Manuel Rico. Foto: Archivo del autor

Premio Logroño. Algaida, Sevilla, 2016. 431 páginas, 18€, Ebook: 8'99€

Un conocido esquema narrativo se basa en mostrar los efectos revulsivos que un suceso inesperado le causa a alguien. Tal cosa le ocurre a la protagonista de Un extraño viajero. Lucía atiende un hotel rural situado en Brezo, un imaginario pueblecito de la sierra madrileña. Un frío día invernal llega a la hospedería un misterioso cliente, un serbio, Salko Hamzic, medio sonámbulo, de aspecto desaliñado y sin documentación. A pesar de los naturales recelos, Lucía le proporciona habitación, siente por él un deslumbramiento afectivo y se convierte en su amante por una noche. Luego Salko desaparece y varios incidentes raros acrecientan las incógnitas iniciales. Queriendo esclarecer esa enigmática personalidad, la mujer se enreda en una cadena de misterios que remiten a extraños personajes, secretas identidades e inéditos episodios relacionados con los sombríos tiempos de la alta posguerra.



Los sorprendentes sucesos de la novela forman una tupida trama de intriga que Manuel Rico (Madrid, 1952) utiliza para arropar una indagación histórica en aspectos secretos o semiocultos de la represión franquista. El propósito de Un extraño viajero es trasparente, acorde con el perfil del autor, un escritor con clara voluntad de denuncia que concibe la literatura como un ejercicio de compromiso cívico y político. Pero, por si cupiera alguna duda, cierra el libro con un "Anexo de realidad" que toma de su blog "Al margen". En él da cuenta de un presidio y campo de trabajos forzados para desafectos del Régimen a quienes se obligó a bregar en obras públicas franquistas en condiciones inhumanas y cuya existencia ha sido hurtada al conocimiento público. Con esa historia clandestina, nuestros creadores tienen contraída una seria deuda y si alguna vez se encontraran documentos gráficos de tal brutalidad, servirían como "engranaje de una posible y verosímil novela", concluye. La semilla de esta exigencia fructifica en Un extraño viajero.



El hilo vertebral del libro lo constituye una comparación con lo sucedido en la Europa posfascista. Mientras las atrocidades nazis han salido a la luz, en España se han ocultado los campos de castigo calcados del sistema hitleriano. Un velo de silencio y miedo ha impedido que ni siquiera los vecinos de aquellos terribles encerramientos hayan aportado su testimonio. Para compensar esa ignorancia escribe Rico su novela y la materializa con el propósito de hacer una significativa aportación a la llamada "memoria histórica". Tan benemérita meta paga el oneroso precio de incurrir en personajes maniqueos y en dosis excesivas de propaganda, con perjuicio de una recreación artística de mayor complejidad. La humanísima historia de Lucía se convierte en exceso en un pretexto para abordar la recuperación del pasado miserable del franquismo. Tampoco ayuda una técnica narrativa demasiado tradicional, sobre todo en las convencionales descripciones. La causa que inspira a Manuel Rico es noble, y sus intenciones muy elogiables, pero no bastan para cuajar en una gran novela. Sí en una novela con materia anecdótica de notable interés y conflictos humanos atractivos, y de lectura muy amena por el aliciente de un sostenido suspense.