Francisco Pradilla: Redinción de Granada a los Reyes Católicos, 1882

Ariel. Barcelona, 2018. 300 páginas. 19,90 €. Ebook: 11,99 €

Como recuerda Pedro Insua (Vigo, 1973), las protestas de determinados sectores contra las conmemoraciones del 2 de enero y del 12 de octubre, dentro y fuera de España, revelan cuán viva se mantiene la vieja Leyenda Negra y, además, su eficacia ideológica y su profunda intención política. La primera fecha corresponde a la entrada de los Reyes Católicos en Granada y la segunda a la llegada de Cristóbal Colón a América, ambas acontecidas en el año 1492. Sumemos la firma del decreto de conversión forzosa y expulsión de los judíos, el 1 de marzo de ese mismo año, y tendremos así tres hitos configuradores de una idea sombría de España. O mejor dicho, 1492 alberga los tres hechos fundacionales de una concepción de España como Estado fanático religioso, conquistador sanguinario, expoliador de riquezas ajenas, brutal contra las minorías. Si a ello añadimos la peculiaridad de su Inquisición, creada algunos años antes de esta fecha, queda así constituida una España negra que solo se merece el desprecio y, por tanto, que carece de argumentos para ser defendida hoy como comunidad política viable porque lleva impreso desde su origen el estigma de la intolerancia y la violencia.



Así identifica la Leyenda Negra el autor del libro, construcción ideológica antigua pero vigente y que, en estos momentos, ha renovado su operatividad por varias razones, todas las cuales convierten este texto en una lectura necesaria. Primero, porque es evidente que la Leyenda Negra forma parte central del discurso de determinados movimientos políticos, por ejemplo en Venezuela y Bolivia. La doctrina oficial de estos gobiernos culpa al supuesto genocidio y expolio iniciados en 1492 de los males de hoy. Y sucede algo similar con los mensajes del yihadismo islámico, cuyos comunicados tras los atentados o sus amenazas al Occidente cristiano con frecuencia aluden al objetivo de recuperar un al-Ándalus idílico y musulmán. En segundo lugar, la actual crisis política producida por el independentismo también se nutre de los tópicos negrolegendarios, con objeto de denigrar la España presente, hija de una tradición de intransigencia y brutalidad que ni la Constitución de 1978 ha podido superar. Asimismo, como de una u otra manera una parte de la izquierda intelectual y política ha hecho suya esta visión de nuestra historia, en este ambiente enrarecido que cuestiona la nación y el Estado, el populismo ha encontrado una fácil conexión con los espectros del pasado, eficaz para sus intereses.



1492

Este es el punto de partida de Insua, que toma la palabra contra los cuatro grandes mitos de la Leyenda Negra: el fantasma del al-Ándalus tolerante y civilizado arrasado por el fanatismo cristiano; el fantasma del Sefarad aniquilado por un supremacismo que es antecesor directo del racismo hitleriano; el fantasma de la persecución inquisitorial contra la libertad de pensamiento; y el fantasma del genocidio americano.



El libro es un ensayo, que cumple con todas las reglas de este género fronterizo. Su autor, de formación filosófica, analiza con rigor un asunto que es sustancialmente histórico, al que aporta, a mi juicio, dos elementos enriquecedores: uno es precisamente esa perspectiva conceptual, infrecuente en un tema polémico por naturaleza; y el otro es que, en lugar de trazar la evolución histórica de la Leyenda Negra, lo más habitual, profundiza en los cuatro pilares espectrales de la misma, poniendo un filtro de distancia reflexiva que combina la exposición desapasionada, para que luego el lector concluya por su cuenta, con una toma de postura personal bien justificada que desmonta estos poderosos mitos.



La obra se inscribe en una corriente de revisión lúcida y crítica de la Leyenda Negra que cuenta con un creciente número de títulos entre los cuales destaca el trabajo de Elvira Roca Barea, quien prologa el libro de Insua. Si en su momento dije que Imperiofobia debería servir para abrir un debate sobre el asunto y dejar de fustigarnos por un pasado supuestamente ominoso que nos coloca en inferioridad respecto de otros pueblos, la aportación de Pedro Insua demuestra que está cundiendo el ejemplo.