Páradais

Fernanda Melchor

Literatura Random House. Barcelona, 2021. 160 páginas. 16,90 €. Ebook: 8,99 €

Precedida por el éxito de Temporada de huracanes, esta nueva novela de Fernanda Melchor (Veracruz, 1982) recrea la vida en un conjunto residencial de clase alta y, sobre todo, el modo en que la realidad mexicana (su desigualdad y violencia) infestará ese entorno supuestamente seguro. Sus dos jóvenes protagonistas, Polo y el Gordo, son un subalterno que trabaja en labores de jardinería y mantenimiento, y un residente tan acomodado como repugnante que vive obsesionado con una de las vecinas, a la que desea poseer por las buenas o por las malas. La amistad improbable de estos dos muchachos, cada uno con sus propias necesidades y tentaciones, irá ensombreciéndose hasta terminar en tragedia. Y para contarlo, Melchor recurre a una voz narrativa torrencial, de frase y párrafo extensos, melodía coloquial, léxico tangible y reincidencias febriles.

El resultado es un libro breve, conciso y de lectura inevitable: no hay quien detenga su ritmo ni se baje de este vehículo que se dirige al accidente seguro. Otra cosa es que las expectativas que se están generando alrededor de Páradais sean desproporcionadas: por el bien del lector y del libro, intentaré reestructurarlas un poco.

Ha de quedar claro que el oficio de Melchor es impecable tanto en la arquitectura del arco narrativo como en el relieve de sus personajes, pasando por la viveza cinematográfica de los estallidos de violencia. El estudio sobre el deseo masculino patológico y cruel del Gordo impresiona. La mezcla de humillación y ambición que mueve a Polo es convincente. Entre ambos, se genera un contraste que contiene buena parte de las claves que permiten entender una sociedad cuya literatura sigue sin poder retirar la mirada de esa especie de sorda guerra civil que suponen el narcotráfico, la guetificación de ricos y pobres, el feminicidio constante.

Nueva pieza del gran fresco narrativo mexicano sobre la violencia, 'Páradais' es impecable y convincente, pero no muestra nada de renovación profunda o generacional del género

Que esta materia mucilaginosa e hiriente cuaje en menos de ciento sesenta páginas que se abordan del tirón y con profunda incomodidad en sus mejores pasajes, es motivo de celebración. Y ahora, tocan algunos matices. En primer lugar, una cosa es que las claves sociológicas del libro funcionen bien como condicionantes verosímiles de la acción; otra muy distinta, pretender darle una dimensión total a Páradais. Como parábola del México actual (la clase alta como desencadenante, la baja como víctima, el espacio cerrado como mitificación de un país, etc.), la novela resultaría esquemática, obvia. Y creo que esa lectura tienta no solo a algunos lectores, sino también al propio texto; no es su mejor faceta.

En segundo lugar, conviene aclarar que estamos ante una muy eficaz novela… ¿Clásica? ¿Convencional? ¿Modernista? Hay formas cálidas y otras escépticas de decirlo (yo opto por las cálidas), pero en todo caso no cabe ver en Páradais un ejemplo de renovación profunda o generacional del género, ni en forma ni en fondo; algo a lo que, por otra parte, no está obligada. Insisto en que estoy resituando las expectativas del lector, no exigiéndole a una novela que sea lo que no pretende ser.

Nueva pieza del gran fresco narrativo sobre la violencia que están confeccionando los mejores novelistas mexicanos (tal vez, con Emiliano Monge a la cabeza), Páradais habla sobre todo de deseo: el atrofiado deseo de poder del privilegiado, el desesperado deseo de escapatoria del derrotado. Muy al fondo, se intuyen formas de deseo alternativas, femeninas, que los protagonistas solo saben malinterpretar y vejar. Es el lenguaje, obsesivo, autotramposo, desencadenado, tomado al asalto por mitomanías mentirosas desde su misma raíz (o desde el título, ese anglicismo de adaptación deliberadamente torpe), el que revela la medida del horror moral.