Ilustración de Cien años de soledad

El principal objetivo de la ilustración es comunicar con dibujos, una manera visual de acercar la literatura a un público que, quizá, no se atreva con algunas historias. En ocasiones incluso se intercalan en grandes clásicos como es el caso de la incunable Cien años de soledad de Gabriel García Márquez que Penguin Random House edita con ilustraciones de Luisa Rivera. Ahora que se cumple el 50.° aniversario de la creación de la familia Buendía de Macondo y que todos tenemos interiorizado, la artista chilena selecciona pasajes de la historia para acercar su lectura a todos los públicos.



El estilo de esta ilustradora, que combina su trabajo con obras literarias con ilustraciones para escuelas y anuncios, tiene algo de ese realismo mágico que inunda las páginas de la canónica obra de García Márquez y es ahí donde Rivera ve "una buena conexión con la obra". Es cierto que en todo aquel que ha leído Cien años de soledad perviven pasajes, escenas, personajes o momentos que perduran en el tiempo pero afrontar un proyecto como este supone volver al texto no solo con ojos lectores. Por esta razón, el punto de partida fue "releer el libro con ojos de ilustradora". Y el reto más grande estuvo en "dejar de lado el imaginario colectivo que existe en torno a Cien años de soledad" y concentrarse en Gabo. "Esto me ayudó mucho, porque entendí más sobre su trabajo y su imaginario, que para mí era lo más importante".



En ese ir y venir por las páginas, esa lectura dulce de este clásico en el que deambula la familia, los pasajes ilustrados son una representación de cada generación de los Buendía. Están, por un lado, esas "escenas icónicas" que los lectores puede que recuerden sin esfuerzo y, por el otro, recuperan otras "menos exploradas pero igualmente importantes" que se quieren resaltar ofreciendo "una mirada más fresca a la historia".



Una de las páginas ilustradas de Cien años de soledad

No es la primera vez que Luisa Rivera se lanza a ilustrar grandes clásicos. Plasmó su estilo en una historieta sobre Virginia Woolf usando sus diarios y la portada de Me crece la barba, la antología sobre Gloria Fuertes editada por Resorvoir Books, es también suya. Para la chilena llevar a cabo estos trabajos es "dialogar" al mismo tiempo con la obra y su autor, penetrar en el texto, formar parte de la historia. En cuanto al lenguaje de cada uno de ellos, dice, "es muy inspirador porque a través de las figuras literarias surgen imágenes o mundos muy completos". Ilustrar es, por tanto, comunicar con imágenes y para Rivera "responde a una necesidad muy primitiva en nosotros porque trasciende los idiomas y el tiempo".



Nada en esta edición es banal, ni peregrino, todo tiene un por qué. Incluso los colores, que en este caso son de vital importancia a la hora de reflejar el universo imaginado por García Márquez. "Estudié diversas posibilidades -apunta la ilustradora- siempre buscando una paleta que aportara al contenido". Junto a la editorial decidieron, finalmente, "un conjunto de colores que reflejaba el espacio geográfico pero también añadiendo un elemento extraño, típico del realismo mágico". Se refiere, por supuesto, a esos tonos anaranjado y blancos que ofrecen "golpes de luminosidad sin un origen claro".



Quien ojee el tomo verá, también, que cada página ilustrada tiene un componente común. Habrá quien vea en el troquelado gotitas de lluvia, habrá quien vea los pescaditos de oro de Aureliano Buendía y habrá quien vea otras relaciones con la historia. Para Rivera, sin embargo, está relacionado con el diluvio. Aunque, "lo interesante es que ese es un hecho y al mismo tiempo una metáfora, por ello, el troquelado puede tener varias interpretaciones que dependerán completamente del lector".



@scamarzana