Trad. de Rosa María Salleras. Crítica. Barcelona, 2013. 460 páginas. 29'90 euros

Las escuelas históriográficas contemporáneas centraron su atención, tal y como demandaban los tiempos, en el colectivo, en las masas, en las clases. Toda una sana revolución metodológica que, sin embargo, pecó de lo contrario de la escuela clásica anterior: de rechazar que, en muchas ocasiones, la historia sí la hacen individuos absolutamente prodigiosos. Tal es el caso de Constantino, el emperador romano sin cuya existencia probablemente el cristianismo no se habría convertido en la gran fuerza que configuró Occidente. A su figura dedica el historiador estadounidense David Potter una sólida biografía.



Saltando sobre todo tipo de mitos y falsificaciones, Potter situa al personaje en el núcleo del poder imperial y reivindica la ardua defensa de las fronteras de un Imperio que iba desde Britania a Mesopotamia. Un Imperio en el que el triunfo del Dios de los cristianos no era para nada obvio: "En el año de su nacimiento, 282 d.C., era sin duda mucho más fácil imaginarse un mundo en el que el cristianismo no ocupaba más que un lugar marginal". Es este un libro importante, que, como ha explicado el profesor de Oxford Fergus Millar, ofrece "un análisis original y penetrante, sólidamente basado en las evidencias de la época".