Paraísos perdidos (AdN) es la primera entrega del nuevo proyecto monumental La travesía de los tiempos, del escritor franco-belga Éric-Emmanuel Schmitt (1960). Se presentó esta semana en Madrid, Barcelona y Sevilla. Autor de míticas novelas como El señor Ibrahim y las flores del Corán o El hijo de Noé, su frenética actividad de escritor, actor y conferenciante, traducido a más de 40 idiomas, no le han impedido sumergirse en la historia de la humanidad, en ocho volúmenes. ¿Cómo es posible? “Cuando tuve la idea, hace treinta años, no tenía la madurez necesaria para afrontar un trabajo así, pero me he pasado todo ese tiempo pensando, leyendo y escribiendo. Ahora estoy preparado”.

Miembro de la Academia Goncourt y de la Academia de las letras belga, catedrático de filosofía, galardonado con el Gran Premio de la Academia de las letras francesas por el conjunto de su obra, nos preguntamos si tal currículum cuadra con su forma de escribir: amena, adictiva, colosal, capaz de mezclar el género ficticio con el filosófico, el de aventuras con el histórico, el dialogante con el reflexivo. Éric-Emmanuel Schmitt es todos estos géneros en uno. “Transgénero”, dijo este miércoles con humor en la presentación que hizo en el Instituto francés de Madrid, ya que, a todos estos ingredientes, el autor añade el fundamental: el humor.

Paraísos perdidos cuenta la historia de Noam, nacido hace ocho mil años en un poblado lacustre en medio de una naturaleza paradisíaca. Hijo del jefe del clan, su vida cambia cuando llega al poblado Tibor el curandero junto a su hija Noura, una mujer fascinante, que le plantea desafíos y le hará crecer. Hasta pasar a la historia como el famoso Noé del diluvio.

“Este primer volumen ensalza, por así decirlo, el decorado: un contexto neolítico. Es la última vez que la naturaleza tiene el control; después, el ser humano es quien dominará”, explica Schmitt. “Noé está en el momento de transición. Nosotros vivimos hoy en una naturaleza totalmente humanizada, desequilibrada por nuestra actividad. Es lo que llamamos antropocentrismo. Noam quiere salvar el mundo antiguo del que proviene. Por eso esta figura me parecía fundadora de la Historia que, para mí, comienza después del Diluvio”.

Pregunta. Es un proyecto ambicioso. Ocho volúmenes del viaje de Noam a través de la Historia de la Humanidad. Cuando se la contó a su editor, ¿no se echó las manos a la cabeza?

Respuesta. Al contrario. ¡Le encantó! Además, me conoce desde hace treinta años y sabe que lo que digo, lo cumplo. Me ha puesto todas las facilidades para que pueda dedicarme en cuerpo y alma a este trabajo. Además, hace tanto que pienso en esta obra que hago mías las palabras de Racine cuando decía “mi tragedia está hecha, no me queda más que escribirla” .

P. ¿Es para usted su gran obra?

R. Desde luego. Tuve la idea con veinticinco años pero no tenía ni las capacidades, ni la disponibilidad, ni la madurez. Hay un tiempo para todo. Mis reflexiones sobre el ser humano las puedo al fin transcribir de manera romanesca.

P. ¿Cómo ha dividido las ocho entregas históricas?

R. Por los momentos de cambio, de roce social y guiándome por sus mitos fundadores. Me baso en la historia Occidental, Mediterránea, que es de donde yo procedo. En Paraísos perdidos hablo del diluvio, que no fue universal como nos lo cuentan los textos, pero existió y que hizo subir el nivel del mar Mediterráneo 120 metros, después de la época de los glaciares, inundando Ucrania, creando el Mar Negro y transformando a la humanidad. La vida de los hombres tiene que ver con los cambios climáticos.

»Como verá, la construcción de la ficción empieza ya desde el nombre. Aquí es Noam, no Noé, que es su nombre bíblico real. Noam nos cuenta una historia climática, el diluvio universal, pero en mi novela cuento que Noam no recibió ninguna llamada de Dios, ni el diluvio se trata de un castigo divino. Esa es la ficción que el ser humano se construyó y además siglos después de que ocurriese. De hecho, me río cuando cuento que puso comida en su barco para hacer subir a los animales.

P. Su primera entrega trata de los paraísos perdidos, es decir, ¿de cuando el hombre convivía con la naturaleza sin pretender gobernarla?

R. Exactamente. Noam se despierta en la actualidad en una cueva del Líbano y descubre el estado de nuestro mundo después de una hibernación. Siente que por primera vez el hombre tiene miedo de lo que ha hecho. Hoy en día tenemos una constancia ecológica y por eso Noam sentirá la necesidad de contar su origen, hace ocho mil años, cuando el ser humano tenía un contacto con la naturaleza totalmente distinto. Nuestros ancestros vivían en medio de animales, espíritus entre otros espíritus porque el hombre los veía por todas partes, en los árboles, el viento, el río. Ese contacto que se perdió, a veces, lo volvemos a sentir de nuevo, cuando paseamos por el campo o incluso a través del arte y los poetas.



P. Una obra monumental que continúa en las siguientes entregas con la historia de los sumerios, de los griegos, de los egipcios, etc., ¿cómo han reaccionado los historiadores?

R. Buena pregunta. Pues increíblemente bien. Es verdad que tomé precauciones. Cada volumen pasa por una revisión exhaustiva de gente especializada en cada una de las épocas que trato. En el caso de la segunda entrega de la saga, La puerta del cielo, que ha salido en Francia hace unos meses, Noam se adentra en el mundo de los sumerios. Pero también hago yo las investigaciones y no me conformo hasta que lo verifico todo con detalle. Aunque mi editor me propuso colaboradores, yo los rechacé porque me gusta hacerlo. Buscando, despierto mi imaginación y construyo la novela.

P. Dice que investigando encuentra temas, peripecias, destinos que hacen vivir a sus personajes. ¿Podría decirnos alguna sorpresa que le reveló la escritura de Paraísos perdidos?

R. Por ejemplo, descubrí que no es cierto que el ser humano en esa época tuviera unos dientes horrorosos. Tenía una dentadura preciosa, sin degradación alimentaria, sin azúcar, sin carne procesada. ¡Imagínese! Somos nosotros los que sufrimos las caries, pero le aseguro que, en el neolítico, nadie. Y descubrí que la aspirina es uno de los más antiguos descubrimientos de la humanidad y que viene de la corteza del sauce llorón.

P. Usted ha dicho en alguna ocasión que “la humanidad” es creación del hombre. ¿Significa esto que el hombre no vive su destino, sino que lo crea?

R. Para mí, el ser humano busca sentido. Se hace preguntas constantemente. Habita un mundo al que dota de sentido y lo hace a través de la ficción, ya sea ficción política, religiosa o científica. Para mí, la palabra ficción no es peyorativa en absoluto, sino que se dirige en la búsqueda de sentido que desea todo hombre.

P. Después de Ulises from Bagdad, Noam realiza también un largo viaje. ¿Podríamos decir que los cuarenta años de la travesía de Ulises son los ocho mil años de la de Noam?

R. ¡Qué divertido, no lo había pensado, pero me gusta! Ulises es mi pasión. Cuando era pequeño, mis padres me recuerdan siempre leyendo dos libros de mi biblioteca: una Odisea ilustrada que me fascinaba y Alicia en el país de las maravillas.

P. Alicia quizá le enseñó a pasar de la fantasía a la realidad, del sueño al mundo real. Homero, la idea de la vida como un viaje. ¿Quién más le influyó en aquella época?

R. Alejandro Dumas. El género de aventuras que me llama tanto a la hora de escribir me viene de sus novelas. El movimiento perpetuo en la narración que aprendí de Dumas hoy en día me resulta fundamental.

P. Las mujeres de esta novela, Mina y Noura, parecen dos polos opuestos que, sin embargo, harían feliz a Noam, de forma distinta. ¿La imagen de la mujer cambia a lo largo de la historia de la humanidad?

R. A medida que avanza, la mujer pierde en feminidad, que era enorme en Mesopotamia, por ejemplo, como descubrimos por la gran diosa Ichtar. A partir de los griegos y de los hebreos, empieza a perder su lugar. En Paraísos perdidos, Noura es la fuerza femenina, vive su vida, no se casa hasta que ella lo decide, maneja a los hombres a su antojo y, además, hace evolucionar a Noam.

P. Este miércoles explicó que para usted una obra era como “un parto”. En su novela, la mujer de Noam, Mina, es casi estéril y no puede engendrar hijos. No sé qué preguntarle aquí, pero siento una conexión.

R. Estoy obsesionado con la idea de la concepción, de la creación, del deseo imposible de concebir que ha existido también siempre y la teoría de la metempsicosis.

P. Philippe Vavasseur dijo de usted que era “un filósofo de los tiempos modernos, no un pensador pensativo sino activo, capaz de equilibrar tragedia y comedia”. ¿Qué lugar tiene hoy en día la filosofía?

R. Si desapareciesen todas las materias en los colegios, la única que debería permanecer sería la filosofía. Es el aprendizaje de la condición humana, la que enseña al hombre a ser autónomo, bueno, justo y feliz. Son las mismas enseñanzas que ya se daban en la Antigüedad. Hay gente filósofa por naturaleza. Yo necesito leer, instruirme y luego todos mis conocimientos los vuelco en mis obras.

P. Es que le iba a decir que para mí Paraísos perdidos, más que una novela de aventuras histórica, me parece filosófica.

R. ¡Estamos totalmente de acuerdo!