Morten Storm. Foto: Archivo

Traducción de F. López Martín. Península, 2015. 475 páginas, 20'90€

Muy pocos conversos occidentales se han incorporado a las redes del yihadismo, sólo una ínfima minoría de ellos habrán aceptado luego espiar a sus correligionarios y al parecer sólo Morten Storm se ha decidido a contarlo al público. Ello presta un singular interés a sus recuerdos, que dos experimentados periodistas, Paul Cruikshank y Tim Lister, han convertido en un absorbente relato, que ahora se publica en una cuidada traducción española con el título de Mi vida en Al Qaeda.



Morten Storm, que en las fotografías aparece como un gigante rubio y sonriente, es todo un personaje de novela. Nacido en 1976 en un pequeño pueblo danés, adolescente insufrible que debió ser un tormento para sus profesores, delincuente precoz que cometió su primer asalto a mano armada a los trece años, a los veinte años descubrió el Islam en una biografía de Mahoma y se convirtió. Nada aficionado a los términos medios, pronto contactó con peligrosos círculos yihadistas, tanto en Europa como en Yemen, país al que viajó por primera vez gracias a una beca para estudiar árabe que le concedió el muy generoso Estado danés.



Quizá sólo el azar evitó que encontrara la muerte en Afganistán o en Somalia, lugares en los que planeó incorporarse a la yihad. Entre tanto se ganó la confianza de muchos yihadistas y también la atención de los servicios secretos. Así es que cuando en 2007 dejó de creer en una guerra santa que asesinaba a inocentes en Nueva York, Bali, Madrid o Londres e incluso en una fe que afirmaba la predestinación, estaba en posesión de un teléfono que le permitiría iniciar una nueva vida: el de un agente secreto danés. En la primera entrevista, cuando le ofrecieron comida halal, él pidió un sándwich de bacon y una Carlsberg: había cambiado de bando.



Si el relato de sus años de delincuente común y de yihadista que no llegó a ejercer la violencia son interesantes, su tercera vida como espía resulta apasionante. Un hombre bien relacionado en el mundo yihadista y dispuesto a colaborar era un tesoro que los servicios daneses se apresuraron a compartir con servicios más poderosos: el MI5 y el MI6 británicos y sobre todo el acaudalado hermano mayor que es la CIA. No abundan los testimonios de primera mano sobre la lucha secreta contra el terrorismo yihadista y el de Storm se lee como una novela de espionaje. Uno de sus puntos culminantes llega cuando el voluntarioso danés se encarga de buscar novia nada menos que para Anwar al Awlaki, uno de los más notorios líderes de Al Qaeda en el Yemen. Al Awlaki, que había vivido buena parte de su vida en Estados Unidos, deseaba que su tercera esposa fuera una musulmana occidental, la novia era una hermosa rubia croata conversa al Islam y la patrocinadora del feliz enlace fue la CIA, con los propósitos que cabe suponer.



¿Podemos dar crédito a este delincuente-yihadista-espía? Básicamente sí. Los periodistas que le han ayudado son expertos en el tema y él les ha proporcionado mensajes de Internet, fotografías y otras pruebas. Otros estudiosos de Al Qaeda han elogiado su libro. Lo que cuenta no será toda la verdad, pero creo que es casi nada más que la verdad. El retrato de ese patrón del terrorismo que fue al Awlaki, por ejemplo, resulta muy convincente con sus luces y sus sombras.