Tras la muerte de su madre, Miranda Herrera, una mujer de mediana edad, culta, independiente y atractiva, recibe una herencia nada convencional. Para aceptarla, deberá instalarse durante tres meses en la lujosa mansión que su madre le dejó en la calle Serrano de Madrid. Allí tendrá que ir abriendo seis misteriosos sobres en cuyo interior irá descubriendo aspectos de la vida de Catalina Arce desconocidos para ella: “Aquello que no nos dijimos está en estos sobres. Aquí va parte de lo que no te conté”, le revela en la primera carta.

Cazar leones en Escocia

Cruz Sánchez de Lara

Espasa, 2022. 432 páginas. 19,90 €

Al mismo tiempo, Miranda recibe un cuadro de Cy Twombly —el pintor que decoró el techo de una de las salas del museo del Louvre— que le envía el recientemente fallecido Paul Dombasle, un hombre desconocido que finalmente se revela como el amante de su progenitora. El lienzo es un símbolo cuyo significado, relacionado con la misteriosa figura materna, tratará de descifrar. Al avanzar en el entendimiento de quién fue en realidad Catalina Arce y de cómo se desarrolló su fastuosa vida, la protagonista va venciendo la rivalidad que había sentido hacia ella desde que era una niña para llegar a comprenderla y a quererla, porque las cartas, además de numerosos acontecimientos comprometidos, revelan la incondicionalidad del amor materno.

Con esta línea argumental, que se desarrolla de forma arborescente, Cruz Sánchez de Lara (Almería, 1972) publica una primera novela cuyo título es una declaración sobre la naturaleza ilustrada del escrito. Cazar leones en Escocia remite a los macguffins del cineasta Alfred Hitchcock, es decir, a aquellos elementos de las narraciones que tienen un carácter distractor y que al final se revelan intranscendentes para el desenlace.

Desde esta perspectiva, un macguffin sería, por lo tanto, algo así como un artilugio para cazar leones en Escocia, cuando de sobra es sabido que en Escocia no hay leones. Sánchez de Lara, que conoce la anécdota del genio del suspense, ha minado su novela de estos trucos y argucias, aunque no siempre de forma verosímil.

La primera novela de Cruz Sánchez de Lara es una obra muy bien escrita, compuesta desde el esmero y la calma

El texto se enmarca dentro de una estética realista y un estilo tradicional, sobre los que la autora introduce la novedad de presentar los hechos desde diferentes puntos de vista. Al principio, y hasta bien entrada la historia, se reducen prácticamente a dos —el de Cata y el de Miranda—, pero a medida que el contenido se hace más complejo, y sobre todo al final, se amplían porque la intención es cerrar las diferentes subtramas. De ahí que se añadan los relatos subjetivos de Alejandra, Silvana, Camille, Paul o Bertrand. El problema de estas voces es que a menudo tienen el mismo timbre por lo que en ocasiones no es fácil distinguirlas, fundamentalmente en los pasajes que corresponden a Miranda y a Catalina.



Cazar leones en Escocia es una obra muy bien escrita, compuesta desde el esmero y la calma, sobre todo en su primera mitad; un texto en el que, además, abundan las referencias culturales, aunque a veces sin la naturalidad debida. Películas, series, libros, la música de Leonard Cohen y de Louis Armstrong o la figura de George Steiner, entre otras muchas, dan luz a la historia.



A pesar de sus toques de misterio e incluso aventureros, se trata de una novela romántica, envuelta en una atmósfera elitista, en la que los personajes invitan a saltar por encima de los convencionalismos para vivir plenamente el amor. Y retrata una adoración maternofilial que se mantiene –e incluso reverdece– más allá de la muerte.