Traducción de Patricio Pron. Alpha Decay. Barcelona, 2012. 272 páginas, 21 euros

El reciente informe de Eurofound, una de las agencias de la Comisión Europea, sobre las condiciones de vida y trabajo en los veintisiete países de la Unión Europea (UE) es muy pesimista en su análisis de la generación de jóvenes españoles comprendidos entre los 15 y los 29 años. En el citado informe puede leerse que la llamada generación nini (quienes ni estudian ni trabajan) le cuesta a España 15.735 millones de euros. El 1,47% del Producto Interior Bruto (PIB) en cifras de 2011. En 2008, comienzo oficial de la crisis, el coste nini era de 10.794 millones de euros, el 1% del PIB. El citado informe coloca a España a la cabeza del fracaso juvenil entre los 15 y los 29 años.



Eurofound viene a echar leña al fuego del reciente aviso de otra agencia internacional. La OCDE nos sitúa en el primer puesto del abandono escolar de la población situada entre los 16 y los 24 años en el conjunto del mundo industrializado. Añádase a todo esto que España tiene la tasa de desempleo juvenil más alta de la UE y que los jóvenes españoles son los últimos en independizarse. Dejan la casa de sus padres de media a los 29 años. Con un horizonte tan negativo, la aparición de un libro sobre la generación de los nacidos a partir de 1980 tenía que ser un toque de atención. Su autora, Meredith Haaf, nació en Múnich en 1983 y en 2008 destaca como coautora de un ensayo crítico en torno al feminismo. En Dejad de lloriquear acentúa su criticismo y al dosificar muy bien autobiografía y reflexividad logra dar con un libro que se va convertir en una pieza de referencia para el análisis de la juventud actual y probablemente en un éxito mundial.



Haaf, que seguramente ha visto muchos episodios de Los Simpson, ha estructurado su texto siguiendo los parámetros de las series televisivas, algo por otro lado muy típico de su generación. Su escritura va engarzando secuencias que mantienen al lector en vilo desde la primera página hasta la última. Sus primeras frases son: "Me encuentro mal. Estoy echada en posición fetal en el sofá floreado lleno de agujeros que mis compañeros de piso encontraron frente a la puerta de nuestra casa... estoy sola con una resaca... me zumban los oídos, me arden los ojos y de mi garganta sólo sale una tos ronca con regusto a cenicero".



Página a página, Haaf va troquelando los rasgos esenciales de una generación que se encuentra con la paradoja de haber disfrutado de una infancia caracterizada por un bienestar económico superior al de cualquier otra generación anterior y al mismo tiempo sufrir la hipoteca de una crisis que a muchos no les va permitir ni siquiera conservar el poder adquisitivo y la calidad de vida de sus padres. Nos encontramos con una generación de jóvenes que han crecido con un nivel educativo y una seguridad económica que les ha convertido en personas con una capacidad de exigencia material y estética que no van a poder satisfacer en el futuro. Quienes no puedan contar con la ayuda de padres o familiares lo tienen difícil en el futuro. Muchos lo saben y se sienten frustrados.



El retrato generacional de Haaf está sin duda referido a Alemania. Sin embargo, con una economía y una cultura tan globalizada como la actual el lector español no queda fuera de escena. En los rasgos que va marcando la autora pueden reconocerse los jóvenes españoles y, por supuesto, sus padres, la otra cara de la moneda.



En estas páginas el lector contempla una generación de alemanes que, como los españoles del 15-M, no cree demasiado en el sistema democrático actual y que, sin embargo, ve el sistema capitalista como algo inevitable. Jóvenes para los que el consumo es tan natural como respirar. Adolescentes constantemente comunicados a través de los teléfonos inteligentes y de las nuevas tecnologías. Sus mensajes a través de Facebook o Twitter son tan frecuentes, tan constantes que acaban en la banalidad. Demasiadas referencias al pasado, a los avatares familiares, al grupo de amigos y escasa preocupación política.



Quizá Haaf se deja llevar por los estereotipos dominantes de una generación que quiere estar de buen humor, que no soporta la ira y que prefiere decir "me gusta" antes que caer en ataques de rabia. En todo caso, un volumen con el que los jóvenes se entenderán mejor a sí mismos y a sus padres, los "baby boomers" nacidos tras la II Guerra Mundial. La excelente traducción de Patricio Pron va servida con notas aclaratorias de gran utilidad sobre la realidad alemana.