Ilustración de Ajubel
Gato blanco, gato negro... ¿lo importante es que cace ratones? Un azar en los primeros días de la Revolución Francesa, cuando los delegados partidarios de acatar el veto real se sentaron a la derecha y los contrarios a la izquierda, dio nombre a la división ideológica crucial que ha dotado de sentido a la política de los últimos dos siglos. ¿Y la cultura? Ignacio Echevarría se preguntaba hace dos semanas en estas páginas "si la polaridad derecha/izquierda tiene validez en el ámbito de la cultura". La respuesta del crítico, lejos de cerrar la cuestión, nos daba pie para abrir un debate que, aunque viejo, sigue siendo apasionante y complejo. El Cultural ha invitado a entrar al terreno de juego a creadores y pensadores diversos, algunos de los cuales han preferido no participar, pese a conocer las reglas: libertad absoluta. Otros sí, como Javier Gomá, Guillermo Solana, Eduardo Gil Bera, Miguel del Arco, César Antonio Molina, Eloy Fernández Porta, Javier Duero, Dora García, Germán Cano, Ignacio García-May, Isabel Coixet, Paloma Pedrero y Enrique Salaberría.Ser-libres-juntos
Javier Gomá | FilósofoPara la cosmovisión antigua, el hombre puede llegar a ser el centro del mundo, pero, en último término, es sólo una parte dentro de un todo mayor (el cosmos) que lo trasciende. Durante milenios, la cultura premoderna, alzándose por encima de lo humano, celebró la majestuosidad trascendente del cosmos. Esta cosmovisión milenaria perdió vigencia a consecuencia del advenimiento de la modernidad, proceso que empezó a gestarse lentamente durante el Renacimiento y que culminó con la Ilustración y el Romanticismo. El yo ilustrado-romántico, consciente de su dignidad incondicional, ya no se comprende a sí mismo como parte de un todo superior, sino que, emancipado de éste, se constituye en una nueva totalidad autónoma: nace el sujeto moderno. El estatus de derechos y deberes inherentes a su antigua posición en el cosmos, asumidos durante tanto tiempo de forma natural y positiva, son ahora sentidos como opresiones intolerables a la dignidad de ese yo independiente, que, enamorado de su libertad, repudia las viejas servidumbres.
En su pugna contra las opresiones tradicionales, el yo moderno encuentra un aliado eficacísimo en la cultura. Se vale principalmente de tres de sus resortes: la filosofía crítica (desde el siglo XVIII la filosofía sospecha de los relatos míticos-religiosos que legitimaban la obediencia en el régimen anterior), la transgresión moral (que nos recuerda que cualquier ley jurídica o costumbre es convención humana y, en consecuencia, relativa, revisable y mudable) y la experimentación incesante y radical de las vanguardias (donde la libertad del artista se lleva hasta el colmo). Frente a una derecha que porfía por mantener el orden establecido, resistente al progreso moral, la cultura en este tiempo colabora con el yo moderno para ampliar la esfera de la libertad individual. Por eso la cultura de liberación subjetiva, en su corriente mayoritaria, fue de izquierdas en estos dos siglos.
La segunda parte de la tesis dice: pero la cultura dejó de ser de izquierdas hace casi medio siglo. Como argumento más extensamente en mi Ejemplaridad pública, la esfera de la libertad individual alcanzó su máxima expansión posible en los años sesenta y setenta del siglo XX y, en consecuencia, la cultura de izquierdas -liberatoria, crítica y transgresora- ha rendido ya la totalidad de los frutos esperables. La cuestión palpitante, la tarea moral pendiente hoy, no es ser libres sino ser-libres-juntos, no tanto la atención a la vivencia subjetiva como el establecimiento de las bases que hagan posible la armoniosa convivencia intersubjetiva. No ampliar aún más la esfera de la libertad contra la tradición sino arbitrar nuevas reglas filosóficas, morales y estéticas que nos ayuden a disciplinar esa esfera ya ampliada y fundar una tradición propia a la altura de nuestro tiempo.
Siempre la cultura ha sido compañera de la civilización. Primero celebró el mundo, luego ayudó a la liberación subjetiva y ahora debe poner todos sus poderosos recursos a contribución para presentar bajo una luz atractiva los gravámenes que son inherentes a una civilizada vida en común. Ya no será cultura de izquierdas, porque la tarea consiste en instituir reglas que limiten la libertad conquistada. Pero tampoco de derechas, porque no recuperará las antiguas reglas presubjetivas sino que inventará otras de naturaleza intersubjetiva. La mayoría de filósofos, poetas, artistas y creadores actuales no parecen haberse hecho cargo de este nuevo estadio de la cultura que se inicia, y repiten, con sobrada monotonía, los lugares comunes del paradigma de la liberación. Pero el proceso ya está en marcha y es imparable.
Arte e ideología: una relación equívoca
Eloy Fernández Porta | EscritorSi en la construcción del personaje el estatus, las situaciones de subalternidad y la presiones sociales aparecen como los elementos de caracterización más distintivos, se dice que el artista es "de izquierdas". Quien lo dice supone que la capacidad cognitiva del artista (lo que es capaz de ver) y su habilidad técnica (lo que sabe describir) están necesariamente relacionadas con una adscripción ideológica -y que "desde el lado derecho" las jerarquías son invisibles y, las fuerzas sociales, indescriptibles. Y se equivoca, como quien cree que sus artistas norteamericanos favoritos deben votar demócrata. Los talentos se construyen de maneras muy diversas, y no hay razón para suponer que las lecturas de teoría política sean su fuente primordial, ni las preferencias electorales un indicador fiable de sus resultados.
Valor simbólico, educativo y social
Javier Duero | Comisario y gestor culturalLa producción artística desde la derecha se asume que debe ser mayoritariamente financiada desde lo privado y desde la izquierda se considera que debe hacerse desde las administraciones públicas. Ahora nos encontramos en un momento interesante en el que se han abierto en canal temas como la propiedad intelectual, la autoría artística, la hegemonía de lo comercial y en el que el espectro de lo considerado como "cultural" se va abrir, transformando un sector que algunos denominan "industrias", en una suerte de comunidad muy orgánica, de desarrollo rizomático y muy participada por la entrada en aluvión de nuevas figuras de mediación tanto colectivas como individuales.
La cultura como conciencia crítica
Guillermo Solana | Director artístico del Museo Thyssen-BornemiszaPara mí, uno de los grandes valores propios de la Izquierda europea desde la Ilustración consiste en la concepción del acceso a la Cultura como un derecho universal y no como un privilegio reservado a unos pocos por su nacimiento, formación o clase social. Fue una conquista histórica de la Izquierda el que ese derecho se incorporase a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 27: "Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes…"). Nuestra Constitución avanzó un paso más allá al establecer: "Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho". (art. 44.1). Hoy día la Izquierda debe centrarse en exigir el cumplimiento efectivo de ese derecho con los medios materiales necesarios: desde los presupuestos de las administraciones públicas hasta las medidas fiscales adecuadas.
Pero debemos a la Izquierda democrática (a la izquierda NO TOTALITARIA) otra aportación característica en relación con la Cultura. Junto al concepto de la Cultura como patrimonio universal, la Izquierda democrática ha defendido desde la Ilustración el valor de la Cultura como conciencia crítica. Para mí, una genuina posición de Izquierda democrática no se limita a exigir el acceso universal a la Cultura como patrimonio, sino que promueve la Cultura como conciencia crítica que permite a los ciudadanos cuestionar todas las instituciones existentes.
Servir a todos los ciudadanos y favorecer el debate
Dora García | ArtistaAdemás, en España lo que se llama derecha es una casposísima combinación de nacional catolicismo, caciquismo, carlismo, franquismo, fascismo… vamos, que hay derechas y derechonas. Es difícil ser inteligente (es decir, comprender estructuras complejas) e identificarse con eso. Creo que el papel de las instituciones públicas es servir a todos los ciudadanos, favorecer el debate, la crítica, el pensamiento y alejarse de toda sombra de autoritarismo.
Una inédita orografía cultural
Germán Cano | FilósofoEsa polaridad no tiene ya validez
Eduardo Gil Bera | EscritorEn el ámbito cultural, la polaridad izquierda-derecha no tiene ninguna validez para juzgar una obra. En realidad, la pretendida polaridad se refiere a la opinión de un artista o intelectual, tanto da, sobre la conducta gubernamental y la mejora de la moral pública. Esa perorata, pataleo, columna o manifiesto en función del gobierno entrante o saliente, del que hubo o del que habría, y sus expectativas clientelares, es una muestra sin valor desde el punto de vista cultural. No es más que la vena predicadora y mejoradora del mundo que se supone y, en efecto, no tarda en aflorar en el personaje de cultura al que se supone emisor profesional de deseos piadosos como sustituto del viejo clero.
No existen valores universales de la cultura, en realidad son los mismos que los de las viejas religiones. Tampoco existe una malvada indiferencia institucionalizada ante la cultura, la pretensión de institucionalizar su adoración es justamente por donde más asoma la patita de la religiosidad vergonzante. Quizá sea razonable que cultura y deporte vayan juntas y se rijan por parecidos criterios, como en las concejalías pueblerinas.
Un escaparate, una piedra en el zapato
Miguel del Arco | Director de escenaParece que tras las últimas elecciones municipales/autonómicas, los políticos han descubierto, a modo casi de revelación, la obligación de dialogar; otra prueba inequívoca de lo pobre de nuestra cultura: nuestros representantes políticos han fundamentado siempre la perspectiva del buen gobierno en obtener de las urnas una "amplia mayoría" que les permitiera hacer de su capa un sayo sin la obligación de hablar y escuchar a aquellos que piensan de otra manera.Y desde ese pedestal han forjado, a su imagen y semejanza, la mayoría de los espacios culturales de este país. En el caso del teatro, enormes y millonarias moles unidas por la característica común del sobrecoste y la ausencia de contenido o instituciones públicas como el CDN que, en palabras de su actual director, "destina solo el 30% de su presupuesto a la creación y el resto al mantenimiento de la estructura".
La polémica de si la cultura es patrimonio de la izquierda o de la derecha es una perversión más de las campañas electorales, pues es un patrimonio que por definición nos pertenece a todos. Más perversa aún si valoramos el tiempo que, unos y otros, han dedicado a explicar sus programas de cultura en las últimas elecciones. Aún están por aparecer políticos interesados en potenciar los espacios de libertad creativa y que no contemplen como un problema que los ciudadanos desarrollemos nuestro juicio crítico y podamos expresarlo en libertad. Dicho lo cual, debo añadir que el gobierno del señor Rajoy ha mostrado a lo largo de esta legislatura un desprecio hacia la cultura sin precedentes que nos ha hecho retroceder dramáticamente en lo poco que habíamos conseguido adelantar.
Tótem, propaganda, truco, magia escénica
Ignacio García May | DramaturgoAlgo que se ama, se disfruta, se adora, se goza y se sufre
Isabel Coixet | Directora de cineParadójicamente, en España sobran los centros culturales (le das una patada a una piedra y te salen casas de cultura a puñados) y falta cultura de la fundamental: la que te convierte en un ser humano con ciertas claves para entender lo que pasa, la que te hace mejor persona,mas magnánimo, mas vivo, menos gritón y menos cafre.
Causa común y contrapoder
César Antonio Molina | Escritor y director de la Casa del LectorClemenceau en 1898 defendió lo que denominó "esta pacífica revuelta del espíritu" mientras que Barrès desde la derecha le respondió acusando a este grupo como "aristócratas del pensamiento". A partir de ese instante el término se extenderá universalmente, pero sobrellevará consigo el estigma de elitismo y contrario a lo popular. A la división de poderes de Montesquieu añadiríamos el cuarto que sería la prensa, es decir, la libertad de expresión, según se refirió a ella Edmund Burke. Después de este podría estar el contrapoder de los intelectuales. Aquellas personas que desde su libertad, la experiencia y el prestigio establecen un discurso libre e independiente del poder. El lenguaje de la Cultura expresa a los propios creadores, que son quienes interpretan su entorno y el mundo que les ha tocado vivir. La mayor parte de las veces lo hacen al margen de una ideología concreta.
La Cultura siempre ha defendido el libre pensamiento y la libertad de expresión. Hay países que tomaron como esencia de sí mismos estos principios y hay otros que fueron más renuentes a este derecho ciudadano, caso de nuestro país. Pensemos quiénes defendían el inmovilismo y quiénes el avance democrático y nos daremos cuenta de por qué en este país la Cultura siempre ha estado más de un lado que de otro. El ejemplo lo podemos resumir en la Constitución de Cádiz. Un texto legal moderado que apenas duró unos meses. En él se defendía la libertad de expresión, que en su totalidad no se llegó a reconocer hasta la llegada de nuestra actual democracia. En Inglaterra existe desde el siglo XVII, en EEUU fue base de su tratado de independencia y en Francia desde la Revolución Francesa. En lugares normales la Cultura ha podido desarrollar su lenguaje de manera independiente y, más o menos, en libertad según los periodos de la historia. Pero en nuestro país no ha sido así. ¿Qué le pasó a Jovellanos, a los ilustrados, a los afrancesados, Larra, Blanco White y tantos y tantos otros durante el siglo XX?
Lejos de la riqueza y el poder
Paloma Pedrero | DramaturgaEl clientelismo o la destrucción creativa
Enrique Salaberría | Empresario teatralEscudándose en la constitución de 1978 y el derecho de los españoles al acceso a la cultura, ahora, son gestores culturales. Instituciones y Espacios de Titularidad Pública, que llegada la crisis y los recortes de presupuesto, utilizan los espacios de exhibición como un sistema de captura de recursos, arruinando y destruyendo la industria cultural y, en consecuencia, dado su empobrecimiento, sus audiencias; consolidando un sistema institucional no inclusivo, es decir, un sistema que no distribuye el poder económico ni la cultura de manera amplia, que respete las reglas del mercado libre. Nuestros partidos políticos comparten un gran desprecio por la cultura, la educación, la ciencia y la investigación, de la que somos parte, como lo demuestra el desinterés de un pacto por la educación, la investigación, la aplicación del 21% de IVA cultural… A sabiendas de los estragos que viene realizando en nuestras generaciones e industria. No les servimos para el adoctrinamiento.
