Stephen King

Traducción de Carlos Milla Soler. Plaza & Janés. Barcelona, 2015. 496 páginas, 23'90€. Ebook: 10,99€

He aquí una historia, la de un niño que ve a Jesús, un Jesús de plástico, caminar sobre las aguas, las aguas de una maqueta eléctrica construida por un pastor en el sótano de la iglesia, que Stephen King (Portland,1947) había querido contar desde niño. La historia de Charles Jacobs, el predicador desencantado, convertido, tras un brutal accidente (durante el cual el pulso narrativo de King brilla como en los viejos y añorados tiempos de La Tienda), en "feriante", en el tipo a cargo de una máquina capaz de captar una imagen "mutante" del fotografiado, lo que Jacobs llama "retratos de luz".



Para ese entonces, el entonces en que Jacobs es un siniestro personaje decidido a llevar lo más lejos posible su pasión por la electricidad, el niño que una vez vio a un Jesús de plástico caminar sobre las aguas, Jamie, es un músico drogadicto. Justo la clase de tipo que busca Jacobs para su experimento "final".



King dedica a sus maestros (Mary Shelley, Bram Stoker, Lovecraft) la historia de Jamie y Jacobs, que no es más que otra historia de padre e hijo (o de hijo perdido en busca de figura paterna fascinante que acaba resultando terrorífica: King a vueltas con el hecho de haber crecido sin padre e imaginando que le había abandonado porque no era como el resto). Es decir, es King en la senda del Melodrama, y brillando por momentos (el momento del accidente) con lo que mejor sabe (aún) hacer: aterrorizar. Es King tratando de cerrar viejas heridas (su adicción a las drogas) y rememorando un pasado en el que todo era mejor, o lo parecía (los 60, su adolescencia).



Es King, en definitiva, sin la suficiente sustancia como para construir un edificio tan grande como pretende: y es que Revival hubiera sido, hace dos décadas, un relato del montón de una de sus, por entonces, alucinantes colecciones de relatos. Es una idea dilatada en exceso, con el fin de recrearse en una vida de perdición, la de Jamie, que nada tiene que ver con el terrorífico punto de partida: la idea de la resurrección, tratada por el propio King en la excelente Cementerio de animales, novela escrita en la época en la que el por entonces, sí, Rey del Terror, construía novelas (edificios escalofriantes con subtramas), y no relatos que, convenientemente dilatados, pretenden pasar por novelas. ¿Lo peor? La sensación de que, en el momento en que la historia acaba, es cuando debería haber empezado. Una pena.



@laura_fernandez