y tenga contacto con la salud no se debe dar", y apela a "la seguridad de mis clientas".
Además de la presunta caducidad de algunos materiales, el franquiciado menciona "una normativa europea que prohíbe el uso de una serie de productos [se refiere al Reglamento 2025/877 de la Comisión Europea]", otro motivo de confrontación.
La empresa rechaza que la polémica tenga que ver con productos caducados. "Son productos que no tienen una fecha de caducidad cerrada", ha detallado Palacios, por la duración que se le atribuye "a un producto químico, inerte, inorgánico".
Supuesta confusión
En cualquier caso, sostiene que el franquiciado "estaba confundiendo el número de lote y la fecha de fabricación con la fecha de caducidad".
Casanova, por su parte, afirma que la mercancía será "depositada" en el juzgado en los próximos días. "El producto defectuoso que he ido encontrando lo he sacado automáticamente de la circulación".
Ante las dudas, Nails Factory ha enviado "un mensaje de tranquilidad a sus clientes" y asegura que los productos utilizados en sus centros "cumplen plenamente con la normativa aplicable y los estándares de seguridad".
Ruptura del negocio
Según el testimonio de Casanova, ha tenido 14 personas asalariadas en las tres franquicias de Toledo y ha invertido 300.000 euros en un negocio que iba "muy bien". Ambas partes coinciden en que el arranque fue positivo. "Tuvimos una relación fluida hasta que dejó de serlo", resume el franquiciado.
La versión de la central difiere en las causas. "Las cosas empiezan razonablemente bien hasta que, de buenas a primeras, deja de pagar canon, royalties y todo", afirma Palacios.
Nails Factory se queja de que "si tu socio te está dando cada día una salida de pata de banco y una historia, pues al final…". A su juicio, "una relación de franquicia se basa en la confianza entre dos partes y en el día a día".
El portavoz usa una comparación para explicar el desgaste: "A tu casero, si no te arregla la lavadora porque se te ha roto, tú no le puedes decir que ahora no le pagas: no se lo puedes hacer porque eso es una causa de desahucio".
Tras "meses y meses y meses de sufrir todo esto", la empresa comunicó mediante un burofax enviado el 27 de febrero la resolución de los contratos.
Reputación dañada
Pese a ello, la denuncia penal y su recorrido público han generado malestar en la matriz por "lo que significa para la reputación de una marca".
La central asegura mantener una "postura de prudencia y de defensa de nuestro prestigio". Considera que el conflicto debería haberse resuelto como "un mero desencuentro comercial que acaba en una ruptura de relaciones contractuales entre dos empresas, una cosa que ha pasado, pasa y pasará".
"Lo que no es común", añaden, es que "una de las partes se vaya a un juzgado de guardia a decir barbaridades y, con la copia sellada, se vaya a una agencia de noticias a seguir diciendo barbaridades".
Según Palacios, se trata de una reacción que, "en más de dos décadas de experiencia con nuestras empresas y nuestras franquicias, no nos había pasado jamás". "No había visto tal grado de temeridad en mi vida, esto es muy fuerte".
En Nails Factory "estamos, lógicamente, disgustados y estamos un poquito dolidos con esto, que no nos hubiéramos esperado esto jamás", ha reiterado el portavoz, que confía en que "se aclarará".
Por caminos separados
La compañía ha exigido al franquiciado "la retirada inmediata de la marca Nails Factory: desde el momento en que ya no tiene contrato, está aprovechándose de la reputación ajena para captar clientela y ganar un dinero que no le corresponde con mi marca", ha señalado Palacios.
También insiste en "la obligación [contractual] de cesar en la actividad en esos puntos de venta".
Pese a la ruptura con su socio en la capital de Castilla-La Mancha, Nails Factory asegura que "volverá a tener sus acuerdos para estar presente en Toledo" y subraya que cuenta con "una clientela fantástica que valora nuestros servicios y nos valora bien como marca y nosotros a ellos como clientes".
Casanova, por su parte, también quiere seguir en el negocio. Ha alcanzado "acuerdos con dos de las principales marcas a nivel mundial de productos de esmaltes" y asegura un futuro "muy tranquilo con el servicio que les voy a dar a mis clientes".