Como ocurre con tantas otras editoriales, sospecho que no hablamos lo suficiente de Jekyll & Jill, un sello independiente cuya especialidad son los libros improbables, si no imposibles, envueltos en diseño perfecto; libros inasequibles a la centralidad literaria, pero exploradores de las periferias (que es donde la diversión ocurre a menudo).



Como ejemplo paradigmático de lo que digo podemos acudir al trabajo del filósofo Álvaro Cortina (Bilbao, 1983), siempre situado en encrucijadas temáticas y estilísticas de lo más insólitas. Su nueva novela, Garravento, la garra al viento, ha sido presentada en sociedad como un giallo, es decir, un relato de terror estilizado, de colores saturados y ritmo operístico. Y la etiqueta tiene bastante gracia, sin duda, aunque no logre contener todo lo que encontraremos en sus páginas.



Para empezar, Garravento es una historia de venganza, la que perpetrará la esposa de un analista de Kant contra la pandilla de críticos excéntricos que han despreciado el trabajo de su marido públicamente; una premisa que ya me cautiva, porque nada divierte más que ver parodiada mediante hipérboles la vanidad de los eruditos, que campa (y esto, ellos no parecen notarlo) en una diminuta isla rodeada de indiferencia social.

Garravento, la garra al viento

Álvaro Cortina



Jekyll & Jill, 2023

256 páginas. 22€

Además, Cortina convoca dos ingredientes un tanto locos, dado el punto de partida: la cetrería y la obsesión por los extraterrestres. ¿Hola? Con esto basta para empezar a intuir el juego de paradojas y contrastes armado por el autor, que introduce un factor arcaico y otro propio del fantástico en un entorno, a fin de cuentas, de lo más cotidiano.



Y es que el libro deja muy clara la fecha en que transcurren los acontecimientos, el año 2022, al mismo tiempo que anda cargadísimo de referencias televisivas (¡El juego de la oca!), políticas o sociales rozando el costumbrismo. Sin embargo, el elemento determinante de la apuesta reside en el estilo. La escritura de Álvaro Cortina resulta deliberadamente anacrónica o excéntrica con sus “por doquier” y sus “sucedidos” en lugar de “acontecimientos” o “sucesos” y su fraseo no sé si clasicista o qué (porque no es exactamente antimoderno, eso no; no puede serlo cuando el tinglado se sustenta sobre las alusiones kantianas e ilustradas)…

Es una prosa trabajada con absoluta seriedad, impecable dentro de su peculiar vocación, y eso, puesto al servicio del relato, acaba por darle vuelo a un tono levemente burlón, a una comicidad que requiere de cómplices versados en el mundo referencial de Cortina. Garravento, la garra al viento no es para cualquiera, porque no lo pretende, pero indudablemente desborda de seguridad en sí misma y de espíritu juguetón.

Garravento no es para cualquiera, porque no lo pretende, pero desborda de espíritu juguetón

Y del estilo, al fondo: tampoco será arbitrario que el autor dé vueltas a la sombra kantiana, ni que lo haga centrándose en sus textos secundarios sobre la vida extraterrestre. Este motivo recurrente le lleva, en un momento dado, a hablar de la paradójica aportación que lo irracional presta a lo racional, y aquí (quiero decir, sobre todo, en lo paradójico) hay, quizá, una clave a tener en cuenta: paradojas para un mundo en desorden y, dentro de ese mundo, para una cultura en proceso de desarbolar su memoria. Todo, entre sangre y vuelos majestuosos de águila.