Mario Vargas Llosa

Alfaguara. Madrid, 2012. 232 pp., 17'50 e. E-book: 8'99 e

Política, poder, educación, medios de comunicación, nuevas tecnologías y religión pasan en esta serie de textos tan bien entreverados de Mario Vargas Llosa por un escrutinio que en ocasiones es de extrema dureza.

El horizonte de escritores latinoamericanos de Mario Vargas Llosa es el de Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez o Carlos Fuentes. En ese marco destacan sus grandes premios: Príncipe de Asturias (1986), Miguel de Cervantes (1994) y Nobel de Literatura en 2011, año en el que el Rey de España le ennobleció con un marquesado hereditario.



Galardonado sobre todo por su obra de ficción, sus artículos en periódicos y sus ensayos no desmerecen a sus novelas o dramas. Se articulan con su extensa obra y le dan fuerza. En 1958, con 22 años, aparece Bases para una interpretación de Rubén Darío. En 1971 publica García Márquez: historia de un deicidio, libro derivado de la tesis doctoral presentada en la Universidad Complutense -universidad que le acogió en el año 1958 como becario. En 2001 sale a las librerías El lenguaje de la pasión, volumen que algún crítico considera un precedente de La civilización del espectáculo.



En esta entrega, la primera tras la obtención del Nobel, Vargas Llosa reordena una vieja inquietud. Formatea y da consistencia a algo que ha preocupado a todo pensador a través del cambio generacional: el mundo cambia y el orden se trastoca. Sigmund Freud (1930) con El malestar en la cultura o José Ortega y Gasset (1930) con La rebelión de las masas son dos ejemplos de una lista que podría ser interminable.



Vargas Llosa arma La civilización del espectáculo sobre un primer capítulo en el que transita desde el T. S. Eliot de 1948 al Frédéric Martel de 2010. Entre uno y otro "la cultura atraviesa una crisis profunda y ha entrado en decadencia". El Eliot que lee Vargas Llosa está en la "alta cultura", concebida como el producto de una élite que la transmite a través de la familia y del cristianismo que han construido Europa a lo largo de la historia. El texto de Martel, Cultura Mainstream (Taurus, 2011), es un formidable trabajo sobre la masificada y vulgar producción cultural actual. Su conclusión deja poco resquicio a la concepción "clásica" de cultura: "Todo se acelera y nada será como antes".



Entre Eliot y Martel, Vargas Llosa sitúa en La sociedad del espectáculo de Guy Debord, publicado en francés en 1967 (Pre-textos, 1999), que interpreta el mundo como espectáculo, el inicio de una deriva que "implica un empobrecimiento de lo humano" que mayo de 1968 no hará sino acentuar en un tránsito en el que, como señalan Gilles Lipovetsky y Jean Serroy en La cultura-mundo (Anagrama, 2010), la imagen y el sonido a través de las múltiples pantallas que pueblan la vida cotidiana actual, se hacen el soporte casi universal de la cultura.



Concebir la cultura como espectáculo implica su banalización. Supone entronizar la idea de entretenimiento en su concepción más frívola. Añadamos masificación y tendremos a la cocina, a la moda o al fútbol ocupando el espacio público y la inteligencia privada que debería corresponder a la literatura, al pensamiento y a la presencia de unos intelectuales desplazados a la periferia social.



Con el agua que se lleva la alta cultura y la crítica desaparece también el erotismo, y se hace imposible convertir el acto sexual en arte. Banalizado también el sexo, reconducido a lo "puramente instintivo y animal", lo genuinamente humano se disuelve. Sólo así es posible que se den ciertos disparates. La Junta de Extremadura, en 2009, con el apoyo de la de Andalucía, organiza dentro de su plan de educación sexual, "unos talleres de masturbación para niños y niñas a partir de los catorce años".



Diseñadas las grandes líneas de lo que Vargas Llosa entiende como el gran desastre cultural de nuestro tiempo, el lector se encuentra con la agradable sorpresa de una serie de textos recogidos por el autor desde 1996 y que se entreveran muy bien con el hilo narrativo del libro. Hilo que cose distintas situaciones, experiencias y reflexiones por las que ha ido pasando Vargas Llosa. Política, poder, educación, medios de comunicación, nuevas tecnologías y religión pasan un escrutinio que en ocasiones es de extrema dureza. La situación actual del arte, de la crítica y de los expertos que han contribuido a crear una burbuja que en su artificiosidad y malicia tiene muchos puntos en común con la de la construcción, le proporciona a nuestro autor munición abundante. La Bienal de Venecia le ofrece un blanco perfecto.



Podría pensarse en un Mario Vargas Llosa que sobreactúa desde el torreón de su fama y su vida. Tal vez, pero las voces de alarma ante la transformación de la cultura y la civilización occidental no hacen sino subir de tono.