Roca. 2010. 378 pp., 20 e. (A partir de 12 años)



Los devoradores de fantasía que acogieron con verdadero gusto la serie iniciada por el norteamericano Brandon Mull con Fablehaven hallarán en esta segunda entrega todos los alicientes puestos en juego en la primera: una trama bien compuesta, una notable capacidad para sorprender y personajes frescos y cercanos. Kendra y Seth -hermanos de 13 y 11 años- vuelven a Fablehaven, la granja en la que sus abuelos son guardianes de una reserva mágica, amenazada ahora por una sociedad secreta ávida de poder. Entre sus aliados hay un traidor, y son sus manipulaciones lo que proporciona al argumento una tensión hábilmente administrada.



Frente a sátiros, duendes, hadas, náyades… e incluso un golem que está desarrollando su libre albedrío, criaturas fascinantes que se rigen por reglas propias, los dos hermanos -polos opuestos pero muy unidos pese a sus discrepancias-, contraponen su sólida humanidad; dibujados con precisión en pleno crecimiento, dudan, se equivocan y aprenden. Los abuelos, por su parte, lejos de tópicos ñoños, arriesgados e íntegros, resultan figuras muy atractivas por todo lo que conocen en su condición de custodios del mundo mágico, y por todo lo que no desvelan; su manera de mostrar afecto a sus nietos es dejarlos madurar y haciendo frente a sus miedos.Tras haber compartido con Seth y Kendra tantas emociones y trances peliagudos, el final deja al lector relamiéndose ante lo que aún está por venir.