Agustín Fernández Mallo

25 de marzo de 1980, el más famoso semiólogo del siglo XX, Roland Barthes, muere en París atropellado por una furgoneta de reparto. Hasta aquí la historia que todos conocemos. Pero, cual cómica pareja a lo Quijote y Sancho, o Tintín y Haddock, pronto un policía muy autoritario, de pensamiento romo y refractario a toda intelectualidad, y un melenudo joven aspirante a profesor titular de semiótica, que además sueña con una revolución, comienzan a sospechar que todo el elenco de filósofos franceses estructuralistas y postestructuralistas, así como la inteligencia rusa y el Partido Comunista Francés, se hallan involucrados en la muerte de Barthes. El motivo: una desconocida y breve nota en la que Barthes habría esbozado una mágica "séptima función del lenguaje". En clave de novela negra francesa (casi a lo Chabrol) desfilarán Foucault, Deleuze, Althusser, Kristeva y demás como personajes de ficción. La tensión de género policíaco es introducida en el ambiente doméstico y la intrahistoria de la intelectualidad y política francesa de esos años. La novela que relata esta divertidísima trama es la recién editada La séptima función del lenguaje (Seix Barral), de Laurent Binet (París, 1972) conocido sobre todo por el Premio Goncourt a su primera novela. Maravillosa.



Barthes, como buen semiólogo, habló de los significados de los peinados y del pelo. Bien, otro libro que me ha gustado mucho es Pelos (Páginas de Espuma), del colectivo Microlocas. Con la excusa de catalogar las variantes y funciones históricas, políticas, humorísticas, sentimentales o identitarias del vello femenino (ocasionalmente masculino), nos deja pequeñas piezas, casi microrrelatos, de factura altamente poética y muy refinadas imágenes. A lo "Idioma Analítico de John Wilkins", tiene un aire de inteligentísima y descabellada entrada de diccionario llevaba hasta el infinito.



Todo un hallazgo.



@FdezMallo