Hitler, Mussolini y el barón Von Neurath, ministro de relaciones exteriores nazis .

Marcial Pons. Madrid, 2012. 616 páginas. 27 euros

Álvaro Lozano es un historiador que parece haberse especializado en abordar episodios, temas o personajes fundamentales de la época contemporánea -muy señaladamente el siglo XX- para presentarlos al gran público, siempre ávido de buenas síntesis, con un tono y un formato que logran aunar acertadamente el rigor analítico y la claridad expositiva: valgan como muestras, entre sus últimas aportaciones, El Holocausto y la cultura de masas (Melusina, 2010) y Breve Historia de la Primera Guerra Mundial (Nowtilus, 2011). Ahora mismo además el lector podrá encontrar en las mesas de novedades -aparte de este libro- otras dos obras suyas, las que llevan por título Anatomía del Tercer Reich y Stalin, el tirano rojo.



En estas mismas páginas de El Cultural tuve la ocasión de reseñar en su día La Alemania nazi (1933-1945), un estudio que guarda grandes similitudes con éste que ahora nos ocupa, no sólo por aparecer bajo el mismo sello editorial (Marcial Pons, 2008) sino por su planteamiento, estructura y hasta temática -el otro gran régimen dictatorial en la Europa de entreguerras-. En efecto, lo que aquí se trata de desmenuzar son las claves fundamentales del fascismo italiano, tomando como punto de partida de modo explícito las grandes incógnitas que pueden plantearse el erudito, el investigador o el simple interesado: ¿qué fue exactamente el fascismo?, ¿cómo y por qué surgió?, ¿cuáles fueron las razones de su temprano acceso al poder?, ¿qué base social lo sostuvo?, ¿cómo reaccionó el conjunto de la sociedad italiana?, ¿se propuso y logró una modernización del país?, ¿tuvo éxito en el plano económico?, ¿existió un terror político?, ¿cuáles fueron las causas de su declive y cómo tuvo lugar la caída definitiva?, ¿cuál fue realmente el papel del país trasalpino en la Segunda Guerra Mundial?, ¿era Mussolini, personalmente, y en general su régimen equiparables a Hitler y al suyo?



Para contestar a estos y otros muchos interrogantes del mismo tenor, Lozano sitúa al lector en el contexto adecuado, que no puede ser otro que aquella consabida debilidad de la Italia liberal que, en su momento, hizo exclamar al canciller Metternich que el país latino no era más que "una mera expresión geográfica". Indudablemente la joven Italia era políticamente frágil, socialmente inestable y económicamente raquítica, siempre en comparación con los otros grandes Estados que descollaban en la nerviosa Europa de la época. La hostilidad vaticana contra el liberalismo añadía un factor de perturbación e incertidumbre nada desdeñable. En ese marco y, sobre todo, en el ambiente convulso que sigue a la Gran Guerra, una figura inquieta y difícilmente encuadrable en las coordenadas clásicas como Mussolini halla una oportunidad histórica, la suya, para acceder al poder en una operación -la marcha sobre Roma (1922)- que tuvo mucho de rocambolesca, sin desdeñar la conjunción de intuiciones, audacia y suerte que acompañaron al mesiánico Duce durante una buena parte de su trayectoria política. Consciente precisamente de que el movimiento que lideraba difícilmente puede ser entendido sin su sello personal, Lozano traza desde el principio una radiografía del alma mater del fascismo, del militante y estadista: de este modo, su disección del régimen es también al mismo tiempo un análisis político y personal de Benito Mussolini, de su orto y su ocaso, de sus sueños y sus limitaciones.



Algo más de dos décadas de fascismo no transformaron totalmente Italia, pero sí dejaron una huella profunda que marcaría de modo indeleble la trayectoria del país en todos los órdenes, desde el más obvio -el directamente político- al sociológico o cultural en sentido amplio. Lozano se atreve aquí a plantearse casi todas las grandes cuestiones en torno al fascismo italiano, entreverando eficazmente datos concretos e interpretaciones historiográficas. Puede achacársele en todo caso que el prurito de ponderación o ecuanimidad se lleva a veces tan lejos que puede inducir al lector no versado en una cierta confusión, porque el autor expone a menudo planteamientos divergentes sin decantarse por ninguno de ellos. Este pequeño detalle y, sobre todo, a nivel formal, una sintaxis no siempre afortunada son los únicos defectos que pueden imputarse a una obra cabal y minuciosa que logra trazar un cuadro muy completo de la complejidad de este movimiento político y su mentor.