Especial: Lo mejor del año

Lo más sorprendente de la cosecha poética de 2015 es que entre los siete poetas seleccionados no figura ninguno menor de 50 años y sólo una mujer. En cuanto a temas, conviven la exaltación del goce de existir de Sánchez Rosillo, González Iglesias y Gallego con la rebeldía de Caballero Bonald, Fombellida, Luque y Doncel.

1. Quién lo diría

Eloy Sánchez Rosillo. Tusquets.



Poeta del goce de existir, Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) canta, Quién lo diría, a la luz, el agua, la vida. Y lo hace, como explicaba Túa Blesa en su crítica, "con un lenguaje sencillo, próximo, y una versificación musical, armoniosa, contrapartida necesaria de la armonía de lo existente, de la existencia: ‘Canción, ayúdame. Di con tu música/ la luz del alba', dice un poema y la lectura hace verdad, es forma de la verdad a la que se denomina poética, que la luz, y con ella el mundo, se hace palabra". A fin de cuentas, el poeta se ha reconciliado con el tiempo, y descubre cómo todos los días son un milagro, especialmente aquellos en los que parece no ocurrir nada, pues son los que mejor nos permiten mirar el mundo y a la vez comprendernos a nosotros mismos.



2. Di, realidad

Rafael Fombellida. Renacimiento.



Rafael Fombellida (Torrolavega, Cantabria, 1959), autor de poemarios como Canción oscura (2007), rompe un silencio poético de tres años con Di, realidad, un libro que se caracteriza por su dicción elegante, majestuosa incluso, que avanza a través de poemas extensos, discursivos, bien compuestos, donde la meditación no se pierde en metafísicas. Un tono sobrio y apasionado nos arrastra y conmueve sin remedio. Lejos de la frivolidad, del mero juego de hacer versos. La hondura asusta, en el mejor sentido. Fombellida nos deja perplejos, sin comprender acaso del todo, pero entendiendo. Este es un libro donde enfermedad y barbarie son algo más que metáforas.



3. Desaprendizajes

José Manuel Caballero Bonald. Seix Barral.



Aunque cuando publicó Entreguerras, Caballero Bonald anunció que no publicaría más, Desaprendizajes ha resultado un verdadero regalo para el lector por su hondura y compromiso, por su originalidad, su sentido del humor, su profundidad y valentía. "Su poesía de senectud -explicó Juan Bonilla- es también una poesía de exaltación: no de la realidad, sino de la posibilidad de interpretar la realidad de manera poética para así conquistar una realidad distinta, más honda, ajena a dogmas y verdades aprendidas que haríamos bien en empezar a desaprender".



4. Confiado

Juan Antonio González Iglesias. Visor.



Confiado es la continuación de la poética clásica, que no clasicista, de González Iglesias (Salamanca, 1964). Una poética serena en la que "a la idea de armonía con el mundo se unen la exaltación de la belleza, el magnífico sentido del ritmo, el culto al cuerpo, al goce, con notas de un culturalismo nunca impostado y todo ello con una sensibilidad en el decir como muy pocos", escribió Túa Blesa en estas páginas. También resaltó cómo, pese de las apariencias, no hay en este libro de amor "nada banal, nada que no merezca la pena".



5. Personal & político

Aurora Luque. Fundación José Manuel Lara.



A vueltas con el tiempo y la memoria, Aurora Luque da un nuevo giro a su obra sin abandonar los ecos del mundo clásico griego, para denunciar a través de casi medio centenar de poemas una realidad hostil, rendida a la tecnología por la tecnología, en la que la muerte de Steve Jobs es llorada como la de Leonardo de Vinci y en la que las redes y la televisión están domesticando al hombre. Libro tan combativo como rebosante de humor, incluye incluso poemas sobre Donald Draper (Mad men), y Heisenberg (Breaking Bad).



6. El fin del mundo en las televisiones

Diego Doncel. Visor.



Los veintidós poemas de El fin del mundo en las televisiones, Diego Doncel (Malpartida de Cáceres, 1964) confirman, para Francisco Javier Irazoki, el valor de "una escritura radical, de admirable fuerza. De nuevo los perdedores de nuestro orden político deambulan entre la cacharrería moderna, el simulacro y la impiedad. Las imágenes golpean un muro de angustia". El poeta, desencantado de un mundo en el que mercado y el espectáculo han sustituido a los viejos valores, alza la voz y sus versos contra tanta impostura.



7. Saber de grillos

Vicente Gallego. Visor.



Poeta depurado y hondo, Vicente Gallego (Valencia, 1963), alejado de las prisas y ambiciones urbanas, ofrece en este poemario gran destreza técnica y una sintonía gozosa con la Naturaleza. Como explicó Irazoki, "los fulgores que el escritor aprecia destacan en los actos y objetos de la vida diaria. Pueden presentar la forma de una llamarada, pero también la de una mujer vieja y ebria de sol o la de unos niños que juegan en el parque. Todo fluye con tanto refinamiento y claridad en estos poemas que podría pasar inadvertida su destreza técnica".