Max Aub en la cuesta de Moyano en 1972. Foto: Ignacio Soldevila. Fundación Max Aub

El Instituto Cervantes inaugura Retorno a Max Aub, una exposición de 120 objetos en los que se recorre la vida nómada del singular escritor español hasta el próximo 23 de abril.

Max Aub decía que su adicción a los libros le vino del hecho de vivir encima de una librería en sus primeros años de vida. Su familia, de origen alemán y judío, residió en París hasta que sus negocios de comerciantes no pudieron continuar en la capital francesa y decidieron hacer las maletas para trasladarse a Valencia. Fue en 1914 cuando el joven Aub tenía tan solo 11 años. Allí aprendió nuestro idioma en poco tiempo y lo asumió como propio. De hecho, nunca escribió en alemán sino en español y llegó a decir que uno es de donde ha hecho el bachillerato. El estallido de la Guerra Civil, en cambio, hizo que tuviera que volver a hacer las maletas. Pero no sería la última vez ni mucho menos. "El eterno judío errante", lo define Juan Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes, donde se inaugura Retorno a Max Aub, una muestra con 120 objetos que trazan la vida nómada del singular escritor. Una muestra, por otro lado, que ha sido ideada a raíz de la polémica sobre la posible retirada de su nombre de la sala teatral de las Naves de Matadero.



El humor es uno de los rasgos característicos que unen al escritor de La gallina ciega con Miguel de Cervantes, del que se inaugura también la exposición Viaje alrededor del Persiles, y con Eduardo Mendoza, que recoge este jueves el Premio Cervantes. "Su humor es significativo y un medio para llegar a otros sitios, no quería contar chistes sino hablar de cómo somos", anota Juan Marqués, poeta y comisario de la exposición. La muestra, con vocación pedagógica y montada de manera cronológica, está dividida en cuatro bloques que desgranan la trayectoria vital de uno de nuestros escritores más originales y divertidos.



Pasaporte mexicano de Max Aub, que le permitió la entrada en España en 1969. Foto: Fundación Max Aub

El primer bloque, Primeros años, primeros libros abarca desde el 1903 hasta el comienzo de la Guerra Civil en 1936 donde se puede ver cómo "tenía un oído en la actualidad más rabiosa y otro en la cultura de su nuevo país", señala Marqués. Libros y documentos analizan, además, ese carácter "nómada por el que no pudo hacerse firme en ningún epicentro cultural". El segundo bloque, Campo de sangre, rastrea los años de la contienda entre 1936 y 1942 cuando "escribe piezas de combate, literatura combativa", señala Marqués. En las vitrinas se muestra también el catálogo de la Exposición Internacional de París de 1937 en la que Aub participó "en las conversaciones con Picasso y tramitó el encargo del Guernica". Pero sufrió condenas en diferentes campos de concentración franceses y argelinos al ser denunciado por comunista, cuando Aub siempre fue socialista. En un pequeño papel manuscrito, a modo de lista de las cosas que hacer, aparecen los nombres de María Zambrano y Josep Renau para contactar en la hora de su exilio.



De Argelia emigró a México, país que le acogió y lugar en el que desarrolló gran parte de su obra, como muestra En el otro costado, que abarca de 1942 a 1968. Es la sección más amplia, en la que se suceden documentos, libros, fotografías, dibujos y pinturas de Jusep Torres Campalans, un pintor que él mismo se inventó y a quien llegó a dedicar una biografía a modo de novela. Pero era él mismo. "Es la etapa de su esplendor creativo", opina el comisario. Pero a pesar de que su obra Campo cerrado fue escrita antes del exilio, en 1939, hasta 1943 no fue publicada. "Hubiera sido la primera obra maestra sobre el duelo de la guerra", pero pasaron cuatro años y "eso apenó al escritor".



Hombre Azul, de Jusep Torres Campalans y, a la derecha, portada de la biografía Jusep Torres Campalans, escrita por Max Aub

En 1951 quiso volver a Francia para visitar a su familia, pero el gobierno francés le denegó la entrada. Enfadado, escribió una misiva al presidente francés expresando su descontento por estar en los archivos policiales bajo la acusación de comunista. En esa misiva, dura y directa pero al mismo tiempo emotiva, le recuerda lo que significa Francia y la identidad del país. Sus novelas Las buenas intenciones y La calle Valverde también son de esta época de esplendor, y en el centro de la muestra Retorno a Max Aub se observan ejemplares de la revista que ideó con carácter mensual, correspondencia compartida con Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego y Vicente Aleixandre y un divertido de juego de cartas. Las ilustraciones del reverso de las mismas estaban firmadas por su alter ego Jusep Torres Campalans, las misivas, en cambio, por Max Aub. Y como si de la Rayuela se tratara, el juego siempre tiene un sentido y significado completo por sí mismo.



Cuando llega el año 1968, Aub se prepara para volver a España en dos ocasiones. La primera para llevar a cabo el proyecto que Aguilar le había encargado: un libro sobre Luis Buñuel, con quien compartió también correspondencia y realizó entrevistas para el encargo. La segunda vez fue en 1972, poco antes de que "el corazón apátrida" de Aub constatara que "España no era su hogar y regresara a México con la sensación de que lo más cercano a un hogar que tuvo fue México".



No obstante tuvo tiempo de hacer una última broma en forma de epitafio: "Hice lo que pude".



@scamarzana