Afganistán, de Pilar Requena

Debate, 2012. 400 pp., 19'90 e. ebook: 11'90 e / Síntesis, 2012. 316 páginas, 21 euros

Pocos países han atraído más atención periodística en los últimos treinta años que Afganistán, sobre todo desde el 11-S, pero España tenía una asignatura pendiente con el país surasiático. Los libros de autores españoles sobre el conflicto, sus antecedentes, raíces y consecuencias se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos.



Sin ponerse de acuerdo, en tres meses han visto la luz dos obras, las dos escritas por periodistas, Mónica Bernabé y Pilar Requena, que cubren con nota alta ese vacío. Ambas son periodistas comprometidas que entienden la profesión como una búsqueda permanente de la verdad. Requena lo hace desde el análisis académico, político y estratégico con la ayuda de los testimonios directos recopilados en sus viajes; Bernabé, desde un conocimiento que sólo se alcanza con mucho sacrificio, años de vida compartida con los afganos y una entrega sin límites a la defensa de los más débiles.



Su reporterismo ejemplar, reconocido con algunos de los principales premios del periodismo español, le costó un trato discriminatorio abominable por parte de los responsables de comunicación del ministerio de Defensa en los gobiernos de Zapatero. Es una espina que tiene clavada en el alma y que Joaquín Madina, responsable de información del ministerio desde enero, ha empezado a reparar abriéndole las puertas de las bases militares españolas tanto tiempo cerradas desde Madrid en represalia por preferir la verdad a la propaganda.



Afganistán, de Requena, profesora de relaciones internacionales en la Complutense, enviada especial en numerosas ocasiones a Afganistán por TVE y autora, como reportera de "En Portada", de numerosos reportajes sobre dicho país, es el manual ideal para estudios de licenciatura o grado.



En Afganistán. Crónica de una ficción, Bernabé narra en primera persona la experiencia vivida desde su primera visita en 2000 -con una ONG de escuelas clandestinas para la educación de mujeres bajo el régimen talibán- hasta hoy. Desde 2007, sin abandonar nunca sus tareas humanitarias, es la única periodista española en Kabul. "En 2007 llegué a un pacto verbal con El Mundo y el periódico lo ha cumplido", reconocía el 20 de junio la autora en el Círculo de Lectores de Madrid. "Ha sido mi plataforma de sustento. Como freelance, cobro por artículo, pero El Mundo se ha portado de diez".



Ese trato se lo ha ganado con creces y el libro es la mejor prueba. Aunque estructurado cronológicamente, de 2000 a 2011, un año por capítulo, cada uno es una inmersión en la sociedad, en la familia, en la cultura, en la violencia, en la política, en la economía, en la pobreza, en el horror y en las infinitas esperanzas frustradas de los afganos. Bernabé utiliza los informes de organizaciones públicas y privadas sobre el país como fuentes, pero sus mejores fuentes son Orzala, Nadia, Bashir, Habiba Sarabi, Saidi, Atta M. Nur, las presas de Pul-e-Charkí, sus compañeros del hostal Ajmal Wali, Joseph Zapater, Andrés, el personal de AECID en Qala-e-Now, los soldados estadounidenses...



Víctimas, verdugos u observadores más o menos parciales, todos son testigos, oídos y ventanas a los que la autora se ha ido asomando para entender el desastre afgano. En cada una de las 395 páginas del texto, la autora demuestra una total entrega a la defensa de los derechos humanos, en particular de las mujeres, que en Afganistán -antes, durante y después de los talibán- siguen siendo tratadas como animales o, peor. "La sociedad afgana no sólo está enferma", escribe Bernabé tras adentrarse, de la mano de amigas locales, en los rincones más íntimos de la vida familiar. "Es el mundo al revés. Una locura nauseabunda". Aprovechando sus contactos humanitarios en el país, y animada por Gervasio Sánchez, Bernabé dejó la redacción de El Punt y, con 34 años, se instaló en la capital afgana para ser testigo directo de uno de los conflictos más peligrosos y complejos del planeta. Sin su experiencia y sus contactos en ONG como la afgana RAWA y la catalana ASDHA, difícilmente habría podido llegar a las raíces más profundas de una realidad tan cruel. Sin su conversión en corresponsal permanente hace cinco años, jamás habría logrado dar a conocer a los españoles con tanta precisión y fuerza el terrible drama afgano.