Valle-Inclán en la primera década del siglo XX

Espasa. Barcelona, 2015. 432 páginas, 22'90€. Ebook: 12'29€

No es muy habitual que un nieto escriba la biografía de su abuelo, máxime si no llegó a conocerlo en vida. Joaquín es nieto de Don Ramón María, pero el escritor Valle murió en enero de 1936 y el nieto Joaquín nació en 1953. Como fuere, se trata de una biografía muy completa que sin embargo quiere posicionarse contra casi todas las otras (no pocas) que existen de Valle-Inclán (1866-1936), entre otras la para mí casi mágica de Gómez de la Serna. Y de ahí, o de esas "magias", viene el enfado del nieto Joaquín, que juzga que se ha mitificado y llenado de falsedades la vida de D. Ramón, quien nunca fue ni bohemio ni pobre, sino muy trabajador, fuera traduciendo más en su juventud, cercano al carlismo conservador, bien viviendo de la tierra en su Galicia natal, más adelante. D. Ramón, se nos dice (oficialmente Ramón Valle Peña), no se inventó su nombre pues tanto el Inclán como el Montenegro estaban en su estirpe y muy cerca.



Por lo demás, ni pertenecía a una familia hidalga venida a menos ni a otra pobre y sin recursos. Su familia era ilustrada y, diríamos hoy, de la clase media alta de la Pontevedra de su tiempo. Una frase parece resumir todo esto muy bien: no pertenecía a "la Galicia de mayorazgos e hidalgos de pazo, sino a la de los industriales y el desarrollo económico". Puede que esto sea verdad si tenemos en cuenta que Valle fue casi siempre su propio editor y que se ocupó de negociar con los frutos de la tierra. Pero me pregunto: la frase de su nieto (con toda probabilidad verídica) ¿le habría gustado a D. Ramón? Creo muy sinceramente que no. Pues el nieto olvida que las parciales mentiras y la mitificación y leyenda de Valle-Inclán no partió de tipos de la golfemia o periodistas más o menos llamativos, sino del propio Valle-Inclán. Valle amó y cuidó su leyenda como parte de su obra y así, si hoy sus herederos poseen el título de Marqués de Bradomín, que procede de un personaje literario "falso" (el protagonista de las Sonatas), es porque Valle volcó en él sus sueños artísticos, como tantos excelentes creadores...



Quitarle a Valle su leyenda y convertirlo en un personaje extravagante e iracundo pero casi "normal" y poco menos que buen burgués no es acaso mentir en sentido lato, pero es no querer entender una vida/obra que se mueven y complementan por el mismo baremo de leyendas. Joaquín el nieto, niega que su abuelo "ceceara" (pese a que hasta su mujer, Josefina Blanco, lo atestigua), niega que fuera de izquierdas si no era muy al final y ya retirado en Galicia, enfermo, y lo que no puede negar es su carácter irascible y "fantasioso" que le llevó a liarse a bastonazos, en los cafés madrileños, con más de un periodista o personaje.



Valle-Inclán fue un hombre muy dedicado a su obra en trabajo y aun artesanía, pero asimismo muy volcado en ella (más desde otro punto de vista) en cuanto a la creación inventiva de personajes sublimes y exagerados, que hoy celebramos muchos, desde el propio Bradomín a Max Estrella, por citar solo a dos muy conocidos. Es una radical evidencia (como puede serlo en D'Annunzio y en no pocos autores de la estética simbolista) que Valle-Inclán quiso construirse una vida "obra de arte" que habría que leer a la par y con el mismo código estético que sus novelas u obras dramáticas, de Águila de blasón a Divinas palabras. Diciendo la seca verdad fáctica de Valle se corre el peligro de no entenderlo bien -aunque siempre quede algo de su fantasía- de forma que para decir la verdad entera hay que contar su lado "normal" y su personal "inventiva", pues ambas le conforman y pertenecen.



La biografía de Joaquín del Valle-Inclán sobre su ilustre abuelo es un buen trabajo (demasiado prolijas las tantas notas del final) pero, insisto, comete a mi entender un error de base y más en pleno decadentismo simbolista: no entender que la leyenda de Valle que él cultivó es tanto o más verdad que su vida lata y neta. En cualquier caso más alta literatura.