Álvaro Cunqueiro

Edición de X. A. López Silva. Prólogo de César Antonio Molina. Fundación Banco de Santander. LXXX+ 374 páginas, 20 euros

Un rescoldo del centenario cunqueiriano (1911-1981) llega con esta recopilación de artículos debida a X. A. López Silva, autor de la selección y del excelente estudio introductorio, y prologada por César Antonio Molina. De santos y milagros contiene 144 artículos que muestran una de las facetas del mejor Cunqueiro, cumbre de las letras en gallego y en castellano, con novelas que merecen la máxima consideración, desde la fundacional Merlín e familia (1955), más la trilogía de narraciones cortas encabezada por Escola de menciñeiros (1961). Sin entrar en consideraciones sobre su teatro y su poesía, donde alcanzó la cima en la literatura gallega, ciñéndonos a su prosa, en la que escribió desde libros de cocina hasta guías de viaje, pasando por centenares de textos periodísticos, centrándonos en estos artículos de tema religioso, vemos que también aquí Cunqueiro fue un renovador en la configuración, la estructura y el estilo de la narración hagiográfica.



Estos 144 textos fueron publicados en Era Azul, La Voz de España, ABC, La Misión, Catolicismo, Faro de Vigo, La Vanguardia Española y El Noticiero Universal. La cronología va desde 1936 hasta 1943, en los publicados desde Era Azul hasta La Misión, y desde 1945 hasta 1979, en los que aparecieron en Catolicismo y Faro de Vigo, que son la mayoría. Son muchos los artículos de excelencia literaria. Por su novedad destacan siete relatos publicados en Catolicismo, en 1946, que permanecían en el olvido. En el conjunto se aprecia una evolución en el tratamiento de santos y milagros que va desde la sacralización inicial, propia de los primeros años de Falange y franquismo, hacia una desacralización en el relato, evocación, reflexión o rememoración de episodios, milagros y leyendas protagonizados por los santos elegidos. El narrador cuenta en primera persona o refugiado en fórmulas en tercera, como "el que estas líneas escribe" o "este servidor de ustedes", con apelaciones a sus lectores, a quienes llega a considerar "amigos" (pág. 226), lo cual da a sus narraciones una marcada oralidad. Y sus innovaciones en el tratamiento de los materiales hagiográficos se dilatan con una intensa narratividad, pues "preferimos contar como quien cuenta viejas historias" (pág. 17), una labilidad estructural en la libérrima construcción narrativa (en manos de Cunqueiro un santo y sus milagros se emparentan con el misterio, el mito y la leyenda: a veces ya lo es, como la isla navegante de San Brandán; y en su ambiente irreal de magia y misterio aparecen relacionados con ángeles, demonios, trasgos, magos, estrelleros y autores de profecías, en un combinado que Cunqueiro armoniza en su realismo maravilloso), el sabio culturalismo de quien ha leído mucho y una perenne impronta literaria que alcanza sus mejores frutos en páginas con sabor a poesía.



Entre las hagiografías abundan santos relacionados con Galicia, con Santiago a la cabeza y preferencia por el Santiago peregrino y no por el militar santo; con Irlanda, como San Patricio; y con ciclos mítico-legendarios, como el carolingio con Carlomagno y sus doce Pares y el artúrico con el rey Artús y La Tabla Redonda. Abundan los santos relacionados con lugares célebres de la cristiandad, como Santiago de Compostela y su europeo camino, Roma, Jerusalén. Pero también aparecen santos y leyendas de África ("Seu Cosme, rey de los Gou", o "El fuego. Atum cuenta. Leyenda negra adaptada al castellano"), de China ("Los cinco demonios de Wupei. Cuento chino vuelto al castellano por Álvaro Labrada", pseudónimo de Cunqueiro), llegando hasta Australia en Dom Salvado el fundador o un misionero gallego en Australia, sin olvidar a los santos de su Mondoñedo natal y sus literarias Tierras de Miranda, por donde andan Merlín y su narrador Felipe de Amancia.



Otra característica fundamental está en la asimilación galaica de muchas de estas historias, leyendas y milagros, pues Cunqueiro, como en sus novelas de mitos orientales o griegos, del ciclo artúrico y la materia de Bretaña, lo galleguiza todo sin perder un ápice de universalidad.