Mercedes Cebrián.

Literatura Random House. Barcelona, 2014. 153 páginas. 17,90 euros.

Cuenta Mercedes Cebrián (Madrid, 1971) en El genuino sabor una historia sencilla que casi podría tomarse por un reportaje costumbrista de actualidad: el asentamiento de la joven Almudena en varias ciudades europeas para trabajar como difusora de la cultura española. Toda la narración tiene aspecto de palmaria intrascendencia, pero un inusual subtítulo, un sorprendente "Una novela", aporta un primer indicio de desconfianza hacia dicha percepción testimonial. No es una crónica, ni siquiera una divertida estampa satírica, sino una invención. Tiene un espesor y un alcance muy superior a su presunta falta de ambición. Lo leve y simple alcanza, de este modo, una soterrada intensidad.



Este insospechado efecto es la consecuencia de una calculada estrategia novelesca que mezcla una actitud creativa de absoluta libertad, un postmoderno desdén por el argumento (en verdad, en la novela no pasa nada, ni tiene una trama digna de tal nombre) y dosis de un simbolismo camuflado sin correspondencia clara con referentes precisos. Esta especie de hiperrealismo que insinúa dimensiones misteriosas de la realidad se articula mediante un recurso técnico fundamental, un narrador que todo lo sabe, a la manera antigua, pero que actúa con el desenfado de una primera persona cercana a la protagonista y se dirige, sin hacerlo explícito, a un destinatario que no es otro que el lector.



Cebrián nos pilla en la red de un cuento, del cuento de una vida común, una autobiografía de la insignificancia del vivir; un cuento hecho con pequeños problemas, obsesiones y manías simpáticas, contado con ironía inteligente y minucias que desvelan aristas de la vida corriente. Bajo esa existencia ininteresante laten, sin embargo, misterios y secretos que envuelven un desconcierto, un no saber por qué se está en el mundo, un ignorar si habrá algún lugar que dé la plenitud. Aunque estas cuestiones surjan de la escasa acción narrativa sin pujos de trascendencia, al cabo conforman un relato existencial triste, una historia de auténtico dramatismo.



El genuino sabor trasforma lo cotidiano en el bosque de símbolos que percibía Baudelaire en la realidad y lo mira como algo extraño. La capacidad para descubrir dimensiones inéditas e inquietantes del mundo, la originalidad de ir un paso más allá del realismo como un simple espejo y el arte de meter todo ello en un artefacto colmado de malicioso humor convierten a Mercedes Cebrián en uno de los nuevos novelistas españoles de este siglo más frescos e interesantes.