Agustín Fernández-Mallo

Acaba de editarse en España Relatos para piano (Jus Libreros, México), del uruguayo Felisberto Hernández (1902-1964), vanguardista por antonomasia de las letras latinoamericanas, y no muy leído y peor editado en estas latitudes. En su adolescencia y primera juventud, se dedicó a acompañar en vivo al piano las proyecciones de películas mudas en su Montevideo natal, también estrenó obras propias, después iría a París, y a su regreso se aplicaría casi exclusivamente a las letras. Leídos hoy, sus cuentos aún señalan nuevos caminos a cualquier lector o escritor curioso. Me refiero a esa modernidad que hay en algunas cosas, y que, con independencia de la fecha en que sean leídas, las hace enteramente contemporáneas.



Sus cuentos tienen una cualidad cabal que sin embargo remite a la excentricidad, arquitectura donde las situaciones más cotidianas toman de pronto una originalísima pátina, como el intercambio de roles entre objetos y personas, cierta personificación de la red material que nos rodea. De él dijo Cortázar: "Como todos los grandes escritores, nos alcanza una llave para abrir puertas del futuro y salir al aire libre"; y García Márquez: "Si no fuera por Felisberto Hernández, no sería el escritor que soy"; o Italo Calvino: "Desafía toda clasificación y todo marco".



Sus cuentos rebosan de un desafiante humor: tenebroso y sutil, en el límite de lo disparatado, donde la realidad es desviada de sus estándares para cuestionar qué es una visión, y si tras esa visión hay alguna existencia útil para conjugar el extrañamiento del mundo, extrañamiento sin el cual la escritura es mero documento de compraventa de un inmueble. Curiosidad biográfica: tras conocerla en París, estuvo casado varios años con la española María Luisa de las Heras, espía de la KGB y modista de tapadera, tan buena en ambas profesiones que él nunca lo supo.



@FdezMallo