Eduardo Sacheri. Foto: L. O.

Premio Alfaguara. Alfaguara. Madrid, 2016. Madrid, 2016. 166 páginas, 15 €

Aunque siempre suele asociarse al escritor Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967) con el éxito de su novela El secreto de sus ojos, que, en su versión cinematográfica se hizo con el Óscar, Sacheri es, además, autor de una larga serie de novelas y relatos en los que la buena e interesante escritura camina de la mano de una atrayente trama. De nuevo aquí, en La noche de la Usina -Premio Alfaguara, 2016- la falta de justicia, en este caso social, hace que un grupo de ciudadanos decida tomar la iniciativa y rebelarse para defender lo que es suyo.



La novela se inicia con el cambio de siglo y estos hombres padecen la estafa calculada del "corralito" argentino: de un día para otro, el dinero que, con mucho esfuerzo, habían juntado para un proyecto de cooperativa agrícola en unos silos abandonados, es retenido y desaparece. Detrás de ello está la treta de un gerente de banco compinchado con un empresario sin escrúpulos, el codicioso y paranoico Fortunato Manzi, junto al que saca partido tanto en la bonanza como en el sufrimiento -de los otros- y las vacas flacas. En las horas previas a la retención de los fondos hubo quienes, disponiendo de información privilegiada, manejaron los hilos para enriquecerse. Ya al comienzo se anuncia algo misterioso que ocurrió en la llamada noche de la Usina, unos acontecimientos difíciles de reconstruir, anticipando incluso los elementos que concurrieron en los hechos finales.



Sacheri juega como pocos con el suspense en este pueblo apartado, la localidad de O'Connor, cercada por la falta de oportunidades. Un gran personaje, Perlassi, antiguo futbolista de éxito que ahora regenta una estación de servicio, en horas bajas de ancianidad e inestabilidad económica, mete al lector en la historia. Perlassi y su amigo Fontana idean varios planes aparentemente disparatados a los que se van sumando otros convecinos (Lorgio, Belaúnde, Medina…), con la osadía de quienes en la vida ganaron bien poco y casi nada tienen que perder. Sólo así se explica cómo semejante grupo puede convertirse en una suerte de comando de asalto. La excelente peripecia tiene tanto de trama negra como de comedia en la que sabe dar las notas y distribuir los elementos con su fino talento narrador. La gracia del lenguaje cotidiano brilla en los diálogos de estos jubilados que decidieron no agachar la cabeza ante el gran fraude financiero-político.



La creación y definición de personajes es otro de los valores del texto. La novela nos habla también de golpes tan fuertes que hacen que hombres como Perlassi reflexionen sobre la fragilidad, la vulnerabilidad y el azar en la vida de cada uno de nosotros.



En este sentido, pocas conmociones como la de ese medido, excelente y trágico capítulo catorce del primer acto. Esta galería de hombres mayores impresiona al lector con una sabiduría de la vida forjada a base de austeridad y decepciones. Ágil peripecia, sólida narración y un libro que funciona como un preciso mecanismo acerca de un momento histórico en el que también hubo héroes de a pie.



Sacheri, en definitiva, se encuentra en la buena estela de compatriotas suyos como Alicia Plante o Guillermo Saccomanno, cuya literatura es siempre afilada denuncia de abusos o injusticias, sin sermones, ni proclamas obvias, sólo con las herramientas firmes del buen escritor.