Mariano de Cavia se quedó aterrado al comprobar la fragilidad del Museo del Prado ante el riesgo de un incendio. Vio en sueños arder Las Meninas de Velázquez y la Maja desnuda de Goya, los cuadros de Ticiano y el Greco, las obras de Mantegna y el Bosco. Decidió hacer un servicio impagable al mundo de la cultura. Y publicó un reportaje como si el incendio hubiera sucedido. Aquel lector madrileño de principios de siglo XX, que carecía de internet, de televisión y de radio, se lo creyó todo y se sintió estremecer. Alfonso XIII tomó cartas en el asunto y el Museo del Prado fue dotado de un eficaz servicio contraincendios.

Cuando el humor puede aplicarse sin reacciones violentas a un pasaje terrible de la historia se pasa realmente página. La Vaquilla de Berlanga, con su sátira sobre la guerra incivil española, o la genialidad de Albert Boadella al desmitificar al dictador Franco en Buen viaje, Excelencia, contribuyeron a la superación de ambas tragedias en la opinión pública. La Prensa española tiene además una larga tradición del fake. Durante mucho tiempo, un día al año, el 28 de diciembre, la mayor parte de los periódicos se inventaban, a veces con extraordinario ingenio, noticias probables o inverosímiles. Una buena parte de los lectores picaban en ellas. Durante los quince años que dirigí el ABC verdadero no dejé pasar un 28 de diciembre sin la inocentada de rigor.

Cuando Jordi Évole me propuso un fake sobre el 23-F acepté sin dudarlo. Ha pasado tiempo suficiente para que aquella fecha terrible pueda ser tratada desde la sorna y el humor. El secreto profesional me impide contar lo que sé del 23-F. Jesús Palacios es el historiador que más se ha aproximado en su investigación sobre lo que entonces ocurrió. El 70% está ya desvelado. Queda un 30% por conocer y somos ya muy pocos los que, por una razón u otra, podríamos intentar la explicación del fondo de la cuestión. El Rey calificó a Armada de traidor y, probablemente, ahí está la clave para desentrañar el 23-F. En el Gobierno de concentración nacional ideado por agentes del CESID, dentro de la llamada “Operación De Gaulle” para evitar un golpe de Estado dictatorial y taponar la hemorragia generada por Eta, figuraban Armada como presidente y Felipe González como vicepresidente, junto a tres ministros socialistas, Peces-Barba, Múgica y Javier Solana; dos comunistas, Solé Tura y Tamames; seis de partidos de centro derecha, Areilza, Fraga, José Luis Álvarez, Herrero de Miñón, Pío Cabanillas y Rodríguez Sahagún; y dos independientes: Carlos Ferrer Salat y quien firma estas líneas. Santiago Carrillo resumió así su versión sobre el 23-F, según García Montero: “Hubo una trama política aprobada por el Rey para sustituir el Gobierno de Suárez por otro de unidad nacional presidido por Armada. Como justificación de esa medida en la que estuvieron de acuerdo algunos personajes seleccionados del PSOE, AP y UCD, se pensó en una intentona militar que legitimase ante la opinión pública una solución de urgencia”. Carrillo vivió en París la toma del poder por el general De Gaulle en 1958 y estableció un paralelismo que solo en parte respondía a la realidad.

Pero lo importante de la pirueta de Jordi Évole, que tanto éxito ha tenido, que tantos elogios ha suscitado, que tantas diatribas ha provocado, es que la democracia española, sólidamente consolidada, puede hacer burla del intento que, quizá por la traición del general Armada, estuvo a punto de fracturarla.

ZIGZAG

Nélida Piñon es uno de los nombres relevantes, hoy, de la literatura universal. La calidad de su escritura, la profundidad de su pensamiento, la inquietud ante las nuevas ideas la han convertido en escritora de referencia y no solo en el mundo iberoamericano. Bethy Lagardère ha publicado Tenho apetíte de almas, una fotobiografía de la autora de La seducción de la memoria. Libro interesantísimo en el que se subrayan con la imagen los aspectos determinantes de la vida de Nélida Piñon.