Resistentes franceses detienen a un soldado alemán

Alianza. 2011. 320 pp., 20 e.



Tres rasgos conviene destacar como preámbulo al análisis de este libro: primero, la fruición con que el crítico acoge una publicación que sale del trillado campo de la guerra civil y la represión franquista, asuntos que copan las novedades editoriales; segundo, la satisfacción por el hecho de que un historiador español trascienda los límites nacionales para dirigir una mirada indagadora a esa Europa en la que ahora parece que estamos integrados más por inercia geopolítica que por vocación y afinidad; tercero, y más importante, la originalidad del planteamiento, pues se trata del primer estudio de conjunto de los movimientos de resistencia en varios países europeos a las ocupaciones nazi y soviética. La propia periodización que se anuncia en el subtítulo indica claramente que se rompen las divisiones convencionales para contemplar una década de represión inmisericorde, la comprendida entre 1938 y 1948. No en vano insiste Faraldo en no dar por concluida la II Guerra Mundial hasta que, ya en los 50, son sofocados -normalmente exterminados- los últimos movimientos de oposición desde los Pirineos a los Cárpatos.



En nuestro país se tiene conocimiento de la resistencia a Hitler, particularmente en Francia y en menor medida en otros países occidentales; se sabe también algo de la lucha polaca, centrada en el episodio del gueto de Varsovia, pero se ignora casi todo de las rebeliones que se produjeron en otras naciones ante la barbarie nazi primero y luego frente a la más artera pero igualmente cruel ocupación soviética. Frente al desequilibrio que prima lo relativo al III Reich, el autor propone una apreciación más comprensiva que valore los conflictos en las llamadas "democracias populares" y halle elementos comunes a las resistencias contra las dictaduras de uno y otro signo.



Con ese objetivo, comienza Faraldo planteándose el concepto mismo de "resistencia" y su dimensión como fenómeno histórico, para pergeñar luego sus orígenes, bases y tipos. El grueso del libro lo constituye la descripción y análisis de las vicisitudes de los grupos resistentes en distintos países, desde la propia Alemania o las primeras víctimas del expansionismo germano -Austria, Checoslovaquia, Polonia- hasta el momento en que la "resistencia cambia de enemigo", ahora el totalitarismo soviético. Entre un trance y otro, la conversión de todo el mapa del viejo continente en un auténtico campo de batalla permite al autor seguir los movimientos de resistencia desde el norte escandinavo al sur balcánico y desde el oeste ibérico al este ucraniano. Los capítulos finales son una reflexión sobre los discursos de la resistencia, una especie de "antropología" de la misma (cómo se entraba, cómo se vivía y se moría), un acercamiento a la vida cotidiana del partisano y la pervivencia de esas luchas en la memoria hasta la formación de mitos imperecederos.



Pese al vigor de éstos aún en nuestros días, el balance real de los movimientos de resistencia se aproxima a lo desolador, no ya sólo por la inmensa pérdida de vidas y los sufrimientos atroces que vivieron millones de personas, sino por su magro resultado. Sería bonito decir lo contrario, pero lo cierto es que en todas partes la razón de la fuerza aniquiló a la fuerza de la razón. Aun así, concluye Faraldo, cuesta asegurar que la resistencia no sirvió para nada: el ejemplo y el sacrificio de tantos opositores contribuyó a la pérdida de legitimidad de las dictaduras y fue a la larga semilla de libertad.