Francisco Mora

Francisco Mora

Fisiólogo. Autor de Neuroeducador (Alianza)

¿Hacia un mundo cultural revolucionario?

Se piensa poco sobre la trascendencia que tiene la cultura que nos rodea en nuestros cerebros. Pocos somos conscientes de los conocimientos actuales de la Ciencia del Cerebro (Neurociencia) y lo que representan para clarificar la biología de los procesos mentales. Y sin embargo esta relación cultura-cerebro simboliza hoy el centro de lo que somos como seres humanos.

Es una relación viva y dinámica que viene determinada por las interconexiones de las neuronas cerebrales (sinapsis) realizada bajo la dirección del ambiente cultural en el que vivimos. Proceso éste, de conexión interneuronal (anatómica y funcional), que se organiza, tras el nacimiento, en casi un 75 %, en función de la cultura en que se desarrolla y gracias a las propiedades plásticas (modificables) del cerebro.

Todo esto es lo que nos lleva a considerar seriamente la enorme influencia de los cambios culturales. Vivimos tiempos "convulsos" en ideas y conceptos. La rapidez de estos cambios se trasforma en pensamientos y conductas, en choques generacionales. Y esto refiere a la enorme influencia en las películas que vemos en diversos soportes técnicos, los medios de comunicación con las redes, los libros que leemos, el cine, la televisión y la publicidad, tan repetida y de tan poco valor intelectual. Todo ello, repito, cambiando a un paso vertiginoso. ¿Acaso todo esto nos está conduciendo a una concepción nueva de nosotros mismos?

Un mundo nuevo se abre a través de la inteligencia artificial y sus algoritmos. Desde coches sin conductor a máquinas sofisticadas que aprenden, memorizan y automatizan muchas labores



Sin duda, hay que añadir el mundo nuevo que se abre a través de todo lo que aporta la Inteligencia Artificial que, con sus algoritmos, ya está revolucionando las comunicaciones e interacciones sociales humanas, desde coches sin conductor, drones que, tras geolocalizarte, entregan en tu puerta mensajes, un pedido realizado horas antes por internet, máquinas altamente sofisticadas que aprenden, memorizan y automatizan muchas labores de la industria y, por supuesto, de los hogares.

Y sobre todo la perspectiva de los robots humanoides, equipados con algoritmos muy sofisticados, capaces de aprender, memorizar y avanzar hacia nuevos conocimientos en un mundo diferente y desconocido. Mundo nuevo que incluye ese universo emocional de la antropomorfización de los robots que les puede conducir a interaccionar con los seres humanos a niveles nunca antes imaginados.

Ya tenemos ejemplos de ello cuando persona y robot se reconocen mutuamente con la voz, las caras y los gestos, y las propias palabras, incluso con una "tinte" emocional. ¿Acaso no poseemos ya robots de un alto diseño en forma y "mentalidad" capaces de convertirse en "tutores"?

A mí, personalmente, no me cabe duda alguna que se avecina una auténtica revolución cultural con implicaciones muy lejos todavía de ser medidas y solo intuibles a través de algunas películas. La pregunta que ahora está naciendo es: ¿En qué forma estos nuevos "derroteros" culturales podrían llevarnos eventualmente a diluir, incluso perder, la esencia de lo que significa humano? ¿No nos está constriñendo parte de nuestra libertad? ¿Transhumanismo? ¿Posthumanismo?

Idoia Salazar

Idoia salazar

Presidenta de OdiseIA y coautora de El mito del algoritmo (Anaya)

Accesibilidad y revelo generacional

¡La tecnología rompe con las tradiciones! ¡Elimina antiguos formatos y define las tendencias! Existen tópicos difíciles de atajar en torno a la incidencia de los nuevos inventos tecnológicos sobre la cultura y su difusión. Tendemos a pensar en esa necesidad de bloqueo de lo antiguo frente a las novedades, a veces sin pararnos a recapacitar si es realmente bueno que dicho "relevo generacional" ocurra de manera drástica. Partamos de una base común para todos los momentos de la historia: el derecho de todo ciudadano a consumir "cultura", se halle en el lugar en el que se halle.

Es importante la accesibilidad a ese conocimiento. La facilidad de su acceso, independientemente de su edad o condición social. La inclusión de aquellas personas que, por discapacidades diversas, lo tienen más difícil. Esta es la base que hay que perseguir.

Los nuevos dispositivos tecnológicos, como teléfonos móviles, tablets, ebooks… nos ofrecen la posibilidad de "llevar la cultura siempre con nosotros". Internet ofrece la posibilidad de acceso a los sitios web de instituciones y organismos que han digitalizado sus contenidos y, así, han democratizado su acceso al mundo entero.

La Biblioteca Nacional de España (BNE) es un ejemplo de ello. Respecto a la accesibilidad a la cultura de personas con ceguera y/o sordera, las nuevas tecnologías han sido claves. Posibilitan y rompen barreras. En este sentido aún queda mucho por hacer, pero ya hay avances significativos para que una persona "sin visión" pueda apreciar un cuadro, una escultura o incluso "ver" la televisión. Por otro lado, las plataformas audiovisuales como Netflix ofrecen multitud de series y películas a la carta.

No desbanquemos "lo antiguo". Hablemos de "convivencia", siempre que sea posible, para no olvidar a las cada vez más amplias minorías que se quedan en "en el tintero" de la incertidumbre

Gracias a sistemas de Inteligencia Artificial es posible conocer, con bastante exactitud, las tendencias y gustos de las audiencias y así elaborar contenidos más ajustados a los requerimientos del público. Hay muchos "pros", aunque, sin duda, también "contras".

Los sistemas de recomendaciones instalados en diversas plataformas podrían "guiar" inconscientemente a sus usuarios hacia un consumo extremadamente interesado y dirigido, motivado por una "visión de túnel" de la que resulta difícil salir para cierto público que no lo entiende como una "recomendación", sino como una "obligación".

Para resolver esta cuestión es importante una mayor educación sobre el impacto de estas tecnologías y fomentar una de las grandes habilidades de este siglo: "el criterio personal". Por otro lado, el hecho de apostar de manera prioritaria por los nuevos formatos digitales hace que olvidemos que estos pueden no estar disponibles para todo el público.

Conclusión. No desbanquemos "lo antiguo" sin pensar bien antes sus consecuencias. Hablemos de "convivencia" y "complementariedad", siempre que sea posible, para no olvidar a las cada vez más amplias minorías que se quedan en "en el tintero" de la incertidumbre, ampliando la brecha social-cultural. Busquemos objetivos que satisfacer con las nuevas tecnologías para que el acceso a la cultura siga siendo cada vez más universal. Hay que intentarlo.