“Todo buen arte contiene algo extraño, algo que no podemos comprender completamente”. Son palabras del premio Nobel de Literatura noruego Jon Fosse (Haugesund, 1959), en el mensaje del Día Mundial del Teatro del pasado año, que nos acercan a una de las dramaturgias más rupturistas del hoy.
Dejando a un lado sus novelas —como Septología— y su poesía —con los ángeles, estrellas y lágrimas de Wergeland—, nos llegan, editadas por De Conatus, cuatro obras de teatro, entre sus más de treinta: Sueño de Otoño (1998), Invierno (2000), Soy el viento (2008) y Viento fuerte (2021). Un póquer de obras que nos sitúa en su universo de la palabra viva hecha música, porque “sin música no hay lenguaje”.
Tardía fue la afición de Fosse por el teatro, frente a la infantil pasión (12 años) por la poesía o juvenil (20) entrega a la novela. Tras sus estudios de Sociología, Literatura y Filosofía, y sin un asiento lucrativo, le piden hacer una obra. Así, con 37, presenta Alguien va a venir, bajo la influencia reconocida de Esperando a Godot, de Beckett, que será uno de sus maestros. No es que a esas alturas desconociera a Sófocles, Molière o Chéjov, es que tampoco sintonizaba con su paisano Ibsen, pese a la huella de Peer Gynt.
Fosse, en su madurez literaria, se descubre a sí mismo en el teatro, sintonizando, a través de Vladimir y Estragón, con la dialéctica y la dialógica de Thomas Bernhard o los nuevos y viejos tiempos de Harold Pinter, dos bastiones de lo dramático, y soportes de la disrupción posdramática. Ya en su narrativa y en su poesía estaba su obsesión por la palabra, pero con el teatro, y desde su bagaje filosófico, llega a degustar los silencios y, siguiendo el magisterio de Wittgenstein, lo inefable.
Las cuatro obras que tenemos en esta cuidada selección nos precipitan en las honduras de Fosse, un creador que tendrá un antes y un después tras su conversión al catolicismo, en 2012. En la narrativa, la Septología (2022) mostrará la relación de un pintor con lo divino. En dos de nuestras obras, habrá huellas. En Soy el viento, dos personas retan la virulencia del mar; “el uno” sucumbe con placer en el furor marino, “el otro” sobrevive en la nada.
En Viento fuerte, un hombre viéndose abandonado por su mujer, que prefiere a un joven, se arroja desde lo alto de un building. (José María Esbec acaba de montar la obra en el Español sutilmente.) Fosse dice que sus abundantes suicidios han salvado vidas...
La muerte, obsesión de Fosse, está también presente en Sueño de Otoño: tres mujeres salen de un cementerio —Patrice Chéreau la hizo en una sala del Louvre— habiendo enterrado a un marido, un marido-amante y un niño. E Invierno es la historia de ese marido-amante muerto con su querida.
El tiempo va y viene. Tiempo que marca Fosse en las acotaciones. El tiempo y la muerte. Un tiempo que en muchas escenificaciones cercanas a lo posdramático puede extenderse dos o tres horas. Por los silencios, el viento que se lleva la palabra es vendaval.
